Los aparatos voladores de Hitler

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Trataremos un tema que ya se ha vuelto parte de la leyenda en torno al Tercer Reich, el llamado Hitlerismo Esotérico, la parte que habla sobre la construcción de Ovnis en la Alemania Nazi como armas estratégicas para ganar la guerra.

En sí, tocaremos lo que cuentan los rumores y las leyendas sobre todo esto, algo casi inadmisible e inverosímil.

¿Alguien ha pensado por qué los avistamientos OVNI empezaron a producirse a partir de 1947 y no antes?

Imaginen que los alemanes hubieran desarrollado una poderosa arma secreta a finales de la Segunda Guerra Mundial.

Otra más que sumar a una larga lista pero esta vez algo completamente diferente a lo convencional, conceptualmente hablando, un sistema que permitiera anular la gravedad en sus aeronaves e incluso, según alguna versión, viajar en el tiempo.

Ese invento se conoce con el nombre de Die Glocke (La Campana) y formaría parte de esa legión de wunderwaffen, es decir, armas milagrosas, que se supone desarrollaron los nazis en los últimos compases de la contienda para dar un giro al curso de ésta. Hablo en condicional porque no existe ninguna prueba, no ya de su existencia sino siquiera de un auténtico trabajo en ese sentido.

El concepto de wanderwaffen respondía más a la intensa actividad del Ministerio de Propaganda de Goebbels que a la realidad.

Evidentemente, sí que hubo proyectos; muchos, de hecho, y en todos los ámbitos: aviones a reacción como el Messerschmitt Me 262, el Heinkel He 280 o el Focke-Wulf Ta 183; carros de combate de tamaño colosal como el Landkreuzer P 1500 Monster o minúsculos como el Kugelpanzer; submarinos eléctricos, como los de la serie XXI, y con capacidad de lanzar misiles balísticos; helicópteros; cohetes y misiles teledirigidos; un cañón sónico; armas químicas como el gas sarín o bacteriológicas como la toxina botulínica; y por supuesto, el intento de conseguir una bomba atómica, entre otras cosas más.

Sin embargo, la mayoría de esos inventos no pasaron de la fase teórica y fueron pocos los prototipos que se llegaron a fabricar, aunque algunos de los proyectos, incluyendo a sus autores, se los llevaron los estadounidenses para continuar los trabajos en su país en la conocida como Operación Paperclip.

El resto sólo sirvió para mantener la moral entre la población con la promesa de un arma secreta de última hora que Hitler se guardaba en la manga y que permitiría alcanzar la victoria final. Como sabemos, las cosas fueron muy diferentes.

Ahora bien, la posibilidad de que existiera un artilugio oculto completamente revolucionario para su época y bien raro, a ser posible, es algo que ha excitado la imaginación de muchos escritores.

Algunos como Jan Van Helsing,​ Norbert-Jürgen Ratthofer y Vladimir Terziski no tuvieron complejos a la hora de mezclar realidad y ficción en un tótum revolútumque incluía el diseño armamentístico, la afición nazi por el esoterismo, sociedades secretas de historicidad segura como la Thule o más discutibles (caso de la Vril) y la moda de los OVNI que empezó a difundirse en los años cincuenta. Son incontables las publicaciones -y hasta películas- que hay en esa línea, unas en tono de broma pero otras en serio.

Así, por ejemplo, atribuyeron al Tercer Reich la invención de una especie de platillo volante, abriendo la puerta a una legión de imitadores que encontraron en los seguidores de esos mundillos (el nazi y el aficionado a los temas esotéricos).

En el año 2000 Igor Witkowski, un periodista polaco especializado en tecnología militar e historia de la Segunda Guerra Mundial, director de revistas sobre ambos temas, publicó un libro titulado Prawda o Wunderwaffe, que según sus propias palabras era el resultado de “quince años de trabajo en archivos, en varios países”.

La obra alcanzó cierto éxito porque otro periodista y escritor del mismo ramo, el británico Nick Cook, se hizo eco y lo popularizó al citarlo en su propio libro The Hunt for Zero Point (La caza del Punto Cero), publicado al año siguiente y en el que hablaba de los trabajos de los científicos nazis en el campo de la propulsión antigravitatoria.

