La gran estafa de Clifford Irving

 Edith y Clifford Irving
Clifford Irving era un escritor que, a finales de los años sesenta, acumulaba ya una larga peripecia vital: había viajado por todo el mundo, iba ya por su cuarto matrimonio (a ninguna de las cuatro les había sido fiel), tenía tres hijos y había publicado varios libros, alguno con cierto éxito.

Tras mucho vagabundear, se había asentado en las islas Baleares, mas concretamente en Ibiza, donde llevaba varios años residiendo.

Allá por 1970, en Palma de Mallorca, Irving se encontró con Richard Suskind, un viejo amigo suyo, tan viajero como él (había sido soldado en la Segunda Guerra Mundial, marino mercante, soldado del ejército israelí, había vivido en Francia, Italia y España, y por aquel entonces escribía libros infantiles).

De sus conversaciones surgiría la idea de llevar a cabo uno de los fraudes literarios más famosos de la historia.

En enero de 1971 Irving se dirigió a su editorial habitual, la McGraw-Hill, presentándose como el agente literario del magnate Howard Hughes.

Según contó a los ejecutivos de la editorial, Hughes se había puesto en contacto con él después de que su último libro, Fake! (una biografía del pintor húngaro Elmyr de Hory, uno de los mayores falsificadores de arte del siglo XX) le hubiera llamado la atención.

Su intención era que Irving lo ayudase a redactar su autobiografía, un proyecto largamente acariciado y que quería mantener en secreto, y cuya redacción se basaría en una serie de largas entrevistas que ambos mantendrían en distintas partes del mundo (incluida una pirámide maya, algo que cuadraba bien con el carácter excéntrico de Hughes).

Irving tenía carta blanca para negociar con las editoriales en su nombre.

Y enseguida los representantes de McGraw le pidieron que se reuniera con ellos para llegar a un acuerdo.

La biografía de Howard Hughes era un caramelo difícil de rechazar.

Había sido una de las figuras más destacadas de la sociedad norteamericana del siglo XX: multimillonario heredero de una gran empresa, brillante diseñador de aviones y piloto de pruebas de sus creaciones, productor de cine, amante de algunas de las mujeres más deseadas del país, como Katherine Hepburn, Rita Hayworth, Gene Tierney o Ava Gardner.

Era un auténtico mito, y su biografía sin duda se convertiría en el acontecimiento literario de la década, y tendría aseguradas ventas millonarias.

Por aquel entonces, Hughes llevaba más de una década retirado de la vida pública, viviendo como un ermitaño recluido en distintos hoteles centroamericanos (padecía un caso grave de trastorno obsesivo-compulsivo que le hacía tener ideas paranoicas y un miedo extremo a los gérmenes).

Incluso algunos rumores decían que estaba gravemente enfermo o incluso muerto.

Precisamente, ese fue uno de los motivos por los que había sido elegido por Irving y Suskind: creían que, por su reclusión autoimpuesta y su carácter esquivo y huraño, Hughes no se enteraría del montaje o no querría o no podría aparecer en público para desmentirlo.

Como prueba de sus palabras, Irving mostró a los negociadores de McGraw-Hill varias cartas supuestamente escritas por el magnate, pero que en realidad había falsificado.

Finalmente, la editorial pagó 765000 $ por el manuscrito (una cantidad jamás pagada por los derechos de libro alguno), de los cuales 100000 serían para Irving y el resto para Hughes, pagados en cheques a nombre de H. R. Hughes (para cobrarlos, la esposa de Irving, Edith, abrió una cuenta en un banco suizo a nombre de "Helga R. Hughes").

Para redactar las falsas memorias, Irving y Suskind rebuscaron toda la información disponible sobre Hughes, incluidos recortes de prensa, los archivos de la editorial Time-Life (editora de las famosas revistas Time y Life) y una copia de las memorias de Noah Dietrich, antiguo colaborador de Hughes, que Irving había robado a su autor, James Phelan, quien intentaba encontrar quien la publicase.

El libro (con anotaciones supuestamente de la mano de Hughes) pasó todas las pruebas a las que fue sometido, aunque algunas personas del entorno de Hughes expresaron sus dudas.

La editorial anunció públicamente en diciembre de 1971 la publicación del libro para el siguiente marzo, con un gran despliegue publicitario.

