Los nuevos usos del caucho

Los nuevos usos del caucho
Los nuevos usos del caucho.

Por Lizbeth Serrano Gómora.

(Agencia Informativa Conacyt).- Con polvo de neumáticos de automóvil donado por empresas de Guanajuato, investigadores del Centro de Innovación Aplicada en Tecnologías Competitivas (Ciatec) fabrican productos lineales (planos), tales como suelas de zapato.

El Ciatec, con sede en la ciudad de León, Guanajuato, pertenece al Sistema de Centros Públicos de Investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Gracias a un proceso térmico de reactivación que el Ciatec desarrolló y que se hizo acreedor a una solicitud de patente, se ha logrado manufacturar este tipo de suelas de alta calidad hechas a base de llanta reciclada, las cuales utilizan moldes de placas metálicas para su producción.

El doctor Roberto Zitzumbo Guzmán, investigador del Área de Materiales del mencionado centro, explicó que el polvo utilizado para crear estas suelas se deriva de llantas en desuso que son depositadas en sitios denominados “cementerios de neumáticos” o abandonadas a la intemperie.

Estas llantas son sometidas a un proceso de molienda y el polvo de caucho obtenido es usado como materia prima para crear las suelas para calzado, con propiedades que satisfacen los estándares de calidad.

El proceso consiste en añadir algunos químicos al caucho para que se reactive con calor, de tal manera que pueda ser almacenado o reprocesado inmediatamente después de su preparación, y así sea susceptible de usarse nuevamente en la manufactura de productos planos, sin necesidad de utilizar agentes aglutinantes o látex de poliuretano.

“Dadas las propiedades de la materia prima que utilizamos y el avance en la infraestructura que se tiene, hasta el momento solamente hemos conseguido producir artículos planos, como suelas de zapato, ya que los grumos del polvo de llanta no fluyen suficientemente como para obtener productos cóncavos”, comentó el doctor Zitzumbo.

Negocio redondo

Los nuevos usos del cauchoActualmente, los usos que se les dan a llantas que yacen en basureros o en los llamados “cementerios de neumáticos” van encaminados hacia el asfaltado de carreteras, pistas para autódromos o fabricación de canchas de fútbol con pasto sintético, y se aprovecha alrededor de 20 por ciento del caucho total.

“Con la tecnología desarrollada por el Ciatec, se espera incrementar considerablemente el consumo de llanta molida de desecho en la producción de suelas de hule y productos lineales, que puedan contener de 60 a 100 por ciento del polvo de llanta reactivado”, indicó el investigador.

La reutilización completa y el bajo precio del caucho molido de llanta (entre tres y cinco pesos por kilogramo), así como la disminución de focos de infección al reciclar neumáticos en desuso, son las ventajas que ofrece este nuevo procesamiento térmico de reactivación química del caucho.

Tanto el financiamiento como la infraestructura y materiales necesarios para este proyecto han sido erogados por el Ciatec y algunas empresas del estado de Guanajuato.

En cuanto a la transferencia de esta tecnología al sector privado, el investigador dijo que es una decisión que compete a las autoridades responsables del centro.

Además, señaló que para la obtención de productos cóncavos con esta tecnología aún existen detalles técnicos que deben atenderse, como la fluidez del material durante el procesamiento y el afloramiento de aditivos en el producto terminado, lo que en estos momentos limita una posible comercialización.


Manaos y la fiebre del caucho

La ciudad brasileña de Manaos, actual capital del estado de Amazonas, nació en torno al Forte de São José da Barra do Rio Negro o Fortim de São José, una fortaleza construida por los portugueses en 1669 en la orilla izquierda del río Negro, algo más arriba de la confluencia con el rio Solimões.

Aquel fortín con sus toscas murallas de piedra y barro buscaba proteger la frontera norte de las posesiones portuguesas y a su alrededor fue creciendo una pequeña comunidad, formada por blancos e indígenas, que nunca fue demasiado numerosa, dado que la zona carecía de recursos que atrajeran el interés de nuevos pobladores.

No fue hasta 1832 que la localidad recibió el título de "villa".

Pero el destino de Manaos iba a cambiar poco después. En la segunda mitad del siglo XIX, las pujantes industrias norteamericanas y europeas descubrieron las múltiples aplicaciones del caucho, un polímero elástico obtenido de las secreciones de determinados géneros de plantas tropicales.

Las principales fuentes de caucho eran las plantas del género Hevea, especialmente el árbol del caucho o seringueira (Hevea brasiliensis), originario de la cuenca del Amazonas.

La demanda de caucho se disparó; los precios empezaron a subir como la espuma y enseguida la obtención del llamado oro blanco del Amazonas se convirtió en un negocio fabuloso.

Ciudades como Iquitos (Perú) o Belem (Brasil) vivieron tiempos de crecimiento sin precedentes. pero sin duda alguna fue Manaos la que más se benefició de aquel comercio.

Situado en medio de una zona densamente poblada de Heveas, aquel villorrio muy pronto empezó a recibir oleadas de inmigrantes en busca del cotizado producto.

Y más cuando en 1887 John Boyd Dunlop inventó el neumático, disparando aún más la demanda.

Gracias a las oleadas de dinero generadas por el comercio del caucho, Manaos crecía sin freno, y no tardó en surgir una élite de potentados que controlaban las principales zonas de producción y amasaron con gran rapidez increíbles fortunas.

