El tumbasolarismo y la crema

El tumbasolarismo y la crema
El ser humano parece gozar con lo que le perjudica. alcohol, la comida grasa y en exceso, el sedentarismo, placeres clásicos y modernos.

Pero ahora que, una vez más, ha llegado el verano y muchos de nosotros nos disponemos a disfrutar de las vacaciones, debemos añadir un nuevo placer a la lista, placer que podríamos llamar “tumbasolarismo”.

El tumbasolarismo, como su nombre indica, significa “disfrutar tumbándose al sol”, preferentemente en una playa del Mediterráneo.

El tumbasolarismo es un placer que, si no se mantiene bajo control, puede acarrear consecuencias peligrosas, aunque tolerables, como el melanoma u otros cánceres de piel, o consecuencias sin peligro, pero absolutamente inaceptables para cualquiera hoy en día, como las arrugas y el envejecimiento prematuro.

Lo mejor que podemos hacer para impedir los daños frontales, dorsales y colaterales del tumbasolarismo es evitar tumbarnos al Sol.

Esto es muy difícil de conseguir en España.

 ¿Cómo hubiéramos construido nuestra economía de la construcción si no hubiera sido por el “bum” del tumbasolarismo y su fomento activo? ¿Cuántos millonarios menos tendríamos en nuestro país?

¿Cuántas inmobiliarias no hubieran visto nunca la luz del Sol? No, en este país no podemos permitirnos el lujo de no tumbarnos al sol en vacaciones.

Así pues, debemos protegernos del sol de otra manera, sobre todo si deseamos que nuestra piel no envejezca prematuramente.

Afortunadamente, desde hace ya varias décadas, disponemos de cremas bronceadoras con sustancias que absorben o dispersan los dañinos rayos ultravioleta del Sol, que son los causantes de todas las maldades en nuestra piel.

Pero, ¿son fiables estos productos?

¿Cómo funcionan?

¿Qué quiere decir el factor de protección numérico que todos muestran en el frasco?
Las cremas protectoras solares son similares a otras cremas hidratantes no protectoras que, además de los componentes normales, contienen en su composición substancias que absorben o dispersan los rayos ultravioleta (UV) del Sol.

De acuerdo a la clase de componentes y a su concentración, cada crema ofrece un factor de protección diferente, (normalmente de valor comprendido entre 4 y 30) que indica el número por el que se puede multiplicar el tiempo exposición normal al sol sin sufrir quemaduras.

Así, si usted puede estar diez minutos al sol sin quemarse, una crema de factor 10 le permitirá estar al sol por 100 minutos.

Los rayos ultravioleta del Sol son de tres clases, UVA, UVB y UVC, de acuerdo a su nivel creciente de energía. Los rayos UVC son los más energéticos y, por tanto, los más dañinos.

Ninguna crema protectora nos protege de ellos. Afortunadamente, no son capaces, en condiciones normales, de atravesar la atmósfera, ya que son absorbidos por los gases de las capas altas de la misma.

Por esta razón, tampoco llegan a incidir sobre nuestra querida piel.

Los UVB son los rayos ultravioleta que pueden causarnos las quemaduras, tan molestas y tan dañinas para nuestra piel.

En general, las cremas protectoras nos protegen adecuadamente de los UVB. Sin embargo, numerosos estudios de los últimos años indican que, a pesar de ser los menos energéticos, los rayos UVA pueden también causar daño a nuestra piel e incluso promover la formación y la metástasis de melanomas. La protección para los rayos UVA que ofrecen las cremas protectoras es más problemática.

De hecho, informes recientes que pueden consultarse en Internet indican que a menos que la crema contenga avobenzona (también conocida como Parsol 1789), oxido de zinc, o dióxido de titanio, no ofrecen protección adecuada contra los rayos UVA.

Y precisamente, el óxido de titanio se encuentra ahora en el ojo del huracán de verano como componente de estas cremas protectoras.

He dicho antes que los componentes de las cremas protectoras bien absorben los rayos ultravioletas, bien los dispersan. El dióxido de titanio es de esta última clase de componentes, y este es su principal interés.

La razón es que mientras los compuestos que absorben los rayos UV lo logran solo con determinadas frecuencias de estas ondas, las substancias que los dispersan son de más amplio espectro, por lo que son capaces de frenar los UVA y los UVB.

La dispersión es el fenómeno por el que una partícula, de polvo, de agua, o de dióxido de titanio, refleja la luz en todas direcciones y no la deja pasar libremente.

Si ha visto usted alguna película de Steven Spielberg, o en la que aparezca Londres por la noche, seguramente en alguna escena habrá visto como los focos de luz son dispersados por las micro gotas de agua suspendidas en el aire que forman la niebla.

Este fenómeno sucede con luces de todas las frecuencias, por lo que también sucede con los rayos UVA y UVB.

Algunas cremas protectoras contienen micropartículas de dióxido de titanio.

El problema es que el dióxido de titanio es blanco, un color que es preferible evitar en una crema que, de todas formas, uno se aplica para ponerse moreno.

Para remediar el color blanco, la tecnología nos permite hoy fabricar nanopartículas, es decir, partículas mil veces más pequeñas en tamaño que las micropartículas utilizadas normalmente.

Estas partículas son transparentes para la luz visible, y las cremas que las contienen no son de color blanco, sino translúcidas.

Su aplicación no disminuye, por consiguiente, el tono moreno de la piel que podamos haber conseguido.

Hasta aquí, perfecto, o casi. Estudios recientes sugieren que existe el peligro de que las nanopartículas, siendo tan pequeñas, puedan pasar a la sangre desde la piel, y tal vez llegar al cerebro, en caso de poseer uno todavía no completamente chamuscado por el fútbol o el sol.

Una vez en el cerebro, las nanopartículas pueden causar daño a las células de la glia, unas células especiales que protegen a las neuronas de enemigos indeseados. Esto podría, a largo plazo, causar daño neuronal.

Aunque los estudios realizados hasta la fecha con animales no demuestran, sino simplemente sugieren, que las nanopartículas de dióxido de titanio son dañinas para el cerebro, no está de más tomar precauciones, o no tomar tanto el sol.

Tenga en cuenta que ninguna crema, ni camiseta, ni sombrilla, puede protegerle por completo de los rayos UVA y UVB, mientras que está usted completamente a salvo de su efecto dentro de su casa, saboreando una cerveza mientras lee, escucha la radio, o ve la televisión.

Al fin y al cabo, de lo que se trata en vacaciones es de perder la negrura, no de ganarla, que bastante “negros” nos ponemos ya durante once meses de trabajos esforzados.

Publicado por Jorge Laborda en Quilo de Ciencia 
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