Y cuando el libro ya estaba listo, se habían impreso los primeros ejemplares y el engaño parecía estar a punto de triunfar, sucedió lo inesperado: Hughes volvió a dar señales de vida.

El 9 de enero de 1972, siete periodistas, que conocían a Hughes de años atrás y podían identificar su voz, se reunieron para asistir a una conferencia telefónica con el magnate, quien los había convocado dos días antes.

Era la primera vez que Hughes hablaba en público en catorce años.

Durante el encuentro (que fue televisado) Hughes afirmó no conocer de nada a Irving, ni haberse entrevistado con el jamás, negó haber escrito su biografía ni haber dado permiso para ello, y reveló que llevaba años sin salir de las Bahamas.

Después del anuncio, Irving argumentó que se trataba de un impostor y el libro era legítimo, y se marchó con su mujer a su casa de Ibiza.

El abogado de Hughes, Chester Davis, presentó apenas unos días después denuncias contra Irving, McGraw-Hill, la revista Life (que planeaba publicar extractos del libro) y Dell Publishing (que iba a editar el libro en formato de bolsillo).

Empezaron a aparecer nuevas pruebas de la falsificación; por ejemplo, James Phelan descubrió que en el libro había grandes fragmentos copiados literalmente de su manuscrito.

Mientras, por su parte, la policía suiza investigaba la cuenta en la que había sido ingresado el dinero pagado por la editorial.

Se identificó a Edith Irving como la persona que había abierto la cuenta y manejado el dinero. Interrogados en Ibiza, el matrimonio volvió a negarlo todo y dijeron haber sido suplantados.

También se descubrió que las fechas de los supuestos encuentros entre Irving y Hughes no coincidían con los verdaderos movimientos del escritor (en realidad, estaba reuniendo información sobre Hughes o viéndose con alguna de sus amantes).

Finalmente, acosado por la ley y viendo cómo se acumulaban las pruebas en su contra, Irving decidió entregarse y confesar.

El 28 de enero los Irving confesaron públicamente su delito y el 13 de marzo comparecieron, junto a Suskind, ante un tribunal federal acusados de fraude.

El 16 de junio fueron declarados culpables; Irving, pese a que devolvió íntegramente el dinero, fue condenado a dos años y medio de cárcel, de los que cumplió diecisiete meses.

Suskind, a seis meses (de los que cumplió sólo cinco por buena conducta) y Edith, a dos años, aunque la pena fue luego suspendida y sólo cumplió dos meses.

Tras su liberación, Irving se instaló en México durante unos años, para luego mudarse a Santa Fe y luego a Aspen, donde todavía vive llevando una vida discreta y tranquila.

Siguió escribiendo, publicando numerosos libros (varios de los cuales fueron éxitos de ventas), incluida su Autobiografía. En 1981 publicó The Hoax, narrando los pormenores de la estafa.

En 2007 se rodó una película basada en el libro, también titulada The Hoax, protagonizada por Richard Gere. Irving no quedó nada satisfecho del resultado, acusando a la película de tener numerosos añadidos inventados y definiéndola como "un engaño sobre un engaño".

La falsa autobiografía de Hughes se publicó en internet en 1999, y no sería editada como libro hasta 2008.

Y por último, dos "efectos colaterales" del escándalo.

Primero, Hughes se vio obligado a mudarse, porque cuando se hizo público que llevaba varios años viviendo en un hotel de las Bahamas, las autoridades de inmigración bahameñas se dieron cuenta de que ni el ni sus asistentes tenían los permisos de trabajo ni de residencia necesarios para permanecer en el país.

Y segundo, la relación de la estafa con otro sonoro escándalo sucedido en el 72: el caso Watergate.

Al parecer, Richard Nixon temía que Hughes hablara públicamente de sus tratos con su hermano Donald Nixon (quien había recibido del millonario un préstamo de mas de 200000 $ en 1957, que se interpretó como una contribución encubierta a la carrera política de Richard).

Aunque luego se demostró la falsedad de las memorias de Hughes, muchos creen que fue el miedo a que el magnate hubiera hablado con el Partido Demócrata el que impulsó a Nixon a ordenar colocar micrófonos en la sede del Comité Nacional demócrata.

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