Desmontando el mito de las chicas malas

bullying
Imagen | Lee Morley (Flickr)
La agresión relacional no es cosa solo “de chicas”

La agresión relacional (o bullying relacional) se define como la manipulación intencionada que tiene el objetivo de herir o controlar la capacidad de otro niño o niña mantener una buena relación con sus compañeros.

No es el típico acoso físico o verbal, sino una forma más sutil de agresión, que utiliza relaciones para dañar o manipular a otros.

Pues bien, según muchos estudios realizados, este tipo de violencia se da principalmente en las niñas.

Rumores, chismes, exclusión social, la negación de hablar o todas juntas son conductas tradicionalmente asociadas al género femenino.

Desmontando este mito de las “chicas malas”, una nueva investigación de la Universidad de Georgia, en Estados Unidos, ha encontrado que los chicos podrían utilizar la agresión relacional (rumores maliciosos, y exclusión y rechazo social) para dañar o manipular a los demás con más frecuencia que las chicas.

El estudio se ha publicado en la revista Aggressive Behavior.

Diferentes formas de comunicación

Las investigaciones realizadas hasta ahora y que otorgan a agresión relacional una preferencia eminentemente femenina, se refieren a las diferencias de comunicación entre chicos y chicas para explicar esta prevalencia.

Según estas teorías, lo que más importaría a los chicos es su posición en la jerarquía.

En cambio, para ellas, la comunicación es vital, y hablan entre sí para autoafirmarse, darse apoyo y validar a otras personas.

Para las chicas, la comunicación sería una forma de conectar, de demostrar lo importantes que somos unas para las otras.

Por lo tanto, la mejor forma de hacerse daño sería arrancar esta conexión: dejar de hablarse, dejar de comunicarse, excluir a nivel social.

Las chicas: víctimas

Los investigadores del estudio reciente han concluido cosas bien distintas. Analizaron datos recogidos de 620 estudiantes seleccionados al azar de seis distritos escolares del noreste de Georgia, en Estados Unidos. 

Los participantes completaron encuestas anuales, lo que permitió a los investigadores identificarlos y agruparlos en distintos grupos desde la agresión relacional a la victimización, a medida que avanzaban desde el 6º grado al 12º, es decir, 7 años.

Los expertos encontraron que, en general, la agresión relacional es un comportamiento muy común. Casi todos los estudiantes encuestados, el 96%, había transmitido al menos un rumor o había hecho un comentario desagradable sobre alguien en el transcurso del estudio. 

Asimismo, también encontraron que las experiencias de victimización parecen ser universales. Más del 90% de los estudiantes informaron de que habían sido víctimas de agresión relacional al menos una vez.

El análisis encontró tres niveles de perpetración y tres niveles de victimización: bajo, moderado y alto.

Todos estos niveles sufrían un recorrido descendente a lo largo de los años, es decir, que los niveles de perpetración y de victimización eran muy altos en la escuela media y disminuían a medida que iban pasando de curso.

Es al examinar cómo estas trayectorias diferían por sexos cuando los datos revelaron resultados inesperados: hubo un número significativamente mayor de niños que de niñas en los niveles más altos de perpetración de la agresión relacional, mientras que hubo más niñas incluidas en los niveles más altos de victimización.

En otras palabras, los chicos parecían más propensos a realizar agresión relacional que las niñas, más susceptibles de ser las víctimas.

Más información

Según los investigadores, existe mucha información disponible encaminada a que las niñas abandonen este hábito tan tipificado, así como una gran cantidad de investigación cualitativa sobre por qué las niñas son relacionalmente agresivas. 

No obstante, a su parecer, no existe suficiente investigación sobre por qué los niños serían también relacionalmente agresivos, porque en la sociedad se ha asumido que es un comportamiento principalmente femenino.

Asimismo, los expertos alertan de que los estudios sobre la victimización relacional son territorio desconocido en la literatura científica, por lo que se requiere mucha más investigación para entender por qué es más probable que las chicas sean víctimas de agresión relacional.

Agresión relacional en cuatro puntos

Burlarse o reírse de alguien, excluir, transmitir chismes y rumores (ya sea en línea, en la escuela o el lugar de trabajo), son formas de violencia emocional y psicológica. Las heridas que infligen pueden ser profundas, y dañar durante años.

Estos comportamientos humillan y estigmatizan a sus objetivos, dañando sus relaciones actuales y futuras.

A menudo, la intimidación deja a su víctima con pocas o ninguna oportunidades para explicar su punto de vista o tratar de mejorar la relación.

Las lágrimas o quejas formales legítiman el abuso. La víctima se convierte en un excluido social.

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