¿Como los búhos pueden girar su cabeza sin morir?

Descubren por qué los búhos pueden girar su cabeza sin morir Descubren por qué los búhos pueden girar su cabeza sin morir.

Un punto débil en nuestro cuerpo es el cuello.

Si alguna vez has intentado imitar a la niña del exorcista, posiblemente hayas acabado retorciéndote patéticamente sobre ti mismo.

Y si lo has conseguido, posiblemente estés muerto al destrozarte las arterias que van a la cabeza.

Sin embargo, como si estuvieran poseídos por el mismísimo demonio, los búhos pueden girar la cabeza en una amplitud de 270º.



Las artes marciales se encargan de recordárnoslo apuntando al cuello como diana para dejar a alguien inconsciente.

Incluso podemos sufrir heridas nosotros mismos si lo giramos rápidamente.

Esto es debido a que si sufrimos algún daño en el cuello nuestro flujo de sangre al cerebro disminuye y rápidamente notamos sus consecuencias.

En los hospitales están acostumbrados a ver casos de rotura de arterias producidos por giros rápidos de cabeza, y no solamente en casos extremos como accidentes de tráfico, sino también en víctimas de montañas rusas o de masajes quiroprácticos mal realizados.

Por eso a los especialistas de imagen neurológica, acostumbrados a detectar este tipo de lesiones, les sorprenden los búhos. Los búhos son un tipo de ave conocida por el peso de su cabeza y su capacidad para girarla.

Cual niña del exorcista, los búhos pueden girar la cabeza hasta 270 grados en cualquier dirección sin sufrir daños ni cortar el suministro de sangre al cerebro.

Podríamos pensar que deben tener unas arterias más fuertes en el cuello, sin embargo, las arterias del cuello de la mayoría de animales (búhos y humanos incluidos) son muy susceptibles a su rotura y a pequeños desgarros.

 ¿Qué tienen los búhos para poder girar la cabeza?

Para investigarlo un equipo de médicos de la Universidad John Hopkins en Estados Unidos recogió en el bosque diferentes especies de búho que habían muerto de causas naturales y les realizaron varias pruebas habituales en un hospital.

Inyectaron un tinte en las arterias del búho imitando el flujo sanguíneo del búho vivo, mientras obtenían imágenes a través de un escáner de rayos X que les permitían estudiar la distribución de sangre en el búho mientras le giraban la cabeza manualmente.

La primera sorpresa residía en la distribución de los vasos sanguíneos.

En los seres humanos las arterias son grandes cerca del corazón, donde se produce el bombeo de sangre, y se distribuye hacia todo el cuerpo en ramificaciones cada vez más pequeñas.

En caso de la cabeza de los búhos es justo al contrario: existe una arteria por debajo de la mandíbula que a medida que avanza hacia el cerebro se vuelve cada vez más grande y la sangre acaba regando el cerebro por la formación de embalses.

Estos embalses sanguíneos actúan de presa, lo que provee de una reserva sanguínea adicional en caso de que se corte su circulación sanguínea al girar la cabeza.

En caso de los humanos, con nuestras pequeñas ramificaciones de arterias nos aseguramos que la sangre llegue a cualquier rincón escondido del cerebro pero a cambio no contamos con ninguna protección en caso de cortar el flujo de sangre al cerebro, desmayándonos en cuestión de segundos.

Solucionado el problema del flujo sigue habiendo otro problema: ¿Cómo evitan los búhos que sus arterias se rompan al girarse?

Para ello han desarrollado pequeñas diferencias adaptativas que protegen las arterias. Por ejemplo en el ser humano una de las arterias principales que aporta sangre al cerebro pasa a través de orificios huecos entre nuestras vertebras, así están más protegidas a golpes externos.

En cambio en los búhos el sistema es el mismo, sólo que hay un hueco de aire superior, es decir, la arteria tiene un hueco adicional para su desplazamiento, esto le permite poder retorcerse con facilidad sin encontrarse obstáculos que lleven a su rotura.

Además, como al girar el cuello cortan el flujo de sangre al cerebro, han desarrollado una via alternativa que recircula la sangre de vuelta al corazón evitando que se acumule presión sanguínea.

Actualmente los científicos se plantean comprobar si se producen las mismas adaptaciones en otras aves que giran el cuello, como el halcón.

Lo que queda comprobado es que, en cuestión de cuanto podemos aguantar sin sangre en el cerebro, los búhos nos ganan por goleada.

Usando angiografías y tomografías computarizadas en cadáveres de búhos, e imitando el flujo sanguíneo, se estudió las arterias que van desde el cuello a la base del cráneo.

Entonces descubrieron que, a diferencia de lo que pasa en los humanos, los vasos se hinchaban conforme se introducía contraste.

búhos pueden girar su cabeza

Los investigadores supusieron que estos depósitos de sangre permiten a los búhos realizar rotaciones de gran amplitud, minimizando la interrupción del flujo. Otra diferencia respecto a nosotros son los foramenes transversos de las vértebras cervicales (los orificios laterales por donde pasan las arterias vertebrales).

En este caso, su diámetro era 10 veces mayor que la arteria que contenía. Esto permite que las arterias vertebrales se muevan cuando el búho gira la cabeza.

Además, a diferencia que en otras aves, la arteria vertebral en vez de entrar en la 12ª vértebra cervical, lo hace en la 14ª. También tienen una pequeña anastomosis entre las arterias vertebrales y carótidas que permiten que se intercambie la sangre entre ambos pares de vasos.

Esto permite un flujo ininterrumpido de sangre al cerebro, incluso cuando la ruta está bloqueada por una rotación cervical extrema. En los humanos, el equivalente sería el polígono de Willis.

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