Olores que nos gustan y los que no

Olores que nos gustan y disgustan
Cómo las neuronas nos permiten conocer los olores que nos gustan y disgustan.

Piense en el olor del pan recién horneado.

Hay algo en ese olor – sin otras indicaciones visuales o táctiles – que nos hace ir a la panadería.

Por otro lado, puede haber un olor, por ejemplo, el de pescado fresco, que no le guste; pero sin embargo, si no ha probado un bocado en tres días, el olor a pescado puede resultar más atractivo.

Las manchas verdes dentro de los círculos son los cuerpos celulares de dos neuronas dNPF, uno en cada hemisferio del cerebro de la mosca de la fruta.

Crédito: Cortesía de Zhong Lab,Cold Spring Harbor Laboratory

El grado en que estas células responden a los olores de los alimentos específicos corresponde a lo mucho o poco que a la mosca le gustan los olores, según se refleja en su comportamiento.

¿Qué mecanismos biológicos subyacentes nos permiten determinar de forma casi instantánea e inconsciente cuán atractivo (o desagradable) resulta un olor en particular?

Para los científicos que estudian la obesidad es una pregunta muy importante: tenemos que entender mucho mejor los procesos biológicos sobre la selección y preferencia de los alimentos.

Ahora, una nueva investigación revela un conjunto de células en el cerebro de la mosca de la fruta que responden específicamente a los olores de los alimentos.

Sorprendentemente, el equipo de científicos ha descubierto que el grado en que estas neuronas responden, cuando a la mosca se le presentan diferentes olores de alimentos – manzana, mango, plátano – predice increíblemente bien el grado en que a las moscas les ‘gusta’ un olor determinado”

Dice la autora principal del trabajo de investigación, Dra. Jennifer Beshel, investigadora postdoctoral del laboratorio del profesor Zhong Yi de Cold Spring Harbor Laboratory.

“Todos sabemos que nos comportamos de manera diferente ante diferentes alimentos, que tenemos distintas preferencias. También sabemos que cuando tenemos hambre nos comportamos de manera diferente ante los alimentos”, explica la Dra. Beshel.

“El Dr. Zhong y yo queríamos encontrar la parte del cerebro que podría ser responsable de este tipo de comportamiento.

 ¿Hay en alguna parte del cerebro que se ocupa de los olores de los alimentos en particular? ¿Cómo cambia la actividad del cerebro cuando tenemos hambre? ¿Podemos manipular un área del cerebro y cambiar el comportamiento?”

Cuando Beshel y Zhong examinaron la respuesta de las neuronas que expresan un péptido llamado dNPF ante una gama de olores, observaron que sólo respondían a olores de alimentos (dNPF es el análogo de la mosca del neuropéptido Y que induce el apetito en las personas).

Por otra parte, las neuronas respondían más a esos mismos olores de los alimentos cuando las moscas tenían hambre.

La amplitud de la respuesta, de hecho, podía predecir con gran precisión el grado en que un determinado olor de un alimento resultaba agradable para las moscas.

Cuando desactivaron esas neuronas, las moscas ignoraron su olor preferido. Por el contrario, al activar a distancia esas neuronas, lograron que repentinamente las moscas buscaran los olores que antes habían tratado de evitar.

Como lo explica la Dra. Beshel, la idea más general es que hay áreas en el cerebro que podrían estar involucradas específicamente en las preferencias por los olores.

La actividad de las neuronas en otras áreas en el cerebro puede que sólo tome nota de lo que es una cosa – ¿es una manzana o pescado? – sin registrar o atribuir un valor particular, ya sea sobre su deseabilidad intrínseca o su atractivo en un momento dado.

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Fuente: Cold Spring Harbor Laboratory
Publicado por : cienciaaldia Creative Commons.
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