La moda real del antiguo Egipto

La moda real del antiguo EgiptoEn el antiguo Egipto ,existían distintas coronas que debían ser utilizadas por el rey o los dioses dependiendo del rito o del acto que se celebrara.

Algunas representaban puntos geográficos, otras estaban relacionadas con ciertas divinidades.

A partir de la dinastía XIX en la iconografía aparece una serie de coronas recargadas que incluyen signos y símbolos no tradicionales en ellas, que corresponden a un gusto más abigarrado por el que se incluían numerosos motivos que llegan a tener una destacada complejidad, dotándolas de mayor poder aún.

La corona atef era la corona tradicional del dios Osiris y de Herishef, deidad de Heracleópolis Magna.

Da la sensación de que la corona atef es una forma más elaborada y compleja de la corona blanca del Alto Egipto.

A ambos lados estaba adornada con sendas plumas de avestruz a las que más tarde, en el Imperio Nuevo, se añadieron un disco solar, a veces unos ureos y dos cuernos horizontales de carnero sobre los que se sustenta.

El motivo circular que aparece en la parte alta de la corona durante el Imperio Nuevo le da un valor solar.

Aparece por primera vez en Deir el-Bahari, concretamente en la capilla de Hathor, y suele estar pintado de amarillo.

De forma mágica, esta corona, junto a otros atributos, facilitaba el renacimiento del difunto en el más allá, aun cuando el difunto no perteneciera a la familia real.

La moda real del antiguo Egipto

La corona blanca o del Alto Egipto, llamada hedyet o uereret, estaba compuesta por una pieza troncocónica alta, con el extremo superior redondeado, a modo de mitra.

Aparece en el Protodinástico y se encuentra sobre las cabezas de los reyes tinitas. Estaba protegida por la diosa buitre Nejbet.

Cuando el rey se hace representar sobre los muros de los templos, suele estar ataviado con esta corona cuando está en los lugares orientados al sur. En contrapartida, en las imágenes sobre los muros orientados al norte lleva la corona roja.

Aunque sigue siendo una incógnita el material con que estaba hecha, todo induce a pensar que estaba confeccionada con materiales vegetales.

Es casi seguro que esta corona tenía un simbolismo lunar, guardando, además, cierta conexión con el ojo udyat y con el dios Thot.

En los Textos de las Pirámides se cita la corona blanca como madre del fallecido, como la que mora en la ciudad de Nejeb.

Es importante porque enfatiza la autoridad del monarca y su teórica procedencia divina. En los Textos de los Sarcófagos y en el Libro de los Muertos se cita la corona blanca como distintivo de Horus.

No obstante, en algunos casos, Nebjet se identifca con otras diosas, que en determinados momentos pueden ser más poderosas, para enfatizar ciertos aspectos, y así ocurre en los Textos de los Sarcófagos, donde se nombran como patronas de las coronas a Sejmet (para la corona blanca) y a Uadyet (para la corona roja).
La moda real del antiguo Egipto

La corona roja representa al Bajo Egipto. Recibe los nombres de deshret, net y uert. Tanto su nombre como el estudio de su función parecen indicar que se trata de la más antigua.

Estaba protegida por la diosa Uadyet, aunque también es la corona que suelen llevar las diosas Neith, de la ciudad de Sais, y Amonet, contrapartida femenina de Amón, en la ciudad de Tebas.

Tanto esta corona como la blanca aparecen nombradas en los textos como "las Verdes". Es posible que estuvieran realizadas con materiales vegetales, aunque coloreados, lo que condicionó su denominación durante siglos.

Bajo el apelativo de Grande en Magia y relacionada con la fiera serpiente que la protege, se encuentra en las fórmulas 220 y 221 de los Textos de las Pirámides, donde se recoge un ritual específico que se llevaba a cabo con esta corona.

También aparece repetidamente en los Textos de los Sarcófagos del Imperio Medio y en el Libro de los Muertos, del Imperio Nuevo.
La moda real del antiguo Egipto
La Doble Corona, era la unión entre la corona del Alto y del Bajo Egipto, llamada sejemty, que significa las Dos Poderosas. Aparece desde la I dinastía.

