La guerra más rápida de la historia , 45 minutos

La guerra más rápida de la historia … 45 minutos
El palacio del Sultán destruido después del ataque
45 minutos, solo tres cuartos de hora y se vio resuelta la batalla más efímera de la historia, el enfrentamiento bélico más fugaz entre una gran potencia y el pequeño reino de Zanzíbar, que aunque discreto, fue lo suficientemente orgulloso como para atreverse a retar nada más y nada menos que al Imperio de su graciosa Majestad allá por el siglo XIX.

No es habitual encontrar la referencia a este acontecimiento en los manuales históricos o en las enciclopedias, de ahí que deseemos explicarte qué origino este curioso y desigual enfrentamiento donde llegaron a movilizarse varias flotas navales y donde, aunque no lo creas, hubo más de 500 bajas…

Las islas de Zanzíbar y Pemba, en la costa este africana, pertenecen hoy en día a Tanzania, pero a lo largo de la historia su posesión ha pasado por diversos gobiernos.

Habitadas desde el Paleolítico, se convirtieron a comienzos de la era cristiana en un enclave comercial estratégico entre la costa oriental africana, la península Arábiga y la India.

Posteriormente, fueron ocupadas por los árabes y a principios del siglo XVI por los portugueses, quienes las mantuvieron bajo su control hasta 1698, en que fueron conquistadas por el sultanato de Omán. 

La Guerra Anglo-Zanzibariana fue una batalla protagonizada entre el Reino Unido y Zanzíbar el 27 de agosto de 1896.

Con una duración de 45 minutos, posee la marca de la guerra más corta registrada en la historia.

Año 1896. La mecha se prendió con la muerte de un Sultán, un hombre poderoso llamado Hamad Bin Thuwaini que tuvo hasta su final muy buena relación con el Imperio Británico, los lazos entre Zanzíbar e Inglaterra eran tan cordiales que incluso se proyectaba una estrecha colaboración con la administración colonial.

Pero el primo del Sultán que lo sustituyó en el cargo no pensaba de igual modo… tanto es así que propició un golpe de estado viendo que los británicos intentaban por su parte situar en el poder a otro nativo afín al Imperio.

Debido a que los británicos favorecían a otro candidato, Hamud bin Muhammed, con quien creían que era más fácil colaborar, ordenaron a Bargash abdicar. Bargash rehusó y en cambio formó un ejército consistente en 2.800 hombres y el yate armado del anterior sultán, el H.H.S.

Glasgow, que estaba en el puerto. Mientras las tropas de Bargash estaban fortificando el palacio, la Marina Real reunió cinco naves de guerra en el puerto frente del palacio (tres cruceros modernos: un crucero acorazado de clase Edgar HMS St George, un crucero protegido de clase pearl HMS Philomel, un Crucero de clase Archer HMS Racoon; y dos Cargueros de armas el HMS Thrush y el HMS Sparrow).

Sir Basil Shillito Cave, el cónsul británico en Zanzíbar
Sir Basil Shillito Cave, el cónsul británico en Zanzíbar
Los británicos también desembarcaron algunas compañías de Marines Reales para asistir a los “leales” un ejército de Zanzibar, en total juntaron 900 hombres en 2 batallones comandados por el General Lloyd Mathews, un antiguo teniente de la Marina Real.

A pesar de los esfuerzos de último minuto del sultán por negociar la paz a través del representante estadounidense en la isla, las naves de la Marina Real abrieron fuego contra el palacio en la mañana del 27 de agosto, después de que expirara el ultimátum británico a las 9 a.m..

Hamad ibn Thuwaini, el muerto
Hamad ibn Thuwaini
Con el palacio derrumbándose sobre él y con numerosas bajas, el sultán tuvo que hacer una retirada precipitada al consulado alemán, donde le fue otorgado asilo.

El bombardeo se detuvo a los 45 minutos, cuando el Glasgow se hundió.

Al día siguiente, a las nueve en punto, con exquisita puntualidad británica, el almirante Harry Rawson dió orden de comenzar el ataque, mientras Khalid, que había perdido su fanfarronería, trataba desesperadamente de llegar a un acuerdo con el cónsul británico sir Basil Cave, con la intermediación del cónsul norteamericano.

Los navíos ingleses abrieron fuego contra el palacio del sultán a las nueve y dos minutos. Unos 45 minutos después, los mandos ingleses ordenaron detener el ataque y dieron la fugaz guerra por concluída.

