Corriente del Golfo ,inviernos en Europa

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A vueltas con la corriente del Golfo y los inviernos en Europa
Mapa alemán de la corriente del Golfo, 1885.
A vueltas con la corriente del Golfo y los inviernos en Europa.

El 21 de abril de 1513, hace ya mas de 500 años, una flotilla de navíos españoles comandada por Ponce de León navegaba por aguas atlánticas cercanas a Florida.

Tal y como quedó registrado en el cuaderno de bitácora de la expedición, sucedía algo extraño.

El viento era favorable para continuar la marcha pero, sin embargo, una fuerza desconocida impedía avanzar a los barcos.

Esa fue la primera vez que en Europa se tuvo conocimiento de la existencia de la corriente del Golfo aunque, claro está, el descubrimiento tardaría todavía bastante en ser comprendido y nombrado de esa forma.

Desde el golfo de México hacia el Atlántico norte, la corriente oceánica del Golfo transporta una gigantesca masa de aguas cálidas.

Desde principios del siglo XX se viene considerando como algo obvio que esa corriente de aguas cálidas desde áreas tropicales hasta las costas noroccidentales de Europa es la causante única de que los inviernos europeos sean mucho más suaves que los que se viven en el nordeste de América.

Casi es un dogma, pero como en ciencia no existe tal cosa, puede que haya llegado el momento de replantear un escenario que es obvio, por supuesto, pero que posiblemente no se ajuste por completo al mundo real.

Actualmente se cuenta con un gran arsenal de datos de satélite, sensores y modelos numéricos climáticos y oceánicos, aunque todavía queda mucho por hacer a la hora de comprender el funcionamiento real de la máquina global del clima.

¿Puede explicar ese arsenal de información por qué los inviernos en el norte de Europa son más benignos que los de las mismas latitudes de Estados Unidos o Canadá?

Es más, ¿la desaparición del hielo ártico supondría un freno a la corriente del Golfo?

Este último punto, el de la detención de la “cinta transportadora” de la gran corriente como amenaza climática para Europa también está empezando a matizarse porque, a fin de cuentas, la cuestión es endiabladamente compleja y las cosas nunca son tan sencillas como parecían.

La inmensa capacidad de almacenamiento y transporte de calor de los océanos puede hacernos pensar que estamos ante la razón de que en Canadá lo pasen muy mal en el invierno, cuando en las mismas latitudes europeas el panorama es mucho más benigno.

Lo mismo sucede, al contrario, con la costa oeste canadiense, con inviernos suaves comparados con los de la Rusia oriental, solo que allí el principal jugador sería el océano Pacífico.

La idea viene de lejos.

El oceanógrafo estadounidense Matthew Fontaine Maury fue quien estableció la posible relación entre las aguas cálidas de la corriente del Golfo con los inviernos moderados en el norte europeo, a través de una adición de calor a los vientos del oeste que circulan hacia nuestro continente.

También fue el primero en afirmar que, de cesar esa transferencia de calor, los vientos llegados a Europa serían mucho más fríos y, por lo tanto, los inviernos pasarían a semejar a los del norte canadiense.

Bien, está claro ¿no es así? Pues parece que no lo es tanto o, la menos, habría que matizar la teoría.

En el número de abril de Investigación y Ciencia acabo de leer un artículo de los oceanógrafos Stephen C. Riser y M. Susan Lozier en el que se recopilan los últimos modelos sobre la corriente del Golfo, muchos de las cuales ya había visto referidos en otras publicaciones anteriormente.

Lo bueno del artículo es que muestra un panorama de conjunto sobre las tendencias en lo que a la investigación climática sobre la corriente del Golfo se refiere y lo que deja muy claro es que estamos lejos, muy lejos, de aclarar el problema por completo.

La pintura global que se dibuja sobre este asunto es mucho más compleja de lo que podría pensarse en un principio.

Por una parte, existen modelos climáticos que explican parte de las características de los inviernos europeos sin que se necesite implicar a la corriente del Golfo.

He ahí, por ejemplo, el modelo de Richard Seager y colaboradores, de la Universidad de Columbia, que estudia la influencia de la corriente en chorro atmosférica y su interacción con las montañas Rocosas.

Puede parecer increíble que algo que sucede en la vertical de las Rocosas pueda relacionarse con los inviernos europeos, pero la cosa tiene mucha miga.

Todo en la máquina climática está interconectado, por lo que el modelo de Seager pudiera ser realmente ajustado a la realidad o, al menos, a parte de ella.

Según Seager, las diferencias de temperatura a ambos lados del océano se deberían a la distribución de vientos, modificados por las Rocosas y al calor acumulado en las aguas atlánticas cerca de la costa europea.

Sin embargo, ese calor no podría ser responsable de toda la moderación en los inviernos europeos porque en el modelo falta energía suficiente que, según otros autores, sí sería entregada por la corriente del Golfo.

Y así estaban las cosas hasta hace dos años. Entonces, en 2011, los climatólogos Yohai Kaspi y Tapio Schneider publicaron varios estudios sobre modelos numéricos de la atmósfera y el océano.

Para ellos, el núcleo del problema estáría en la presión atmosférica.

La corriente del Golfo seguiría siendo muy importante, pues el calor liberado a lo largo de su recorrido generaría un sistema estacionario de altas presiones sobre la costa este norteamericana y otro de bajas presiones en medio del Atlántico norte.

 Así, los vientos cálidos quedarían encauzados hacia Europa y los fríos hacia Norteamérica.

Así que, a día de hoy, tenemos varios ingredientes en el problema de los inviernos suaves en Europa.

Está la idea clásica del efecto moderador de la corriente del Golfo, la idea de que lo más importante son los vientos del oeste y el asunto de los sistemas de altas y bajas presiones.

Y ahí es donde está el nudo de esta trama, en distinguir qué ingrediente es el más importante.

Las simulaciones numéricas actuales ofrecen demasiada incertidumbre como para poder, ahora mismo, establecer una primacía sobre tal o cual aspecto de entre los mencionados.

La acumulación de datos climáticos procedentes de sensores está comenzando a dar sus frutos y las simulaciones están mejorando pero, tal y como se afirma en el artículo citado, la importancia real de la corriente del Golfo y del resto de elementos presentes en el complejo mosaico climático global no se podrá determinar con cierto grado de seguridad hasta al menos dentro de una década.

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