Esta unión servía para representar la unificación del Sur y el Norte de Egipto. Dependiendo de la zona del país en que se quisiera hacer énfasis, la corona roja estaba colocada sobre la blanca o viceversa.

Algunas divinidades llevan esta corona como tocado propio; entre ellas destacamos al dios Atum, a la diosa Mut y a Mahesa.

La moda real del antiguo Egipto
La corona jeperesh o corona azul ha sido denominada corona de guerra.

Aparece en la XVIII dinastía. Actualmente nada permite afirmar que se empleara en las batallas y lo que parece más acertado es que fuera una corona ceremonial.

No se puede determinar de qué material estaba hecha, pero debió ser paño o cuero azul. Su superficie estaba decorada con discos de metal, que bien pudieron ser de oro.

Su significado es oscuro, pero algunos textos parecen indicar que tal vez tuvo que ver con el vigor y la juventud.

Podría relacionarse con el hecho de que su poseedor consiguiera directamente de esta corona, y siempre de forma mágica, la juventud y la energía que necesitaba tanto para el gobierno de Egipto como para determinadas ceremonias.

La diosa Uerethekau, la Grande en Magia, debió estar asociada a este casquete durante el Imperio Nuevo, ya que suele encontrarse presente en los relieves que reproducen dicho acto.

En forma de amuleto podía ser incluido como elemento protector en enterramientos no reales.

La moda real del antiguo Egipto

El nemes, más que una corona es un tocado. Se trata de un cubrepeluca confeccionado en tela con el que se adornaban los reyes. Consistía en una pieza que cubría la cabeza cayendo a ambos lados del rostro y anudado en la parte posterior.

Aparece tanto en contextos donde el rey se representa vivo como cuando ya ha fallecido. En ambos casos el atuendo le sirve para identificarse con la divinidad y obtener cierto poder indeterminado.

Aunque en las representaciones pictóricas suele figurar como si fuera listado en amarillo y azul, los textos nos hablan de un pañuelo blanco, relacionado con la diosa Nebjet, patrona del Alto Egipto.

Se encuentra desde periodos muy tempranos y en algunas tabletas tinitas el monarca viste un atuendo muy similar al tradicional, aunque algo más largo, que podría ser el precedente del que aparece en el Imperio Antiguo.

Tras finalizar el Imperio Antiguo el nemes puede encontrarse con enterramientos de personajes que no han ostentado el trono de Egipto.

En estos casos actúa como talismán.

En el encantamiento 398 de los Textos de los Sarcófagos, se cita este atuendo con el cual el difunto puede vestirse para que, de forma mágica, el atributo le otorgue la protección del monarca y el poder que precisa en el más allá.


Significado de los colores en el antiguo Egipto

En el antiguo Egipto el color se consideraba una parte integral de un elemento de la naturaleza o de la persona, de tal modo que el término “color” podía referirse indistintamente a la apariencia, el carácter, el ser o la naturaleza.

Los antiguos egipcios también creían que cosas de colores similares tenían también propiedades similares.

Con frecuencia, los egipcios emparejaban colores que se consideraban complementarios. Por ejemplo, el plata y el oro formaban para ellos una dualidad de los opuestos (como el sol y la luna). El verde y el negro representaban diferentes aspectos del proceso de regeneración. Otros colores que se complementaban entre sí eran el rojo y el blanco.

Para los egipcios era importante la pureza del color, y los artistas no cambiaban de color hasta que no habían acabado con el que estaban trabajando. Para rematar los trabajos usaban pinceles finos para terminar de delinear y agregar los detalles.

El color negro significaba fertilidad, vida nueva y resurección. Era el color del dios Osiris, el dios resucitado de los muertos.

El negro fue considerado también el color del inframundo (infierno).

Habitualmente los antiguos egipcios utilizaban el color negro en las estatuas y en los ataúdes para invocar el proceso de regeneración atribuido a Osiris.

El color blanco era el color de la pureza, la santidad, la sencillez y la limpieza. Por este motivo, los sacerdotes vestían de blanco y tanto los objetos sagrados como las herramientas y las sandalias eran de color blanco. Los animales sagrados también se representaban de color blanco.

