Sobre la aparición de vida

Sobre la aparición de vida
Posibles vías de aparición de la vida. Fuente foto : PloS.
Un par de trabajos hablan sobre las posibilidades de aparición de vida en el Universo o de cómo pudieron ser los primeros pasos prebióticos.

Hay conceptos, procesos y hechos que aún se resisten a ser explicados completamente por la ciencia. Uno de ellos es el origen de la vida sobre la Tierra o sobre cualquier otro lugar del Universo.

Nuestra imaginación nos ha permitido crear mundos en donde hay vida y esa vida es diferente o sospechosamente parecida a la que hay sobre este planeta.

La Astrofísica nos habla de un Universo vasto poblado por miles de millones de galaxias que a su vez tienen cientos de miles de millones de estrellas.

Los últimos descubrimientos nos hablan de que hay tantos planetas, sino más, que estrellas en nuestra galaxia.

Esto nos ha permitido pensar que muchos de esos mundos deben de estar habitados, aunque sea por formas de vida no inteligente.

El problema es que realmente deseamos que sea así. El Universo sería un lugar mucho más interesante si hubiese otras formas de vida, aunque en su mayoría fueran microorganismos en una sopa oceánica.

Lo cierto es que lo que se llama Exobiología no tiene, de momento, objeto de estudio alguno, pues no se ha encontrado ninguna forma de vida fuera de la Tierra y, por desgracia, parece que la situación va seguir así por mucho tiempo.

En realidad esa rama de la ciencia debería llamarse Extremofilia o algo similar, pues se dedica al estudio de los organismos terrestres que viven en ambientes extremos.

Las estadísticas con una muestras de una unidad no tienen demasiado sentido y hasta que descubramos otra biosfera seguirá seguiremos en esa situación.

Una vez se inicia la vida la evolución darwiniana permitirá que tarde o temprano esa vida adquiera ciertos grados de complejidad.

Pero hace falta que en primer lugar aparezca esa vida. Podemos decir que los números son muy grandes y que necesariamente debe de haber vida en otros lugares del Cosmos, pero esto no es un buen argumento.
 
Incluso con las condiciones apropiadas podría ocurrir que la probabilidad de aparición de vida fuera tan pequeña que incluso con la inmensa cantidad de mundos que hay el único sitio habitado de la galaxia fuese nuestro mundo.

Todo depende de los procesos que dieron lugar a la vida.

Crear moléculas orgánicas parece muy sencillo, pero no lo es que se organicen de tal modo que puedan procesar información.

Se desconoce completamente la probabilidad de que se origine la vida si se dan las condiciones apropiadas.

En donde la ciencia dice pocas cosas los científicos tienen campo para opinar sobre el asunto. Gerald Joyce, del Scripps Research Institute en La Jolla, ha escrito recientemente un ensayo sobre este tema.

Según él podemos elaborar una definición de vida: la vida se auto-reproduce, transmite información heredable a su progenie y sufre evolución darwiniana gracias a la selección natural.

Este investigador se refiere a la información heredable por la vida como “bits” (en forma bases de ADN para la vida conocida) y que la evolución darwiniana produce nuevas combinaciones de estos bits de información.

Pero, según él, esto no define una nueva forma de vida o una vida alienígena.

Los organismos pueden aparecer directamente a través de reacciones químicas en una sopa primordial o desprenderse de una biología ya existente.

Un sistema genético que contiene más bits de información de los que se requieren para iniciar sus operaciones podría ser razonablemente considerado como una nueva forma de vida.

Una forma de vida que aparece a partir de una sopa química primordial libre de bits se puede considerar nueva, mientras que la que deriva de células biológicas ya existentes tendrían un largo camino por delante hasta que cruzase ese umbral.

Según este investigador esta diferencia entre la iniciación química o biológica de vida contribuye a la confusión y desinformación.

Dado que sólo conocemos un ejemplo de vida no podemos estimar la probabilidad de que aparezcan nuevas formas de vida, sea en la Tierra o en cualquier otro sitio.

