Extinción y los cambios del clima

Los eventos que desencadenaron esta extinción cambiaron drásticamente el clima
Fuente:Victor Leshyk
Los eventos que desencadenaron esta extinción cambiaron drásticamente el clima.

Durante millones de años después de la extinción del Pérmico los ecosistemas de tierra firme no lograban estabilizarse.

Los Lystrosaurus, que están emparentados con los mamíferos, fueron unas de las pocas especies pertenecientes a los “taxones desastre” que escaparon de la extinción del Pérmico.

En la ilustración comen árboles Pleuromeia de un metro de altura que se reproducían por esporas.

Ya hemos hablado previamente de la extinción del Pérmico, que liquidó a gran parte de la vida en la Tierra hace 252 millones de años.

Es la mayor de las 5 extinciones masivas conocidas y marca el final del Pérmico y el comienzo del Triásico.

Una de las razones que se proponen como causantes de esta extinción fue una erupción volcánica masiva en lo que hoy es Siberia, que desestabilizaría la vida en la Tierra.

Los eventos que desencadenaron esta extinción cambiaron drásticamente el clima, la atmósfera y otros aspectos de la ecología global, pero no está claro hasta que punto se prolongaron estos aspectos físicos en el tiempo y si afectaron a los supervivientes.

Se sabe bastante bien qué es lo que le pasó a la vida marina de la época, pues el registro fósil oceánico suele ser más rico y preciso que el de tierra firme.

Nada menos que el 95% de las especies marinas conocidas de la época desaparecieron para siempre incluyendo a los últimos trilobites.

Pero además se sabe, gracias a muchos fósiles de peces e invertebrados, que se necesitaron de 5 a 8 millones de años para recuperar la diversidad y complejidad de vida oceánica.

Pero no se sabía muy bien qué pasó en tierra firme.

Ahora, investigadores de la Universidad de Brown y de la Universidad de Utah concluyen que en tierra firme la extinción del Pérmico fue desastrosa para los animales terrestres.

En un análisis que han hecho espécimen por espécimen, estos científicos llegan a la conclusión que las especies fueron reducidas a unas pocas formas que llaman “taxones desastre”.

La baja diversidad de vertebrados significó que los ecosistemas de tierra firme sufrieron ciclos de florecimiento y colapso durante 8 millones de años antes de que finalmente se estabilizaran.

Se podría decir que este errático periodo de tiempo estuvo tachonado de eventos de extinción y recuperaciones.

Las especies que sobrevivieron a la extinción eran libres de ocupar los nichos ecológicos que quisieran debido a la baja competitividad.

Según los autores del estudio fue precisamente esta falta de competitividad lo que provocó esos ciclos de florecimiento y colapso, según las fuerzas externas causaban estragos en las débiles conexiones de la red trófica.

Se necesitaron esos 8 millones de años para la restauración de la situación previa a la extinción masiva a través de un aumento de la evolución y especiación.

La hipótesis que proponen considera la recuperación posterior al Pérmico como un proceso de repoblación y diversificación de especies, en lugar de una mera consecuencia del evento de extinción masiva, como un asentamiento del clima o de las condiciones oceánicas.

Este estudio está en consonancia con otro publicado el año pasado en Geology por Jessica Whiteside en el que se mantenía que la recuperación y estabilización de los ecosistemas marinos necesitó de10 millones de años después de esta extinción.

Según Whiteside, que también es coautora en el nuevo estudio, se trata del mismo patrón.

Además, al parecer, se da también este mismo patrón en las plantas.

Algunos estudios habían propuesto que el vulcanismo posterior a la extinción del Pérmico mantuvo durante más tiempo los ecosistemas en modo “recuperación” sin que dejara que levantaran cabeza, pero no hay pruebas que lo avalen. Según esta hipótesis no se necesitó nada de eso.

Los investigadores examinaron para este nuevo estudio más de 8600 especimenes desde cerca del final del Pérmico hasta la mitad del Triásico, un periodo de tiempo que cubre entre hace 260 y 242 millones de años.

Los fósiles proceden de los Urales y la cuenca Karoo en Sudáfrica.

El análisis indica que el 78% de los géneros de vertebrados terrestres desaparecieron en la gran extinción.

Después emergieron unas pocas especies, los “taxones desastre”.

Una de ellas fue la de los Lystrosaurus, un sinápsido dicinodonto del tamaño de un pastor alemán.

Esta criatura aparece escasamente en el registro fósil previamente al cataclismo.

Es un misterio por qué Lystrosaurus sobrevivió a la gran extinción cuando la mayor parte de las otras especies no lo hicieron, quizás fue una combinación de suerte y no haber sido elegido como presa de otras especies.

Lystrosaurus está emparentado con los que más tarde fueron los mamíferos.

Si no hubieran sobrevivido a esta extinción la historia de la vida sobre la Tierra hubiera sido quizás muy distinta.

