Crioconservación de colémbolos árticos

Crioconservación de colémbolos árticos
Crioconservación de colémbolos árticos.

Colémbolo ártico en estado normal (izquierda) y deshidratado (derecha).
 
Fuente: Planet Earth.

Los colémbolos árticos sobreviven congelados al invierno y vuelven a la vida en verano.

Agua oxigenada y “anticongelante” son las sustancias naturales que el colémbolo ártico (Megaphorura arctica) usa para poder resistir las bajas temperaturas del invierno en un estado de animación suspendida.

La temperatura en las Svalbard, lugar donde vive este artrópodo, normalmente debajo de las rocas, pueden caer hasta unos 20 grados centígrados bajo cero.

Al llegar el invierno este animalillo produce agua oxigenada y sustancias especiales para la crioconservación justo antes de dejarse deshidratar.

Este proceso de deshidratación sucede lentamente y de una forma controlada, según ha estudiado Melody Clark del British Antarctic Survey.

Al final es transformado en una especie de saquillo arrugado, pero esto le permite sobrevivir completamente congelado al invierno y volver de nuevo a la vida en el verano.

Se había descubierto anteriormente que el agua oxigenada juega un papel importante en el proceso de deshidratación de levaduras y hongos, pero no se sabía cómo funcionaba.

Se cree que esta sustancia permite controlar el proceso de deshidratación, actuando como una especie de disparador bioquímico.

El agua oxigenada producida desencadena una cadena de procesos bioquímicos y uno de esos procesos es clave para evitar que el hielo rompa los tejidos del cuerpo.

Los colémbolos árticos producen además su propio “anticongelante” en forma de un azúcar denominado trehalosa, que es precisamente el que impide que el hielo, al formarse, rompa las células y tejidos.

La ventaja es que durante el invierno ártico la mayor parte del agua del ambiente se congela y el aire es muy seco, lo que facilita la deshidratación del colémbolo.

Su piel se hace más porosa y el agua abandona de manera progresiva su cuerpo hasta que se deshidrata.

Una vez alcanzan ese estado, estos colémbolos permanecen congelados durante todo el invierno, que dura varios meses.

Al llegar la primavera el hielo se derrite y aumenta la cantidad de vapor de agua presente en el aire y esto permite la rehidratación de los colémbolos.

Esta investigación formó parte del proyecto norteamericano Bella Durmiente, que pretendía estudiar los mecanismos que facilitan la deshidratación de algunos animales, lo que les permite enfrentarse a las bajas temperaturas.

Puestos a especular, sería interesante usar a estos animalillos, una vez deshidratados, como sujetos de prueba de resistencia a las condiciones del espacio exterior, en donde el vacío, la radiación y las bajas temperaturas acaban con la mayoría de las formas de vida.

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