Joyce dice que cree que los seres humanos estamos solos o lejos de otras formas de vida en el Universo, sobre todo si se trata de una forma inteligente (y benevolente).

Según él, desear que haya vida en otras estrellas no va cambiar nuestras estimaciones reales sobre el problema, hay que descubrir formas alternativas de vida o crearlas en el laboratorio.

Opina que puede que quizás haya algún día un Cristóbal Colón que viaje grandes distancias a otro mundo, pero que lo más probable es que haya algún Geppetto que cree un nuevo ser.

Posiblemente este investigador tenga razón en que es difícil decir algo con fundamento sobre la vida en el Universo si no se investiga al respecto.

Basarnos en la fe, o en nuestros buenos deseos o incluso en el Principio Copernicano, no es suficiente.

En esta línea se sitúa otro trabajo que estudia esa parte química que dio lugar a la vida. Como ya mencionamos antes, una vez tenemos un sistema químico de gestión de información genética la evolución hace el resto.

Pero, ¿cómo se llega ahí a partir de una sopa química libre de bits?

Si creemos que en una sopa las moléculas orgánicas combinadas al azar van a dar lugar a una célula con ADN y proteínas de la noche a la mañana entonces la probabilidad de que surja la vida es exactamente cero.

Wim Hordijk, Mike Steel y Stuart Kauffman estudian el aspecto de la evolución química prebiótica según conjuntos autocatalíticos.

Estos conjuntos serían factorías químicas en las que los productos de una reacción catalizarían otras reacciones en un bucle de retroalimentación.

El resultado sería un ciclo de síntesis química autocontenido.

Recientemente se han descubierto conjuntos catalíticos reales en el laboratorio funcionando de esta manera, así que la idea cuenta con apoyo experimental.

Estos investigadores han estudiado las propiedades matemáticas de estos conjuntos y muestran que estos conjuntos pueden dar lugar muchos subconjuntos autocatalíticos de muchos tipos diferentes que algunas veces se solapan.

Por tanto, estos conjuntos tienen una estructura compleja y rica.

Lo más interesante quizás sea que muestran cómo estas estructuras químicas pueden evolucionar produciendo nuevos subconjuntos dentro que dependen unos de otros.

Dentro de un ambiente determinado la presión de selección haría que estos conjuntos evolucionasen.

De este modo se daría lugar a una emergencia de complejidad en el sistema.

Y lo que es más, este tipo de comportamiento es independiente de la naturaleza del substrato químico. Las unidades empleadas pueden ser variadas, sencilla o incluso ser ya muy complejas.

Las bacterias de nuestro tracto digestivo puede considerarse uno de estos conjuntos, pero incluso la economía puede considerar uno de esos conjuntos, transformando materias primas en objetos de consumo o bienes de equipo que permiten obtener más materias primas.

Este tipo de trabajo es interesante porque no solamente trata de explicar el origen de la vida, sino que además trata de explicar otros sistemas complejos o de cómo estos pueden aparecer por emergencia de subunidades más sencillas.

Sobre la aparición de vida

¿Panspermia en TRAPPIST-1?

Un estudio sostiene que la panspermia sería 1000 veces más probable entre los planetas de TRAPPIST-1 que entre la Tierra y Marte.

La gran ventaja de los exoplanetas que conocemos es que, como no los podemos estudiar en detalle, todavía dejan lugar para todo tipo de hipótesis y fantasías.

El caso quizás más interesante es el del sistema TRAPPIST-1, que consta de al menos 7 planetas orbitando una enana roja ultrafría, 3 o 4 de los cuales estarían en la zona de habitabilidad.

Desde que la noticia llegó a los medios, muchos expertos se han apresurado a publicar estudios sobre las condiciones de habitabilidad de estos mundos. El último estudio interesante al respecto habla de la panspermia en este sistema.