El palacio estaba en ruinas; el Glasgow, hundido; de los soldados de Khalid, 500 habían muerto y el resto habían huído; y el propio Khalid había buscado refugio en el consulado alemán, donde le otorgaron asilo.

Posteriormente, huyó al África Oriental alemana, donde fué capturado por los ingleses en la ciudad de Dar-es-Salaam en 1916.

Tras varios años de exilio, moriría en la ciudad keniata de Mombasa en 1927. ¿Y las bajas británicas? Un marinero herido.

Los británicos exigieron a los alemanes que entregaran al sultán, pero éste escapó al mar el 2 de octubre.

Vivió en el exilio en Dar es Salaam hasta que fue capturado por los británicos en 1916 y exiliado a Mombasa, donde murió en 1925.

Esta es la historia de la que es considerada la guerra más corta de la historia

La mas larga.

Si anteriormente os he hablado de la guerra anglozanzibariana, considerada la más corta de la historia, no está de más que ahora mencione a la que es considerada la más larga, la llamada Guerra de los Trescientos Treinta y Cinco Años. Una guerra totalmente atípica: se prolongó efectivamente a lo largo de 335 años pero no hubo ninguna víctima y, de hecho, no llegó a dispararse un sólo tiro.

Ni siquiera enfrentó a dos países como tales, sino que enfrentó a los Países Bajos contra el archipiélago británico de las islas Sorlingas.

Todo comenzó con la Guerra civil inglesa, que desde 1642 hasta 1652 enfrentó a los realistas, partidarios del rey Carlos I, y a los parlamentarios, defensores del Parlamento y favorables, por lo tanto, a establecer límites al poder real.

Tras varios enfrentamientos y treguas, Carlos I se rindió y fué decapitado el 30 de enero de 1649. Pero los combates continuaron, especialmente en Escocia e Irlanda. La flota realista, al mando de sir John Grenville, se vió obligada a trasladar su base de operaciones al pequeño archipiélago de las Sorlingas (en inglés, Scilly), al oeste de Cornualles.

Desde allí continuó hostigando a las tropas comandadas por Oliver Cromwell, Capitán General del ejército parlamentario y lord Protector.

Mientras el resto de Europa se mantenía al margen de los problemas internos ingleses, los Países Bajos habían decidido apoyar al bando parlamentario.

Interesados en mantener su estratégica alianza con los ingleses, habían empezado a enviar suministros a los hombres de Cromwell, a los que consideraban los más probables vencedores.

Cuando los realistas se enteraron, consideraron que el hecho era una declaración de guerra, y su flota comenzó a atacar a los barcos holandeses.

A su vez, los holandeses, argumentando la inexistencia de una declaración oficial de guerra, exigieron la devolución de los barcos capturados y de sus cargamentos.

El 30 de marzo de 1651, el almirante jefe de la flota holandesa, Maarten Harpertszoon Tromp, desembarcaba en las Sorlingas para negociar, sin éxito.

Por lo tanto, los neerlandeses pasaron a declarar la guerra. El problema era que, tratándose de un país envuelto en una guerra civil, resultaba difícil hallar una fórmula para declarar una guerra a un bando sólo, y más cuando se apoyaba a uno de los contendientes, así que optaron, muy prudentemente, por declarársela, no a Inglaterra, sino específicamente al archipiélago de las Sorlingas.

Pero en junio de ese año la flota realista se rindió a las tropas parlamentarias y los holandeses se retiraron sin disparar ni un sólo tiro... pero olvidando el "detalle" de declarar el final de la guerra.

La historia de la supuesta guerra declarada por los holandeses quedó como una leyenda local hasta que en 1985, Roy Duncan, historiador y presidente del Consejo de las Islas Sorlingas decidió escribir al embajador holandés en el Reino Unido para averiguar de una vez por todas la veracidad de la historia.

Las investigaciones llevadas a cabo en Holanda demostraron que la historia era cierta: había existido la declaración oficial de guerra pero no había rastro de que se hubiera dado oficialmente por concluída, con lo que, al menos formalmente, la guerra continuaba.

El 17 de abril de 1985, justo cuando se cumplían 335 años de la declaración de la guerra, Rein Huydecoper, embajador de los Países Bajos en el Reino Unido, invitado por las autoridades locales, firmaba en Hughtown, capital del archipiélago, el tratado de paz que restablecía definitivamente la concordia entre ambas partes, añadiendo humorísticamente que "para los habitantes de las Sorlingas debía de haber sido terrible vivir tantos años sabiendo que podíamos haberles atacado en cualquier momento".