El amor es sincronicidad

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El amor es...
Hay quienes creen que nuestra vida no es resultado de un acto casual, sino de un destino que hila con manos hábiles y perspicaces cada encuentro, cada acto de nuestra existencia.

Por lo que no faltan tampoco las teorías que intentan explicar esta concepción.

Pero dentro de estas casualidades o “causalidades” es, sin duda, la dimensión del amor la que más suele intrigarnos.

¿Estamos destinados quizá a unirnos a determinadas personas y no a otras?
Es algo que siempre ha interesado al ser humano y que, a veces, nos puede llevar a pensar:

¿Si es el destino quien pauta nuestras parejas afectivas, perdemos nuestra propia capacidad de elección?

La teoría de la “causalidad” y el hilo rojo del destino


Teoría de la sincronicidad: para Jung, las coincidencias no existen y es por ello que el amor, por ejemplo, tampoco sería un hecho casual en nuestras vidas, sino más bien una causalidad.

Para este autor existe cierta relación entre nuestra propia consciencia y el medio físico que nos rodea.

Todo estaría de algún modo relacionado, formando una gran conciencia donde quedaría integrado también el inconsciente colectivo.

De vez en cuando, las personas sentimos esas súbitas casualidades, como estar pensando una palabra y, de pronto, escucharla en un anuncio de la televisión.

O pensar en una persona y que, al poco, ésta nos llame por teléfono.

En cierto modo no son casualidades, sino un tejido único e invisible que nos conecta a todos con todo.

Puede que te sorprenda, pero hoy en día existen muchos autores que relacionan la sincronicidad con la física cuántica, aunque -como cabía esperar- la teoría de Jung no está bien vista ni aceptada por la ciencia.

No obstante, su concepto, sigue despertando mucha curiosidad e inspirando diversos estudios.

Una teoría asentada en la tradición de Asia Oriental, presente tanto en los mitos japoneses como chinos.

Lo cierto es que no lo podemos negar, es realmente evocador. Según nos desvela esta idea, el destino ya establece desde el momento de nuestro nacimiento a esa persona que habrá de ser nuestra pareja.

¿Y cómo se establece esta unión? Con un hilo rojo. Con un hilo invisible para nosotros, que une nuestros meñiques hasta el corazón.

No importa cuanto tiempo pase, tarde o temprano acabaremos encontrando a esa persona.

Cuando eso ocurra, ya no podremos separarnos de ella, ese hilo habrá cogido tanta fuerza entre nosotros que si intentas separarte el dolor será insufrible.

Creer en el destino no es algo negativo, ni aun menos ingenuo. Siempre es interesante conocer todas estas teorías y mitologías construidas alrededor de esta idea.

Sin embargo, el mundo afectivo es tan complejo como esa red que según la leyenda griega, tejían las Parcas configurando el destino de las personas.

La mayoría de gente sueña con encontrar esa persona perfecta o ese amor verdadero que otorgue auténtico sentido a sus vidas.

Es un proceso, un largo aprendizaje que, en ocasiones, nos obliga a pasar por varias relaciones hasta encontrar la persona adecuada, la persona soñada.

Puede que el propio destino o la casualidad ponga en nuestro camino a ese hombre o a esa mujer especial, pero deberemos ser nosotros quienes nos arriesgaremos o no a iniciar dicha relación.

Puede que en ocasiones no salga tan bien como pensemos, pero nunca te niegues a volver a intentarlo.

El amor es una aventura que siempre merece la pena y de la cuál tú mismo debes llevar las riendas en todo momento.

El amor, ya sea cosa del destino, de la casualidad o de esos motores invisibles que mueven la teoría de la sincronicidad, es algo que vale la pena experimentar.

Y ahora danos tu opinión: ¿crees que las personas estamos predestinadas en materia sentimental?

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas,y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena o un címbalo que retiñe.

Y si tuviese profecía y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo amor, nada soy.

Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no hace mal, no se ensancha.

No es injurioso, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal;

No se alegra de la injusticia, mas se alegra de la verdad;
El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Y ahora permanecen tres virtudes la fe, la esperanza, y el amor, de estas tres, la más grande es el amor. (I Corintios XIII)


Así explica la ciencia lo que es el amor

Febrero es sinónimo de emoción, sentimientos y, sobre todo, de amor. Cada 14 de febrero llega San Valentín cargado de corazones, rosas, bombones, cartas, peluches y rojo, mucho rojo a nuestro alrededor. 

Su origen se sitúa en la Roma del siglo III. El sacerdote Valentín casaba en secreto a jóvenes enamorados, desafiando el decreto del emperador Claudio II, quien había prohibido la celebración de estos matrimonios. San Valentín finalmente fue ejecutado un 14 de febrero. 

No sin antes, según cuenta la leyenda, devolver la vista a la hija de uno de los oficiales que lo custodiaban. Se convertía, así, en un símbolo para los enamorados. 

Lejos de este mito, el amor tiene mucha relación con la ciencia. En las primeras fases del enamoramiento podemos llegar a sentir obsesión, un fuerte vínculo emocional e, incluso, gran alegría. 

Todas estas sensaciones son producto de nuestro cerebro. Las regiones relacionadas con la motivación como el hipotálamo, el hipocampo y el córtex se activan, reduciendo las emociones negativas. 

Conforme aumenta esta activación, mayor será la satisfacción y confianza que tengamos con nuestra pareja. Además, ayuda a reducir el estrés y la ansiedad. 

Mientras, el comportamiento obsesivo, casi de dependencia emocional, se debe a la liberación de las hormonas llamadas oxitocina, vasopresina y dopamina. 

El amor es sinónimo de “sentir mariposas” en el estómago, una extraña sensación para la que la ciencia también tiene explicación. El sistema digestivo lleva en su interior una red de fibras nerviosas y cuerpos celulares ganglionares. 

Esto provoca que en situaciones de estrés o nerviosismo se produzca un aumento de la secreción de ácido en nuestro estómago y altere este particular sistema nervioso. 

¿Nos enamoramos hombres y mujeres por igual? A pesar de lo que pueda creer, la antropóloga Helen Fisher ha demostrado que las mujeres tardan más en enamorarse porque necesitan más interacción con la otra persona, al activar la parte del cerebro encargadas de la memoria. 

Mientras que los hombres se enamoran antes porque activan más la región de estimulación visual. 

“Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido” 

Sin embargo, el amor también tiene sus efectos negativos. Este es el caso de las rupturas, rechazos o la pérdida de un gran amor que provocan sentimientos de dolor. El cerebro también actúa en estas sensaciones, activando sus centros de recompensa y disminuyendo los niveles de dopamina. 

Esto hace más complicada la recuperación y que aparezca el sentimiento de tristeza. 

¿Cuánto dura el enamoramiento? La ciencia ha demostrado que este proceso, entendido como amor romántico y profundo, puede prolongarse durante tres o cuatro años. 

Esto no significa que después de ese periodo de tiempo se produzca una ruptura. Los niveles de dopamina se estabilizan y se pasa a una sensación más de apego. 

Aunque, un día como hoy solo podemos celebrar el amor, ya sea a una pareja, a un familiar o a un amigo. La ciencia ha logrado identificar las fases del enamoramiento, un juego de nuestro cerebro y nuestras hormonas. 

Unos sentimientos muy cambiantes, como bien describía Pablo Neruda en su famoso Poema 20: “Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero”.

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