Gracias a la reseña de Cook, Prawda o Wunderwaffe fue traducido al inglés en 2003 como The truth about the Wunderwaffe (La verdad sobre la Wunderwaffe; luego hubo una edición ampliada con el título New truth about the Wunderwaffe) y empezó a aparecer en las bibliografías ocultistas o relacionadas con el nazismo y su industria secreta de armamento.

Uno de los capítulos más sorprendentes del trabajo de Witkowski estaba dedicado a un proyecto bautizado con el nombre Die Glocke (La Campana), que habría descubierto en 1997 al tener acceso, a través de un contacto en el servicio de inteligencia polaco, a las transcripciones del interrogatorio de un oficial de las SS, Jakob Sporrenberg.

En ellas, el germano narraba los detalles de un experimento llevado a cabo en una base oculta llamada Der Riese, que se encontraba en las Montañas Búho, cerca de la mina Wenceslaus, en los Sudetes (próxima a la frontera checa).

Der Riese existió realmente y consistía en unas instalaciones subterráneas que se empezaron a construir a partir de 1943 desde del castillo de Książ, con túneles, ferrocarriles, líneas telefónicas, etc.

La mano de obra empleada fueron unos trece mil prisioneros, trasladados en su mayor parte desde Auschwitz, y según el testimonio de Albert Speer, el arquitecto del régimen, el presupuesto de las obras ascendió a ciento cincuenta millones de marcos; no en vano Der Riese significa El Gigante y sus enormes dimensiones impidieron que se pudiera finalizar, al echarse encima 1945 y acercarse cada vez más los Aliados.

El caso es que Witkowski sitúa allí una extraña estructura campaniforme de cuatro metros y medio de altura por dos y medio de ancho aproximadamente, hecha de “un metal duro y pesado” recubierto de cerámica, que contenía dos cilindros giratorios llenos de un fluido de color violeta y consistencia similar a la del mercurio al que se identificaba como Xerum 525 y cuyas reservas se conservaban en una cápsula de plomo de un metro de longitud.

Sporrenberg añadió que había otros líquidos complementarios como leichtmetall (que en alemán significa metal ligero) y peróxidos de torio y berilio, elementos usados como combustibles en los reactores nucleares.

El periodista polaco explicaba que el objetivo de Die Glocke era generar propulsión antigravitatoria -por eso estaba sujeta al suelo mediante gruesas cadenas- y que al ponerlo en marcha podía provocar efectos mortíferos sobre los seres vivos que estuvieran en un radio de ciento cincuenta a doscientos metros: congelación de la sangre en el sistema circulatorio, descomposición de los tejidos orgánicos…

Más aún, cinco de los siete miembros del equipo de investigación -que dirigía el físico Walther Gerlach- perecieron durante las pruebas, aunque no se aclaró cómo. Witkowski cuenta en su libro que un científico francés llamado Elie Cartan ya había dado pasos importantes en ese campo tras la Primera Guerra Mundial, aunque la antigravedad que generó resultaba demasiado débil para tener una aplicación práctica.

Los cilindros de La Campana girarían en respectivos sentidos contrarios generando un vórtice que originaría una separación de los campos magnéticos de los superconductores utilizados.

Los aparatos voladores de Hitler

El proyecto, impulsado por las SS-Führungshauptamt, se desarrolló entre noviembre de 1941 y abril de 1945, y dado que la descripción procede de un militar en vez de un científico, la cosa resulta bastante confusa.

Porque, además de que ante la inminente llegada del enemigo Sporrenberg habría recibido la orden de ejecutar a todos los relacionados con el proyecto, resulta que el agente secreto polaco que facilitó los documentos al periodista le prohibió realizar copias, debiendo limitarse a tomar notas.

Es decir, no hay pruebas ni materiales ni documentales. El propio Witkowski dice que La Campana fue sacada de Alemania y enviada a un país sudamericano de aquellos que acogieron a criminales de guerra nazis fugados. Nick Cook añade que no fue a América del Sur sino del Norte, a EEUU para ser exactos, tras un acuerdo pactado entre los Aliados y el general de las SS que estaba al mando, Hans Kammler. Este también fue un personaje auténtico; era ingeniero y dirigió la construcción de algunas de las armas especiales citadas antes, como las V-2 o los aviones a reacción Messerschmitt Me 262, dándose la circunstancia de que al acabar el conflicto desapareció sin dejar rastro.

