La felicidad depende de pequeñas cosas

La felicidad depende de pequeñas cosas
Aunque suene a sátira, las probabilidades de que te caiga un rayo por la calle son de 1 entre 3.000.000, una cantidad "irrisoria" frente a ganar la lotería con un 1 entre 14.000.000.

Como buen consuelo nos queda saber que según un estudio , la felicidad depende de pequeñas cosas como el altruismo, la familia, ir a la iglesia, mantener un peso adecuado y tener una pareja alegre ,mas allá del dinero por si solo.

Clifford Stern, el personaje interpretado por Woody Allen en “Delitos y Faltas” realiza un documental sobre el profesor Levy, un supuesto sabio desconocido que parece tener respuesta a los grandes interrogantes de la vida, mientras que Clifford tiene que hacer trabajos que no le gustan para poder sobrevivir.



Según este profesor ficticio todos nosotros tenemos que enfrentarnos en nuestras vidas a decisiones agónicas, decisiones morales.
 “Pero nos definimos a nosotros mismos por las elecciones que hemos tomado. Somos, de hecho, la suma de todas nuestras decisiones.

Los eventos se desarrollan tan impredeciblemente, tan injustamente que la felicidad humana no parece estar incluida en el diseño de la creación.

Es solamente nosotros, con nuestra capacidad de amar, los que dotamos de sentido a un universo indiferente.

Y aún así, la mayoría de los seres humanos parece tener la habilidad de seguir intentando e incluso tratando de encontrar la felicidad en las pequeñas cosas, como su familia, su trabajo y en la esperanza de que futuras generaciones puedan entenderlo mejor.”

Obviamente el profesor Levy no tiene todas las respuestas que nos gustaría tener.

La ciencia tampoco.

Puede que incluso las novelas o películas sean mejores modelos de la realidad humana que la ciencia a la hora de explicar algo tan intangible como “la felicidad”.

Si queremos estudiar la felicidad desde el punto de vista científico puede que no nos quede más remedio que realizar encuestas a la gente y ver que decisiones o factores han sido decisivos en sus vidas a la hora de alcanzar cierta felicidad.

Bruce Headey, profesor en la Universidad de Melburne, y su equipo de colaboradores han realizado precisamente esto mismo.

Estos investigadores empezaron entrevistando a 3000 personas al año, pero han terminado entrevistando a 60.000 anualmente al final del periodo de 25 años que ha durado hasta ahora el estudio.

Llegan a la conclusión de que la elección de una pareja apropiada, ir o no a la iglesia y la estima que se tenga del propio cuerpo son determinantes a la hora de alcanzar la felicidad.

Este resultado desafía la teoría aceptada hasta ahora según la cual la felicidad estaría predeterminada por lo genes.

Según esta teoría la felicidad a largo plazo de los individuos tiende a estabilizarse porque depende principalmente de factores genéticos.

Esta idea se basa en parte en estudios sobre gemelos que muestran que si son genéticamente idénticos tienen niveles más similares de satisfacción respecto a la vida comparados con gemelos que no sean idénticos.

Estos estudios sugieren además que aunque el nivel de felicidad puede ocasionalmente cambiar bruscamente debido a eventos importantes que puedan aparecer en la vida, se retorna siempre a los niveles previos de felicidad al cabo de dos años o menos.

Sin embargo, según este nuevo estudio, ciertos cambios en el estilo de vida dan lugar a cambios significativos a largo plazo en la felicidad, en lugar de provocar solamente cambios temporales según la teoría antes explicada.

Una de las mayores influencias sobre la felicidad de las personas es el nivel de neuroticismo de la pareja sentimental.

El neuroticismo es un término psicológico correspondiente a un rasgo psicológico que define una parte de la personalidad.

Los que puntúan alto en los test sobre este rasgo tienen inestabilidad emocional, inseguridad, tasas altas de ansiedad, estado continuo de preocupación y tensión, con tendencia a la culpabilidad y generalmente poseen una sintomatología psicosomática.

Según este estudio, aquellas personas cuyas parejas puntúan alto en este rasgo son más propensas a ser infelices y permanecen infelices durante el tiempo que dure su relación.

Otros factores importantes respecto a la felicidad según este estudio son el altruismo y la familia.

Las personas que en las entrevistas tenían como prioridad en la vida mantener comportamientos altruistas eran recompensadas con un aumento de la satisfacción vital a largo plazo.

Lo mismo se podía decir de aquellos que mantenían metas familiares.

Por el contrario, aquellos que priorizaban la carrera profesional o el éxito material experimentaban el efecto contrario.