El color plata representaba el color del sol al amanecer, y también a la luna y las estrellas. Como la plata era un metal más raro que el oro en el antiguo Egipto, su valor era mayor.

El color azul era el color de los cielos y representaba el dominio de los dioses. También era el color del agua. Los antiguos egipcios produjeron el primer pigmento sintético del mundo, conocido como azul egipcio, que tiene varios grados de azul. El azul se utilizaba como color para el cabello de los dioses y para el rostro del dios Amón.

El color verde era el color del crecimiento, de la vegetación y de la vida nueva. Junto al negro, también representaba la resurrección. Para los antiguos egipcios, el verde era un color con poderes curativos y de protección, por lo que también significaba bienestar.

La piedra turquesa (mezcla de azul y verde) estaba muy valorada, y representaba la alegría y el color de los rayos del sol al amanecer.

El amarillo era el color de la piel de las mujeres y el color de la piel de las personas que vivían en el mediterráneo. Era también el color del sol. Junto al oro, el color amarillo representaba la perfección.

El color oro servía para representar la carne de los dioses y se utilizaba para representar cualquier cosa que se considerara eterna o indestructible.

El color rojo era el color del desorden y del caos. También era considerado el color del desierto y como lo opuesto a la tierra fértil (negro). Era el color del dios Seth, el dios del caos, y se asoció a la muerte.

El rojo también era el color del fuego destructor y el color de la furia. Se utilizaba para representar el peligro.

Pero el rojo también se utilizaba en amuletos protectores, porque era también el color de la sangre y se consideraba un color de vida y protección.

Los secretos del primer color artificial de la historia Un equipo de investigadores españoles explica la química detrás del azul egipcio, un pigmento descubierto hace más de 5.000 años.

Hace unos años, en un aeropuerto, un periodista puso en un aprieto al cantante Enrique Iglesias con una pregunta incisiva e inesperada: ¿Cuál es tu color favorito?

Tras unos instantes de confusión en los que aseguró que no tenía, el cantante se inclinó impulsivamente por el azul.

En su respuesta forzada, respondió, sin saberlo, como cabía esperar.

Un gran número de encuestas ha mostrado que si se pregunta a la gente por su color favorito, aproximadamente la mitad responderá como Iglesias, el azul, muy por delante de los segundones verde o morado.

El azul, el color de Facebook y Twitter o del partido que gobierna España, no siempre ha sido tan popular.

De hecho, si en lugar de a Iglesias el periodista hubiese tenido acceso al escritor griego Homero, habría obtenido una respuesta peculiar. Ni en La Iliada ni en La Odisea el poeta describió el cielo como azul, y cuando se refiere al mar le atribuye el color del vino.

Esa ausencia no es exclusiva del griego clásico. Como explica el lingüista Guy Deutscher, si un idioma tiene una palabra para el color azul, tendrá una para el color rojo, pero no necesariamente sucederá lo contrario.

En la evolución de las lenguas el azul siempre aparece más tarde. “No conocemos ninguna excepción a esta regla”, afirmaba en una entrevista a The Paris Review.

Deutscher ofrecía su explicación: “La gente encuentra un nombre para el rojo antes que para el azul no porque puedan ver el primero y no el segundo sino porque inventamos nombres para cosas de las que creemos que es importante hablar, y el rojo [el color de la sangre] es más importante que el azul para la vida de la gente en todas las culturas más simples”.

Como sucede en el idioma, el pigmento azul también tardó en llegar a la pintura. Ni en cuevas como las Altamira o Lascaux, en las que artistas desconocidos plasmaron la vida paleolítica hace decenas de miles de años, se encuentra el color azul.

Después, se han encontrado grandes minas de lapislázuli en países como Afganistán que podrían haber servido como base para estos tintes, pero no quedaban a mano de los artistas de Europa Occidental. Los pintores rupestres no contaban en su entorno con minerales de ese color que fuesen estables al contacto con el aire y esa situación no cambió hasta hace unos 5.000 años.

