Del optimismo negativo

Del optimismo negativo
Foto: Evil Sivan, vía Flickr
Los individuos que tienen bajas expectativas sobre cómo serán sus vidas en el futuro son más longevos y llevan vidas más sanas y de más calidad que aquellos que esperaban vidas más brillantes.

En nuestra sociedad, en la que sólo se valoran ciertos aspectos, está bien visto se optimista y mal visto ser pesimista.

Incluso se encuentran justificaciones a las supuestas bondades de ser optimista.

Pero, dejando de lado las patologías, puede que ser optimista no sea tan bueno como parece.

Ser optimistas no nos va a sacar del gran problema de cambio climático y colapso ecológico en el que estamos inmersos si ello nos impide hacer algo.

Ni tampoco nos va a sacar del estado de miseria moral e indigencia intelectual que, como sociedad, padecemos.

Las cosas no se arreglan solas y la Termodinámica nos enseña que la entropía crece sin parar, si no efectuamos acciones positivas todo degenera.

Obviamente no podemos hacer experimentos a escala mundial teniendo como objeto de estudio a la sociedad humana, pues nunca podemos comparar con un grupo de control en el que las cosas se han hecho distintas.

La Historia no es científica, no es reproducible, no se puede conseguir la aislabilidad y encima estamos inmersos en ella.

Sin embargo, a nivel de los individuos quizás sí tengamos posibilidades de realizar estudios. ¿Quién tendrá más posibilidades de sobrevivir, el alpinista optimista que se arriesga a subir a la cima aunque el tiempo no sea bueno o el sensato (o pesimista) que desiste?

¿Tendrá más dificultades económicas el que se metió en una hipoteca por encima de sus posibilidades pensando que siempre tendría un trabajo relativamente bien pagado como para soportarla o el precavido que se conformó con menos?

Según un estudio reciente, los individuos que tiene bajan expectativas sobre cómo serán sus vidas en el futuro viven más que aquellos que esperaban vidas más brillantes.

Esos “pesimistas” llevan además vidas más sanas y de más calidad.

Según Frieder R. Lang, de la Universidad de Erlangen-Nuremberg y autor principal del estudio, el ser optimista en predecir el futuro de nuestras vidas está asociado con mayores riesgos de sufrir muerte prematura o daños en nuestra salud en las siguientes décadas.

Añade que ser pesimista acerca del futuro puede hacer que la gente viva con más cuidado y se tomen menos riesgos y se cuide más la salud.

Lang y sus colaboradores examinaron datos recogidos entre 1993 y 2003 por una encuesta periódica en la que se preguntaba privadamente a 40.000 personas entre 18 y 96 años.

Entre otras cosas se les preguntaba sobre lo satisfechos que estaban con sus vidas y lo satisfechos que esperaban estar en los próximos 5 años.

Los investigadores dividieron los datos en tres grupos. El primero con personas entre 18 y 39 años de edad, el segundo con personas entre los 40 y 64 y el tercero por encima de 65 años.

Se pudo confirmar que, al cabo de cinco años, el 43% del grupo más maduro había subestimado su futura satisfacción con la vida, el 25 había hecho una buena predicción y el 32% la había sobreestimado.

Se pudo comprobar además que, basándose en el promedio de cambio en la satisfacción de la vida en el tiempo, cada aumento en la sobreestimación de la vida futura estaba relacionada en un 9,5% con problemas físicos y en un 10% con el riesgo de muerte.

Debido a que una visión más oscura del futuro es frecuentemente más realista, las predicciones de los más mayores pueden ser más cabales.

Por el contrario, el grupo más joven predice un futuro más brillante, mientras que los de edad media realizan las predicciones más certeras, pero terminan siendo más pesimistas con el tiempo.

Los investigadores encontraron que tener buenos ingresos económicos y una buena salud estaba asociados con buenas expectativas, pero esos individuos sufrían un mayor declive comparados con los que tenían bajos ingresos y mala salud.

Altos ingresos estaban asociados a mayores riesgos de sufrir alguna minusvalía.

Según los autores del estudio, los hallazgos no contradicen las teorías vigentes de que un optimismo no realista acerca del futuro puede algunas veces ayudar a la gente a sentirse mejor cuando se enfrentan a problemas como una enfermedad terminal.

Según Lang el resultado del optimismo, sean predicciones pesimistas precisas o no, dependen de la edad y de los recursos disponibles y que nuestras perspectivas pueden o bien ayudarnos o evitar que tomemos medidas que faciliten mejorar las posibilidades de cambio de que tengamos una vida larga y sana.

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