Unas fortunas creadas a base de sangre y muerte: las explotaciones caucheras funcionaban con el trabajo de miles de indios, en condiciones de esclavitud y sometidos a los más atroces abusos por parte de capataces sin escrúpulos que seguían las órdenes de sus jefes de producir caucho a la mayor velocidad posible, sin atender a ninguna otra consideración. 

Miles de indios murieron, por hambre, enfermedad o agotamiento, pero también asesinados a manos de sus despiadados guardianes, y muchos otros sufrieron palizas, castigos o abusos varios, en unas explotaciones que se parecían más a campos de concentración donde no había más ley que la que imponían sus señores. 

Según cálculos del antropólogo canadiense Edmund Wade Davis, por cada tonelada de caucho que se producía morían diez indígenas y muchos otros eran azotados, castigados y explotados por dinero.

Los nuevos usos del caucho

Ese torrente de dinero no podía menos que reflejarse en la ciudad y en sus habitantes, especialmente en los más ricos.

En sólo unos años, Manaos se convirtió en la ciudad más próspera de Brasil y una de las más ricas del mundo. 

Su renta per cápita llegó a duplicar la de la región cafetera, que hasta entonces había sido la mayor del país.

El París de los trópicos, como era llamada, comenzó a crecer: amplias avenidas, lujosas mansiones, imponentes edificios públicos (su Palacio de Justicia costó dos millones de dólares de la época). Fue la primera ciudad de Brasil en disponer de alumbrado eléctrico, alcantarillado y agua corriente. 

Por sus calles circulaban tranvías eléctricos mientras en ciudades como Nueva York todavía eran tirados por caballos.

Acaso el mejor resumen de aquella época de lujo y despilfarro fuese la construcción del monumental Teatro Amazonas: un teatro de la ópera que no llegaba al millar de localidades, cuyos costosos materiales fueron traídos expresamente desde Europa.

Así, los materiales del techo vinieron de Alsacia (incluidos 36000 azulejos de cerámica con los colores de la bandera brasileña, que recubren la cúpula exterior), las paredes de acero de Escocia, las escaleras, columnas y estatuas son de mármol de Carrara, hay 198 lámparas de araña (de ellas, 32 de cristal de Murano) y el mobiliario fue traído desde París, de la prestigiosa casa Koch Frères.

El telón, pintado también en París, es obra del pintor brasileño Crispim do Amaral, mientras que los techos fueron decorados por el italiano Domenico de Angelis.

El Teatro fue inaugurado el último día de 1896 y en él actuaron figuras de primerísimo nivel de la escena operística mundial, entre ellas el mismísimo Enrico Caruso.

El estilo de vida de aquellos opulentos comerciantes no iba a la zaga. Había familias de Manaos que enviaban su ropa sucia a Portugal para que la lavaran, hombres que encendían puros con billetes de cien dólares y daban de beber champán a sus caballos, las principales casas de modas parisinas hacían envíos regulares a sus numerosas clientas, y lo mismo las mejores joyerías europeas (en aquellos años Manaos llegó a ser una de las ciudades con mayor comercio de diamantes), las grandes mansiones estaban amuebladas con mobiliario traído de Francia o Inglaterra... 

Una prosperidad reflejada también en aspectos más siniestros: en la ciudad funcionaban elegantes burdeles donde los "caballeros" podían encontrar chicas de cualquier edad y procedencia que eran "renovadas" con regularidad.

La fortuna se prolongó durante años, desde la década de los setenta del siglo XIX hasta comienzos del siglo XX, en que se cruzó en el camino de los brasileños la tradicional habilidad de los británicos para sacar tajada de todo lo que pueda dar dinero. 

En 1876 el botánico inglés Henry Wickham logró sacar de Brasil miles de semillas de la seringueira (algo que las autoridades brasileñas habían prohibido expresamente) y llevarlas de contrabando a Inglaterra.

Desde allí fueron enviadas a las colonias británicas de Malasia, Birmania, Ceilán y África, donde muy pronto empezaron a crecer grandes plantaciones de Hevea (en Brasil los intentos de cultivar artificialmente el árbol habían fracasado por las infecciones fúngicas). 

Cuando a partir de 1915 el caucho británico empezó a llegar a los mercados, lo hizo a un precio sensiblemente menor que el de Brasil: las plantaciones británicas, gestionadas más eficientemente, no tenían tantas complicaciones como las explotaciones en la selva brasileña, su producto era más fácilmente exportable (en Brasil el caucho tenía que viajar cientos de kilómetros por la selva hasta el puerto más cercano) y los impuestos también eran más bajos.

La industria cauchera brasileña no pudo soportar la competencia y se hundió.

Muchos de aquellos ricachones se arruinaron, y otros abandonaron Manaos, como también hicieron muchos trabajadores que habían llegado atraídos por el dinero del caucho.

La ciudad perdió el esplendor que un día había tenido y languideció con numerosas casas abandonadas y altas tasas de desempleo hasta 1967, en que se creó la Zona Franca de Manaos, lo que contribuyó a atraer a la región a industrias e inversores. 

La explotación del caucho viviría un pequeño repunte durante los años de la Segunda Guerra Mundial, cuando las plantaciones del sudeste asiático cayeron en manos japonesas y los aliados tuvieron que recurrir al caucho brasileño para mantener su producción.

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