Mantener un compromiso religioso parece también aumentar la felicidad. Las personas que van a la iglesia regularmente parecen ser más felices que la gente no religiosa.

El peso de la persona es también un factor importante relacionado con la felicidad, especialmente en el caso de las mujeres.

Las mujeres con sobrepeso eran significativamente menos felices que las que tenían un peso adecuado.

Los hombres excesivamente delgados puntuaron ligeramente por debajo en términos de satisfacción vital que los hombres con un peso sano.

Sin embargo, el sobrepeso no parece afectar a la felicidad de los hombres.

Según este grupo de investigadores los hallazgos puede que también sean aplicables a otras poblaciones, pues en otro estudio aún sin publicar sobre Reino Unido y Australia dicen haber encontrado patrones similares.

Así que si quiere ser feliz ya sabe la receta: conviva con una persona alegre y positiva, manténgase en un peso ideal, vaya a la iglesia con regularidad, colabore con los demás altruistamente, ayude a la familia y no se centre demasiado en su carrera o en el dinero.

Si nos fijamos en lo anterior es poco más o menos lo que decía el profesor Levy, aunque a él no le ayudó mucho saber esta receta, pues hacia el final de la película ...muere.

El sabio dejó, eso sí, una nota no demasiado profunda como último pensamiento:
“He saltado por la ventana”.

Quizás el asunto de la felicidad sea más complicado que todo esto, o puede que no todo en la vida dependa de la felicidad.

Puede que si todos fuéramos completamente felices no habría ni siquiera novelas o películas. Nadie crea si es completamente feliz, pues está muy ocupado siendo feliz.

Alguien verdaderamente inteligente busca la felicidad, pero puede que deje de serlo en el mismo momento que la encuentre. Aunque lo más probable es que nunca la halle.

Entonces el dinero no da la felicidad ....o por lo menos es lo que nos han vendido desde siempre.

Según dicen algunos, en realidad es una falsa creencia difundida por los ricos para que los que menos tenemos no sintamos envidia y no nos rebelemos contra ellos. Bromas aparte, quizás sí se trate de una idea con cierto fundamento.

Carmelo Vázquez, catedrático de psicopatología de la Universidad Complutense de Madrid (España) y presidente de la Sociedad Española de Psicología Positiva, considera que poseer gran cantidad de bienes materiales no ayuda a mejorar nuestro bienestar, por lo menos no más que en un aproximado 10%.  

La mayor parte de la felicidad, cerca del 40%, depende más bien de uno mismo: actitud, esfuerzo, capacidades, optimismo… 

 El 50% restante dependería de una mezcla de genética, biología y educación recibida.

Es decir, que aunque la felicidad esté muy condicionada por factores que son difícilmente modificables, el margen que queda es amplio: aunque con limitaciones, la felicidad se puede trabajar, aprender y lograr con esfuerzo.

¿De qué depende?

Si hacemos caso de lo que Carmelo Vázquez ha concluido de sus investigaciones, la gente más feliz es aquella capaz de experimentar tanto sentimientos negativos como positivos: en situaciones de adversidad son tan capaces de sufrir como de resistir y aprender de lo malo, llegando a sentir también emociones positivas.

 Por su parte, los más infelices serían quienes tienen dificultades para vivir esas emociones positivas.

Para ello, es básico saber ser una persona activa, realista y conectada con la realidad que le rodea, pero a la vez capaz de superar las dificultades, ilusionarse e imaginar un futuro esperanzador.

También ayuda tener los ojos abiertos para no perderse las cosas buenas y saber ofrecerse a los demás, logrando contagiarlos de la felicidad.

Hay que tener en cuenta que las emociones, sean positivas o negativas, son como semillas que se propagan entre quienes nos rodean.

Los estudios demuestran que las personas más felices en gran parte del mundo son los niños, pero que según vamos creciendo nuestro nivel de felicidad decrece.

Según Vázquez, esto puede estar muy relacionado con la sensación de que estamos desprotegidos por la sociedad actual.

El problema no estaría en la familia o el entorno cercano de amistades, sino en quienes nos tienen que garantizar una calidad de vida, un bienestar y una seguridad en nuestro futuro (es decir, el gobierno, las autoridades, las empresas…).

Y es que no sólo la familia nos tiene que demostrar apoyo, estima y valoración.

También las instituciones de las que dependemos juegan un papel decisivo en respetar y reconocer nuestro esfuerzo, lo que sin duda incluye pagarlo bien, pero no es lo único.