Tal cúmulo de imprecisiones no hace sino poner en tela de juicio todo el asunto. Los más escépticos, generalmente vinculados al mundo académico de la tecnología, la física y la ingeniería, lo despachan como ficción, mero pastiche de historias sobre el siempre fascinante entorno del nazismo que ya circulaban desde la publicación en 1960 de El retorno de los brujos, de Louis Pauwels y Jacques Bergier, el libro que abrió la Caja de Pandora del esoterismo, la parapsicología, las civilizaciones prehumanas y el ocultismo nazi. Otros, con cierto voluntarismo, creen que quizá Die Glocke pudo existir pero que por su forma no sería más que una torre de refrigeración.

Dio igual. Allí había un filón al que una legión de autores no estaban dispuestos a renunciar y algunos le dieron una vuelta de tuerca al planteamiento “científico” de Witkowski para entrar de lleno en el delirio. En eso se llevaría la palma Henry Stevens, un tipo en cuya bibliografía figuran títulos como Hitler’s flying saucers. A guide to german flying discs of the Second World War y que en otro de sus libros, Hitler’s suppressed and still-secret weapons, science and technology, publicado en 2007, no tiene empacho en decir que el físico alemán Otto Cerny había desvelado en 1961 un artilugio muy parecido a Die Glocke con el que se podía viajar en el tiempo.

El 24 de Junio de 1947 a las 2 de la tarde cuando el experimentado piloto norteamericano Kenneth Arnold, miembro de la organización de seguimiento y rescate "Airfox", mientras volaba con su avioneta desde Chelalis a Yakima, en el estado de Washington, con la intención de encontrar un avión militar accidentado, avistó cerca del Monte Rainer una formación de extrañas aeronaves circulares que le parecieron "como platos deslizándose sobre el agua".

Fue así como se acuñó el término "platillo volante". Kenneth calculó su velocidad en 2.400 km/h, una velocidad desconocida en 1947. Y precisamente fue en 1947 cuando los aliados lanzaron la supuesta y fallida Operación Highjump contra las bases del Tercer Reich en la Antártida.

También es en 1947 cuando se funda la CIA.

La Segunda Guerra Mundial terminó en 1945, y dos años después empezaron a sucederse sin interrupción hasta la actualidad avistamientos de Objetos Voladores No Identificados, llamados UFOs en inglés y alemán (Unknown Flight Object y Unbekanntes Flugobjekt, respectivamente), que hacen maniobras imposibles para los aviones convencionales, como cambiar su dirección de vuelo en ángulo recto o pasar del reposo a una velocidad exorbitada en un instante.


Ultra tecnología

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El Tercer Reich fue para Alemania una época de progreso en todos los campos: Alemania poseía los autos más rápidos, los aviones más veloces y de mayor autonomía de vuelo, la primera televisión (durante los Juegos Olímpicos de 1936), las mejores películas de entretenimiento, la industria farmacéutica más pionera, etc. Pronto volaron los primeros aviones a reacción (Me-262) y los primeros misiles de largo alcance (V2). Todo esto es conocido.

Pero para muchos seguidores del Hitlerismo esotérico, mucho menos conocida es otra tecnología que, por razones obvias segùn dicen, los alemanes del Reich mantuvieron en secreto y sobre la que los aliados, una vez tuvieron noticia de ella, mantuvieron el más absoluto silencio.

Basándose en la filosofía ocultista del Tercer Reich (sociedades Thule y Vril), científicos hitlerianos habrían conseguido avances cientícos (especialmente aeronáuticos y astronáuticos) de una magnitud inimaginable.

Ellos, lo que dan pie a estos rumores, nos cuentan que el conocimiento de misteriosos aviones circulares alemanes propulsados por motores anti-gravitacionales con el nombre en clave de “Vril” y “Haunebu”, que supuestamente fueron desarrollados no basándose en la técnica convencional, sino en una nueva técnica surgida de la filosofía ocultista NS, ha sido siempre negado por las fuerzas aliadas.