Desde hace tiempo se especula que sería posible que la vida pasara de la Tierra a Marte o viceversa gracias a los impactos de meteoritos. Incluso se ha puesto el origen de la vida en Marte y que esta vendría luego a la Tierra. Aunque esta hipótesis no explica por qué la vida marciana desapareció, pese a que la terrestre podría vivir en Marte.

A favor de esta hipótesis de la panspermia está el hecho de que algunos organismos terrestres han podido sobrevivir en el espacio exterior sobre la estación espacial, entre ellos líquenes y tardígrados. También se realizaron experimentos con cañones electromagnéticos con los que se demostraba la posibilidad de supervivencia de algunos microrganismos al impacto de un meteorito.

Pero la distancia entre Marte y la Tierra es la que es y el viaje largo, sobre todo si es al azar. Si los humanos no han viajado a Marte es, entre otras cosas, a la intensa radiación a la que serían sometidos los astronautas, pues fuera del escudo magnético terrestre (la estación espacial está bajo su protección) la intensidad de algunas formas de radiación formada por partículas cargadas es muy intensa. Una piedra cargada de microbios en origen podría aterrizar totalmente esterilizada en destino.

Pero los planetas de TRAPPIST-1 están muy cerca unos de otros y la probabilidad de panspermia entre ellos es mucho más alta. La vida podría aparecer en uno de ellos y trasladarse a los demás. Un estudio reciente cifra esa probabilidad de panspermia entre estos planetas como 1000 veces superior a que pude haber entre Marte y la Tierra.

Como el viaje sería 100 veces más corto las posibilidades de sobrevivir al vacío y la radiación serían superiores. Diferentes tipos de microbios podrían migrar de un planeta a otro.

Los autores del estudio compararon este sistema planetario a una serie de islas usando un método matemático tomado de la ecología que describe la migración y extinción entre islas en un océano. Según ellos no sería extraño que en tres de los planetas hubiera las mismas formas de vida.

Naturalmente los primeros en objetar han sido los biólogos, que apunta a que un planeta no es una isla. Incluso en la Tierra es difícil a las especies emigrar entre distintas islas.

Otro aspecto a tener en cuenta es que mil veces algo desconocido es una cantidad desconocida y que mil veces cero es cero. Si la posibilidad de panspermia entre Marte y la Tierra es cero, también lo será entre los planetas de TRAPPIST-1.

Pero si dejamos volar la imaginación y hacemos el acto de fe de que en los planetas de TRAPPIST-1 hay vida, entonces se presentan diversos escenarios.

En un escenario la abiogénesis se da en 3 o 4 planetas por separado. Eso significaría bioquímicas distintas. Si no hay panspermia entre ellos, entonces se tendría un maravilloso laboratorio en el que observar cómo se da la evolución. Cada uno portaría una historia biológica completamente distinta.

Si hay tres o cuatro abiogénesis y hay panspermia, entonces las distintas bioquímicas convivirían entre sí y se tendrían distintos ecosistemas conviviendo en el mismo lugar. Algo que, además tendría su particular estilo en los distintos planetas al seguir historias evolutivas distintas.

También podría ocurrir que hubiera una sola abiogénesis y que la vida se trasladara a los demás mundos por panspermia. 

En este caso se tendría la misma bioquímica, pero historias evolutivas distintas. Las especies sería necesariamente muy distintas.

Pero este escenario sería el más interesante para ser explorado por la literatura de ciencia ficción, pues una raza inteligente surgida en uno de esos planetas podría colonizar muy fácilmente los demás planetas, ya que los tiempos de viaje sería escasos (no así la energía consumida) y la comida estaría asegurada en destino.

O quizás hubo una abiogénesis y ninguna panspermia. En ese caso sólo habría un planeta habitado con su particular biología.

Todo esto se despejaría si ya tuviéramos telescopios que permitieran decir algo sobre las composiciones atmosféricas.

Quizás, si consideramos la ley de Murphy, en ninguno de estos planetas haya vida. Pero mientras tanto podemos dejar volar la imaginación.

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