¿Preferimos el dolor a pensar en soledad?

¿Preferimos el dolor a pensar en soledad?
¿Preferimos el dolor a pensar en soledad?

Por Nuria Llavina

Todo el mundo disfruta de soñar despierto o fantasear, pero no siempre.

Al parecer, este tipo de pensamientos podrían ser más agradables cuando se producen espontáneamente.

Una investigación reciente llevada a cabo por investigadores de la Universidad de Virginia y de Harvard, ambas en Estados Unidos, ha concluido que, en realidad, nos cuesta estar solos en nuestros pensamientos y que preferimos estar siempre haciendo algo, aunque ese algo pueda incluso ser herirnos a nosotros mismos.

¿Por miedo? ¿Por aburrimiento?

Analicemos el estudio, que se publicará próximamente en la revista Science.

La investigación ha encontrado, tras el análisis de 11 experimentos, que la mayoría de participantes de una amplia variedad de edades preferiría hacer algo que no hacer nada o estar simplemente sentados a solas con sus pensamientos, pensando, reflexionando o soñando despiertos.

Por el contrario, en general disfrutaron mucho más haciendo actividades externas, como escuchar música o utilizar el teléfono móvil.

Y algo un poco sorprendente y sórdido: algunos incluso prefirieron darse leves descargas eléctricas antes que pensar.

Los científicos siguen trabajando sobre las razones exactas por las que las personas tienen dificultades para estar a solas con sus propios pensamientos.

De entrada, la idea según ellos es que la mente está diseñada para interactuar con el mundo, e incluso cuando estamos solos, nuestro enfoque generalmente está en el mundo exterior.

Sin el entrenamiento en la meditación o técnicas de control del pensamiento, que siguen siendo difíciles, la mayoría de la gente prefiere, al parecer, participar en actividades externas.
Tiempo en soledad

El período de tiempo “en soledad” que los investigadores pidieron a los participantes varió de 6 a 15 minutos.

Los primeros estudios incluyeron como participantes a estudiantes universitarios, la mayoría de los cuales refirieron que este “período de pensar” no era muy agradable y que dificultaba la concentración.

Este hecho motivó a los científicos a incluir, en trabajos posteriores, a personas de diferentes edades, de 18 a 77. Los resultados fueron, en esencia, los mismos.

Incluso las personas mayores, por lo tanto, no mostraron un cariño especial al hecho de estar en soledad.

Los científicos no han atribuido estos resultados al rápido ritmo de la sociedad contemporánea, o la prevalencia de dispositivos electrónicos fácilmente disponibles. Por el contrario, opinan que estos dispositivos podrían ser precisamente una respuesta al deseo de la gente de tener siempre algo que hacer.

De hecho, ellos mismos destacan que las encuestas generales siempre han puesto de manifiesto la necesidad de los individuos de no desvincularse del mundo.

Sobre la base de estas encuestas, los investigadores destacan el hecho de que los estadounidenses emplean gran parte de su tiempo viendo la televisión, socializando o leyendo, pero para nada relajándose sin hacer nada o, simplemente, pensando.

Durante varios de los experimentos se pidió a los participantes que se sentaran solos en un cuarto sin adornos ni teléfono móvil, leyendo o escribiendo, y que pasaran de 6 a 15 minutos (según el estudio) entreteniéndose con sus pensamientos.

Después, los participantes tuvieron que responder a preguntas acerca de lo mucho que disfrutaron la experiencia y si habían tenido dificultad para concentrarse, entre otras cuestiones.

La mayoría de participantes informó que encontraron dificultades para concentrarse y que sus mentes divagaron a pesar de que nada estuviera entorpeciendo su atención.

En general, los participantes no disfrutaron de la experiencia.

Otros estudios en los que se pidió a los individuos que vivieran la misma experiencia pero en el hogar mostraron resultados muy parecidos.

De hecho, según los investigadores, una tercera parte de los participantes admitió haber “engañado” y participado en alguna actividad, como por ejemplo escuchar música, usar el móvil o, sencillamente, levantarse de la silla.

En un experimento adicional, se asignó al azar a diferentes participantes a pasar tiempo con sus pensamientos o la misma cantidad de tiempo haciendo una actividad externa, como leer o escuchar música, pero no comunicarse con los demás.

Aquellos que pudieron realizar actividades externas informaron haberse divertido mucho más que aquellos que sólo pensaron.

También refirieron una mayor capacidad de concentración.

Mejor sufrir haciendo algo que pensar

Tras conocer que la mayoría de la gente prefiere tener algo que hacer en lugar de sólo pensar, la última pregunta que se hicieron los investigadores fue: ¿preferiríamos incluso hacer una actividad desagradable que ninguna actividad?

De forma sorprendente, los resultados muestran que muchos sí.

Se volvieron a repetir las mismas situaciones que en los anteriores experimentos, pero esta vez administrando una descarga eléctrica suave a sí mismos pulsando un botón.

Doce de los 18 hombres en el estudio se auto-administraron al menos una descarga eléctrica durante 15 minutos en el período de “reflexión”.

En comparación, tan sólo 6 de 24 mujeres lo hicieron.

Según los investigadores, lo sorprendente es que estar a solas con sus pensamientos durante 15 minutos fue aparentemente tan malo que llevó a muchos participantes a la libre administración de una descarga eléctrica.

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