Muchos podrán pensar que es imposible que los alemanes en tan corto espacio de tiempo desarrollaran tan fabulosa técnica, pero olvidan que no se basaron en los principios científicos clásicos, si no, como ya hemos apuntado, en la filosofía ocultista de las sociedades germánicas como Thule y Vril. Así por ejemplo, el científico alemán Viktor Schauberger era un convencido defensor de la "implosión en lugar de explosión".

Rechazaba el motor de explosión, pues éste se basa en la destrucción (explosión), pero la Creación divina es siempre constructiva.

Por lo tanto, una técnica basada en la destrucción es contraria a las leyes de lo bueno y puede denominarse como técnica malévola.

En su lugar, proponía los motores de implosión. Éste es tan sólo un ejemplo de la filosofía de estos científicos.

Gracias a la forma de pensar del Tercer Reich, los alemanes avanzaron en técnica en pocos años lo que los aliados no avanzarían en cien, lògicamente, segùn estos rumores.


Los Globos de Fuego


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Los aliados los llamaban Foo-fighters y sus creadores alemanes "Kugelblitze" ("rayos-bola") o "Feuerbälle" ("pelotas de fuego").

A partir de 1944, los pilotos aliados que sobrevolaban Alemania para bombardearla empezaron a reportar informes sobre extrañas bolas brillantes casi transparentes que se situaban junto a ellos y les acompañaban durante kilómetros.

Según estos informes, no podían derribarlas, aunque las disparasen, y toda maniobra para despistarlas era inútil.

Mucho se ha especulado sobre la función de este arma antiaérea, pero al parecer interfería los sistemas eléctricos y los radares de los bombarderos aliados.

En ocasiones, su presencia era tan molesta a los pilotos o les causaban tantos trastornos, que un bombardeo previsto tenía que ser suspendido y la escuadrilla de bombarderos regresaba a su base.

El 13 de Diciembre de 1944 el South Wales Argus publicaba un sorprendente artículo en el que se decía: «Los alemanes han fabricado un arma secreta coincidiendo con la estación navideña.

El nuevo ingenio, que al parecer es un arma defensiva aérea, se parece a las bolas de cristal que adornan los árboles navideños.

Se las ha visto suspendidas en el aire por territorio alemán, a veces solas, y otras en grupo; son de color plateado y parecen transparentes».

Poco después, el 2 de Enero de 1945, era el Herald Tribune neoyorquino el que se expresaba en los siguientes términos:

«Parece que los nazis han proyectado una novedad en el cielo nocturno de Alemania.

Se trata de los misteriosos y extraños globos foo-fighters que corren por las alas de los aparatos Beaufighters que sobrevuelan secretamente Alemania. Hace más de un mes que los pilotos, en sus vuelos nocturnos, se encuentran con esas armas fantásticas que, al parecer, nadie conoce.

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Los globos de fuego aparecen repentinamente, acompañan a los aviones durante kilómetros y, según revelan los informes oficiales, parecen estar controlados por radio desde el suelo».

Esos "globos de fuego" descritos por la prensa de la época son conocidos por los ufólogos como foo-fighter.

Y, como queda claro, eran considerados por los pilotos aliados como algún tipo de arma secreta nazi.

Se identifican los "foo" con un arma secreta antiradar: «En el otoño de 1944, en Oberammenrgau, en la Baviera alpina, un centro experimental patrocinado por la Luftwaffe, en O.B.F, habrá ultimado una serie de investigaciones relacionadas con aparatos eléctricos capaces de interferir en el funcionamiento de los motores, hasta un máximo de 30 m. de distancia, mediante la producción de intensos campos electromagnéticos.

Averiando el circuito de ignición de los motores de un aeroplano se habría provocado infaliblemente la caída de éste.

Para convertir la invención en prácticamente eficaz, los técnicos alemanes se proponían, empero, triplicar por lo menos el radio de acción del arma, pero cuando el conflicto concluyó, los experimentos en tal sentido apenas habían sido esbozados.

Entretanto, como infraproducto de estas investigaciones para su inmediato empleo bélico, otro centro, regido combinadamente por el Ministerio Sperr y por el Estado Mayor Técnico de las SS, había adaptado la idea del "estorbo radiofónico de proximidad" a la interferencia sobre los mucho más delicados y vulnerables aparatos electrónicos de los cazas nocturnos americanos.