Entonces, los egipcios lograron sintetizar el color azul por primera vez. Para conseguirlo, aunque había algunas variantes, se utilizaba arena del Nilo, sal mineral, bronce como fuente de cobre y se cocía a temperaturas de entre 800 y 1.000 grados.

Desde su creación, aquel “azul egipcio”, difícil de obtener y muy valorado, se empleó en algunos de los principales monumentos del imperio africano, como la corona del busto de la reina Nefertiti que se encuentra en el Neues Museum de Berlín (Alemania).

En los siglos posteriores, también apareció en otros monumentos del mundo Antiguo, como el cinturón de la diosa Iris, en el Parthenon de Atenas, y continuó empleándose como un complemento estético de lujo hasta tiempos romanos.

Después, a partir de la revolución química que se produjo en el siglo XIX, muy relacionada con el desarrollo de nuevos tintes, el azul dejó de ser un color casi exclusivo de los más poderosos. Una explicación química Este pigmento con tanta historia y connotaciones tan intensas ha despertado un gran interés, también de los científicos.

Es el caso de un equipo de investigadores de la Universidad de Cantabria, que ha tratado de explicar el origen real del azul que fascinó a los egipcios.

En un trabajo que publican este mes en la revistaInorganic Chemistry, se preguntan cómo es posible que el complejo CuO46-, formado por el ion Cu2+ y cuatro iones oxígeno, de lugar al color azul intenso del compuesto CuCaSi4O10 (base del pigmento egipcio) mientras que el color de muchos otros materiales, que contienen el mismo complejo, es claramente distinto.

Según los investigadores, aunque las moléculas CuO46- son, en principio, las responsables del color, éste depende también de los campos eléctricos internos que generan el resto de iones del compuesto CuCaSi4O10, sobre esas moléculas.

Asimismo, se demuestra que estos campos internos, cuya influencia no se suele tener en cuenta, son los causantes de las diferencias de coloración entre el pigmento egipcio y otros compuestos similares que contienen el mismo complejo de cobre.

Para preparar el pigmento, los egipcios tenían que mezclar carbonato cálcico, cobre y arena del Nilo, y lo calentaban en presencia de aire para que el cobre se oxidase, dando lugar a Cu2+.

 Curiosamente, aunque la arena (SiO2) no está presente en el complejo de cobre, causante del color, es el campo eléctrico creado por los grupos SiO44- que integran el compuesto CuCaSi4O10 el principal responsable del fuerte desplazamiento al rojo de las transiciones ópticas.

“Este hecho es clave en la obtención del azul intenso”, explica Miguel Moreno, investigador del Departamento de Ciencias de la Tierra y Física de la Materia Condensada de la Universidad de Cantabria y uno de los autores del estudio, junto con Pablo García y Antonio Aramburu.

La organización de los átomos de cobre y oxígeno hace que el azul egipcio emita una radiación que, además de hacerlo famoso en la antigüedad, le ha permitido superar el paso del tiempo, al menos en cierta medida.

“El azul egipcio tiene átomos de cobre muy separados unos de otros que emiten luz infrarroja”, apunta Moreno.

“Esto permite que, en el caso del Partenón de Atenas, por ejemplo, se pueda observar un trozo en el que a simple vista no se ve pigmento y midiendo esa radiación conocer que en algún momento estuvo pintado con azul egipcio”, añade.

Todo este conocimiento sobre la estructura fundamental de los materiales que producen el color está abriendo la puerta a nuevas a aplicaciones prácticas ahora que los tintes han dejado aquel producto obsoleto.

Investigadores de la Universidad de Georgia describieron cómo el silicato de cobre y calcio del azul egipcio se fragmenta en nanocapas miles de veces más finas que un cabello.

Estas capas producen radiación infrarroja invisible, similar a la que sirve para comunicar un mando a distancia con la televisión.

Esta cualidad haría útil este compuesto para producir maquinaria de imagen biomédica, ahora en desarrollo, que necesitan este tipo de radiación infrarroja.

La nanotecnología crearía así una nueva aplicación para esta antigua tecnología.

Vía: Daniel Mediavilla / El País

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