Los mismo se puede decir del taxón reptiliano procolophonids, que está prácticamente ausente en el registro antes de la gran extinción y que hizo una aparición explosiva después.

Según Whiteside, si se compara los datos obtenidos con modelos previos de redes tróficas se puede considerar que esta baja diversidad y predomino de sólo unos pocos taxones significa que las conexiones en la red trófica eran muy pocas.

Esto provocaba inestabilidad en los ecosistemas y los hacía susceptibles de a sufrir ciclos de expansión y colapso.

Digamos que cualquier pequeña perturbación tenía graves consecuencias sobre ellos.

Los ecosistemas que emergieron de la gran extinción del Pérmico tenían una diversidad animal tan baja que eran especialmente vulnerables colapsos por cambios ambientales u otro tipo de cambios.

Sólo después de que la riqueza en especies se restableció y las poblaciones fueron restauradas en número y redundancia en la red trófica, los ecosistemas terrestres se recuperaron totalmente.

En ese momento el ciclo del carbono, que es un indicador amplio de la vida y la muerte así como de los efectos de las influencias externas, se estabilizó, tal y como indican los análisis isotópicos de estudios previos.

Esto encaja con la idea de que las fluctuaciones en el ciclo del carbono reflejan la inestabilidad de los ecosistemas después de un evento de extinción.

Ha habido cinco extinciones masivas en la historia biológica del planeta Tierra. Ahora estamos embarcados en la sexta extinción masiva, esta vez provocada por el ser humano.

La tercera extinción, la que se dio entre el Permico y el Triásico sucedió hace 252 millones de años y fue la más intensa conocida. La cuarta, la del Triásico- Jurásico fue hace 201 millones de años. En ambos casos se dieron cuando se daba el continente único Pangea.

Un estudio reciente analiza la diversidad biológica en los periodos de tiempo posteriores a estas extinciones.

Al parecer, en esos tiempos dominaron Pangea nuevas especies, pero con una baja biodiversidad.

Este estudio nos dice que las consecuencias de las extinciones masivas son predecibles y nos indica cómo las comunidades biológicas pueden cambiar en el futuro.

Las extinciones masivas fueron un desastre global que fundamentalmente rehizo los ecosistemas. Este estudio proporciona datos cruciales sobre cómo estos eventos cataclísmicos cambiaron e influyeron la distribución animal.

Se cree que las extinciones masivas dan lugar a faunas desastrosas dominadas por un pequeño especies. Sin embargo, se han hecho pocos estudios al respecto y se han centrado en áreas pequeñas.

Un grupo internacional de investigadores ha intentado remediar esto analizando 900 especies de animales del registro fósil que vivieron entre hace 260 y 175 millones de años.

Las dos extinciones masivas que se dieron en ese periodo de tiempo fueron muy importantes en la historia evolutiva de la vida y dieron al final lugar a la aparición de los dinosaurios.

La extinción del Permico-Triásico eliminó los grupos de animales que dominaban tierra firme entonces y, por tanto, se liberaron nichos ecológicos que permitieron la evolución de nuevos grupos como los cocodrilos y los antepasados de los dinosaurios, lagartos y mamíferos.

La extinción del Triásico-Jurásico eliminó los grupos más importantes de entonces, permitiendo la diversificación de los dinosaurios.

El registro fósil tiene el potencial de poner a prueba las distintas hipótesis a escalas de tiempo grandes, algo que no es posible cuando los investigadores están limitados a estudiar animales y plantas de la actualidad.

Estos investigadores compararon las similitudes de las comunidades animales de diferentes regiones del globo de ese lapso de tiempo, tanto en las especies comunes como cómo estaban emparentadas las especies de unas regiones con las de otras regiones.

Esto les permitió calcularla las similitudes de faunas a lo largo del tiempo y el espacio.

Los resultados indican que en ambas extinciones las comunidades biológicas no solamente perdieron un gran número de especies, sino que después el mundo estuvo dominado por nuevas especies ampliamente extendidas, dando lugar a una baja diversidad por todo el globo.

Este patrón sugiere que las extinciones masivas tienen una influencia predecible sobre la distribución de animales y, según los autores del estudio, podría guiar los esfuerzos de conservación en la actualidad.

Este estudio permite comprender mejor cómo se desarrollan los patrones macroevolutivos a lo largo del tiempo y puede ayuda a predecir los cambios ecológicos un más corto plazo.

Debido a la actividad humana reciente, estamos sufriendo la sexta gran extinción masiva. 

Ya hay mucha preocupación acerca de lo que la actividad humana está haciendo: las faunas globales son cada vez más homogéneas y simples, se están introduciendo especies invasoras y, además, la temperatura promedio se está elevando debido al calentamiento global.

Este estudio identifica un contribuidor adicional a todos esos riesgos.

La actual pérdida de biodiversidad se espera que dé lugar a una fauna desastre consistente en unas pocas mismas especies a lo largo de todo el mundo.

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