En busca de la aterosclerosis perdida

 En busca de la aterosclerosis perdida
En busca de la aterosclerosis perdida.

Muchos piensan que algunas enfermedades han aparecido con la modernidad que nos sumerge.

Los catarros siempre han existido, pero enfermedades como la aterosclerosis y los problemas cardiovasculares que conlleva, así como los diversos tipos de cáncer, son enfermedades propias de nuestro tiempo.

Y bien, en el caso de la aterosclerosis, un reciente estudio que vamos a describir indica con claridad que va a ser que no.

La aterosclerosis es la forma más frecuente de arteriosclerosis, una de las principales amenazas para nuestro sistema cardiovascular.

Esta enfermedad, lenta y traicionera, causa el progresivo endurecimiento de las arterias y su estrechamiento, lo que puede conducir incluso a la oclusión de alguna de ellas y a la detención del flujo sanguíneo que transporta, lo cual, en ciertos casos, puede causar la muerte inmediata.

En el caso de la aterosclerosis, la causa del estrechamiento de las arterias es la formación de placas de ateroma en las paredes arteriales.

Estas placas están constituidas por un núcleo compuesto por lípidos, entre ellos el famoso colesterol, cubierto por una capa fibrosa.

En general, las placas solo ocupan una parte de la circunferencia de la pared arterial, formando parches de variado tamaño a lo largo del vaso.

Estos parches aumentan en número a medida que la enfermedad avanza.

Por lo que conocemos sobre el desarrollo de esta enfermedad, parece que esta se desarrolla en gran medida debido a nuestro modo de vida moderno, sedentario e hipercalórico.

Si esto es cierto, es claro que los antiguos habitantes del planeta, ya desaparecidos, no poseerían en sus arterias los preocupantes y molestos parches propios de esta enfermedad.

Claro que, ¿cómo podemos saber si esto es cierto?

No parece posible analizar el estado de las arterias de personas que llevan muertas cientos o incluso miles de años.

No parece posible, pero lo es. Un grupo de investigadores ha sido capaz de analizar el estado de las arterias de los antiguos egipcios y compararlo con el de sus modernos compatriotas.

Gracias a las modernas tecnologías de imagen médica, los investigadores son capaces de analizar el estado de las arterias de 178 pacientes de cáncer, que debían someterse a una tomografía asistida por ordenador para analizar el estado de sus tumores, con el estado de las arterias de nada menos que 76 momias egipcias, analizadas mediante la misma tecnología, que datan desde el año 3100 AC al año 360 DC.

Aterosclerosis momificada

Los resultados de este estudio son tan espeluznantes como las momias. La edad media de los modernos egipcios era de 52 años (con un rango de edades de 14 a 84 años) y el 61% de los pacientes poseía placas de ateroma.

Sin embargo, a pesar de que la edad media de las momias era de solo 36 años –la gente antaño moría más joven– el 38% de ellas mostró claros signos de aterosclerosis.

Este porcentaje, además, es similar al mostrado por las personas de la misma edad que viven hoy.

De hecho, si se excluía de los modernos egipcios aquellos con más de 60 años de edad, la incidencia de aterosclerosis en las momias era muy similar a la de las personas vivas hoy.

¿Es esto propio de las momias egipcias, o sucede también en momias de otras culturas?

Para averiguarlo, los investigadores analizan por tomografía asistida por ordenador varias decenas de momias procedentes de otras culturas, que incluyen el antiguo Perú, Norte América, las Islas Aleutianas, y Mongolia.

A pesar de que estas gentes llevaban modos de vida y dietas muy diferentes, y prácticamente ninguno era obeso, los datos de estos estudios indican que todos ellos sufrían ya de placas de ateroma.

Así pues, la aterosclerosis no parece ser una enfermedad moderna. Lejos de esa idea, al contrario, parece ser una enfermedad propia de la condición humana a lo largo de las épocas.

¿Existe una explicación para esto?
Inflamación y humo

No conocemos aún todos los factores que influyen en el desarrollo de la aterosclerosis, pero lo que sí está claro es que si los antiguos egipcios y miembros de otras culturas tenían una incidencia de esta enfermedad similar a la actual, las causas no pueden ser atribuidas solo a comer hamburguesas de mala calidad y engordar, y a ver demasiada televisión sentados en el sofá.

Otras causas deben ser al menos tan importantes como estas para explicar el desarrollo de la aterosclerosis.

Por lo que sabemos, una de estas causas es la inhalación de humo, en tiempos modernos, el humo del tabaco, pero en tiempos no tan modernos, el humo de hogares y cocinas de carbón y leña.

En este sentido, es curioso que las momias de mujeres muestren mayor incidencia de placas de ateroma que las de hombres.

Eran las mujeres las que más tiempo sin duda pasaban en la cocina tragando humo.

Otro de los factores importantes que inciden en el desarrollo de las placas de ateroma es la inflamación, que se produce en respuesta a infecciones y parásitos de todo tipo.

Evidentemente, los antiguos vivían mezclados con animales domésticos de todo tipo y desconocían la existencia de parásitos y gérmenes, por lo que su sistema inmune se encontraba en un estado de inflamación permanente.

Sea como fuere, estos estudios indican que la aterosclerosis tiene múltiples causas que han existido desde la misma prehistoria.



La evolución de los tiempos ha podido cambiar el peso de unas y de otras en el desarrollo de esta enfermedad, pero, a la postre, parece que esta nos acompañará en el futuro, como lo hizo en el pasado.

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