Así, se creìa entonces, que había nacido una original máquina voladora, redonda y acorazada, más o menos semejante al caparazón de una gran tortuga.

Se movería con un motor especial de reacción, también aplanado y circular, que recordaba como principio físico a la famosa eolípila heroniana y generaba un vasto halo de llamas muy luminoso.

Por eso había sido llamada "Feuerball". No llevaba armas ni pilotos. Teledirigida en el acto de despegar, seguía después automáticamente a los aparatos enemigos, atraída por sus llamas de escape y aproximándose a ellos sin chocar, lo cual bastaba para poner en estado crítico sus aparatos de radar».

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¿Porqué no se ganó la guerra si se poseía esta ultratecnología?

Esta es la pregunta que se formulan todas la personas que han oído hablar de estos rumores.

Las razones que los autores del hitlerismo esotérico apuntan son varias:

El desarrollo de esa tecnología llegó demasiado tarde, más bien entre 1944 y 1945, y no se pudo llegar a emplear militarmente.

Ciertamente disponían de esa tecnología, pero no se llegó a tiempo a la fabricación masiva.

Los OVNIs de Hitler ciertamente eran muchísimo más veloces que cualquier avión existente, pero ésto no bastaba. Se mostraron, al menos en esa fecha, no aptos como aeronaves caza.

Por alguna razón, los alemanes del Reich vieron la guerra materialmente perdida y decidieron replegarse, esperar un momento futuro en que la victoria del Reich fuese tan segura como contundente.


Ese momento, está por llegar.

Si efectivamente el Tercer Reich nunca fue completamente destruido y subsiste actualmente oculto, no podría hablarse en absoluto de que el Reich perdiera la guerra.

El propio Hitler había declarado: "En esta guerra no habrá vencedores ni vencidos, tan sólo muertos y supervivientes".

La madre patria Alemania fue ocupada y lo sigue hoy, pero otra Alemania, la verdadera y legítima, existe fuera del territorio tradicionalmente alemán.

Todo esto y lo anterior es el pensamiento del hitlerismo esotérico, que por cierto, cree a ciegas en estas cuestiones.

Así que intentamos seguir con lo que nos proponen:

Nos dicen que no puede descartarse que poco antes del fin de la guerra se llegase a fabricar una limitada serie de platillos Haunebu II.

Ésta posibilidad es apoyada por las numerosas fotos de OVNIs tras 1945, que tienen un asombroso parecido con el modelo Haunebu II.

¿Consiguieron los aliados esta prodigiosa tecnología como parte del botín de guerra?


En absoluto.

Sería una verdadera contradicción pensar que los alemanes fueran capaces de desarrollar semejante tecnología para luego dejarla caer en falsas manos.

Los científicos alemanes responsables del desarrollo de esta tecnología y todos sus creaciones habían desaparecido a tiempo de Alemania para cuando la guerra "terminó".

Así por ejemplo, el terreno de la firma Arado en Brandenburgo, supuestamente empleado por la Vril-Gesellschaft, fue completamente dinamitado y no quedó nada.

Los alemanes dejaron a propósito señuelos para despistar y distraer a los aliados.

Estos señuelos eran flamantes proyectos aeronáuticos del Tercer Reich, así como científicos como Werner von Braun (gracias al cual los americanos lograrían realizar el programa Apolo y llegar a la Luna), pero estaban basados en la técnica convencional (motores de propulsión a reacción o de hélice, a lo sumo).


La técnica antigravitacional fue puesta a salvo con antelación.

Según algunos autores, los OVNIs de Hitler fueron escondidos en algún lugar de la Antártica, razón por la cual se pondría en marcha la Operación Highjump.

Aun hoy hay gente convencida de que los Alemanes aun poseen una base de OVNIs y que los llevaron allí desmontados en submarinos.

Ellos piensan incluso que los avistamientos OVNIs que en la actualidad se producen se deben a la actividad de los platillos alemanes, pues los alemanes del Reich están vigilando el planeta.

Estos platillos serían pilotados por pilotos del "último batallón".

Éste "último batallón" intervendrá en el momento preciso durante la próxima caída de la civilización occidental.

Increíble, ¿no?

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