Cuando se pregunta a la gente de qué depende su felicidad en el trabajo, lo más habitual es que contesten que con un buen salario.

Sin embargo, sabemos que la satisfacción que produce un aumento de sueldo no dura más de 2 o 3 meses. Y es que, en efecto, parece que el dinero no da la felicidad.

Aunque tampoco voy a negar que me encantaría que me tocase la lotería.

Decía Woody Allen (o quizás fue Oscar Wilde, no he conseguido verificar la autoría) que “el dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida que se necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia”. Gran verdad…



¿Las compras materiales SÍ aportan felicidad?

Nuestras generaciones han crecido con el famoso refrán “el dinero no da la felicidad” pero como hemos comentado anteriormente, gastar dinero en nuestros seres queridos (o incluso en extraños) sí lo hace. 

Sin embargo, a medio camino entre la navidad y el día de reyes, un estudio psicológico ha comparado las consecuencias de comprar bienes materiales o invertir en experiencias.

Tenemos una buena noticia para los amantes de las rebajas y caprichos varios: las compras materiales pueden aportar felicidad. 

Según Aaron Weidman y Elizabeth Dunn de la University of British Columbia, comprarse un jersey o un patinete produce más felicidad a lo largo del tiempo, mientras que una experiencia (como puede ser un viaje al zoo o ir a esquiar) aporta una felicidad más intensa en un momento determinado. 

Si quieres saber más sobre qué nos hace felices te recomiendo este breve e interesante artículo sobre las moléculas de la felicidad.

La felicidad depende de pequeñas cosas

La felicidad y los caprichos materiales  

La mayoría de los estudios que analizan la felicidad y la manera en la que gastamos el dinero se centran en las ideas anticipadas de las personas sobre las compras o sobre el recuerdo de lo que dichas personas compraron o hicieron con su dinero. 

En el presente estudio, los investigadores evaluaron en tiempo real los momentos de felicidad que los participantes obtuvieron de sus experiencias o bienes materiales preguntándoles hasta cinco veces al día durante un período de dos semanas. 

Además, los participantes tuvieron que llevar un registro de pensamientos durante un mes desde que se hizo la compra. 

Entre otras cosas, las personas habían comprado altavoces portátiles, cafeteras, incluso unos leggings.

Como ejemplo de experiencias podemos mencionar entradas para un partido de fútbol o un pase para un circuito de spa.

Los resultados mostraron que las compras materiales producen repetidas dosis de felicidad durante las semanas posteriores a su adquisición, mientras que la compra de experiencias ofrecen una sensación de felicidad más intensa pero momentánea. 

Es importante destacar que cuando los participantes recordaron las compras realizadas seis semanas después, sintieron mayor satisfacción por la compra de experiencias.

En palabras de Weidman, la decisión de invertir nuestro dinero en bienes materiales o experiencias se reduce a qué tipo de felicidad uno está buscando.

Si tenemos en cuenta el proceso de toma de decisiones entre un sofá nuevo o ir a un concierto, seguramente el concierto suponga una montaña rusa emocional durante una noche espectacular. 

Pero al día siguiente habrá terminado y no producirá más felicidad momentánea aparte de convertirse en un recuerdo feliz. 

Por contra, el sofá nunca será capaz de aportar una dosis de felicidad tan grande como un concierto (a no ser que nos gusten mucho mucho los sofás), pero su dueño estará cómodo y calentito durante todo el invierno.

Por lo tanto, antes de seguir con tus gastos navideños ten en cuenta qué tipo de felicidad quieres para ti y para los afortunados que recibirán un regalo de tu parte. 

Pero si quieres un consejo científico, invertir algo de dinero en los demás incrementará tu felicidad y la felicidad del que recibe el regalo. Si encima es una entrada al concierto de AC/DC ya ni te cuento!

7 series viejas de TV que marcaron nuestra niñez ( Quinta parte ...
felicidad depende de pequeñas cosas
... 127 - The Tour 5ª Temporada 128 - Lucy Visits Grauman's 129 - Lucy and John Wayne 130 - Lucy and the Dummy 131 - Ricky Sells the Car


Viaje a la estrellas | VCN
felicidad depende de pequeñas cosas
... La NASA propuso entonces varias misiones, denominadas genéricamente como Grand Tour. El plan consistía en lanzar cuatro sondas.


Algunas razones por las qué no vemos viajeros del tiempo | VCN
... como en Huída a través del tiempo (Grand Tour: Disaster in Time, 1992), algunos de los cuales nos visitan durante días, semanas o meses y ...