¿Obesidad genética?

La relación entre la obesidad y el cerebro
La relación entre la obesidad y el cerebro.
         
La obesidad es un gran reto para la salud humana en todo el mundo, ya que se asocia con enfermedades graves como diabetes de tipo 2, enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular.

A pesar de que es bien sabido que los hábitos alimenticios poco saludables son la principal causa de la obesidad, la alimentación descontrolada sigue siendo el pan de cada día.

Porque nos lo ponen fácil, porque a la industria alimentaria le interesa seguir ampliando sus beneficios y también, no nos quitemos culpas, porque en general nos resulta muy difícil decir que no a comidas copiosas y placenteras.

Todavía no está del todo claro por qué algunas personas son propensas a comer en exceso y aumentar de peso.

Mucho se ha dicho de un posible origen neurológico de la obesidad que llevaría a esta dificultad por restringirnos a la hora de comer.

Una nueva investigación ha revelado cómo la obesidad podría estar asociada con una alteración en el funcionamiento del sistema de transmisión opioide del cerebro, que está íntimamente involucrado en la generación de sensaciones placenteras.

Estos mismos investigadores ya informaron hace 2 años de la importancia del cerebro en el desarrollo de la obesidad.

Los investigadores han encontrado que la obesidad se asocia con una reducción significativa del número de receptores opioides en el cerebro.

Y, contrariamente a lo que podría parecer, no han observado cambios en el sistema neurotransmisor de la dopamina, que regula los aspectos motivacionales de la acción de comer.

Los resultados ponen de relieve cómo la obesidad se asocia con cambios moleculares a nivel cerebral.

Según los investigadores, podría ser que la falta de receptores opioides del cerebro predispusiera a las personas obesas a comer en exceso para compensar la disminución de la respuesta hedónica de este sistema.

Lógicamente, los resultados tienen importantes implicaciones en la comprensión de las causas de la obesidad, aumentan la comprensión de los mecanismos implicados en el hecho de comer en exceso, y proporcionan nuevos conocimientos sobre el tratamiento y la prevención de la obesidad.

El problema, no obstante, sigue siendo el de siempre: a pesar de la relación clara entre el cerebro y la obesidad, aún no ha podido discernirse si la alteración neuroquímica cerebral sería una causa o una consecuencia de la obesidad.

¿Obesidad genética?

¿Obesidad genética?
Entre otros trabajos que también han señalado la importancia del cerebro en el desarrollo de la obesidad, me gustaría destacar el que aún no hace un año publicó un equipo internacional de investigadores en la revista Nature.

En dicho estudio, realizado en ratones, se constataba que el cerebro podría jugar un papel clave en la obesidad y en la diabetes.

Mostraron que las mutaciones en la actividad de un gen en el hipotálamo (el IRX3) podrían generar animales un 30% más delgados y resistentes a dietas altas en grasa.

El número elevado de investigaciones que refieren a este tema, así como las importantes diferencias en cada una de ellas, remarcan la importancia de la cuestión pero también el largo camino que queda aún por recorrer para acabar de entender las claves de la obesidad.


Cinco preguntas sobre la obesidad que la ciencia quiere responder.

Se acercan las fiestas y con ellas nuestra preocupación sobre los alimentos que vamos a comer en familia o con los amigos.

Pasadas las vacaciones la atención volverá de nuevo a la báscula, para tratar de eliminar esos kilos de más que cogemos durante las fiestas.

Más allá de las variaciones de peso puntuales, existe un problema de salud pública a menudo olvidado: la obesidad. Un trastorno que afecta a 500 millones de personas en todo el mundo, pero que podría agravarse en el futuro, dado que a día de hoy 1.600 millones de individuos padecen sobrepeso.

Esta es la razón por la que la Organización Mundial de la Salud acuñó el término globesity para referirse a un problema que va más allá de la apariencia física para convertirse en un trastorno social y psicológico importante.

Por este motivo, la Fundación General del CSIC y la Fundación Ramón Areces organizaron hace unos días un simposio internacional en el que debatir los interrogantes más importantes acerca de la obesidad. Allí se plantearon preguntas clave para entender este problema de salud:

¿Hay genes de la obesidad?

Tras la finalización del Proyecto Genoma Humano, muchos se plantearon entender las causas genéticas de enfermedades importantes, incluida la obesidad. Hoy en día, la comunidad científica ha podido describir más de 200 genes asociados a esta patología.

La Dra. Ruth Loos, directora del programa de metabolismo y genética de la obesidad del Instituto de Medicina Personalizada Charles R. Bronfman de Nueva York, apuntó que entre el 40 y el 70% de los casos tiene un componente genético. A pesar de los avances en los estudios genéticos sobre obesidad, los investigadores sostienen que se trata de un problema tremendamente complejo.


¿Mismos genes, distintos cuerpos?

El simposio celebrado en Madrid no solo se centró en la genética de la obesidad. En los últimos años, los estudios sobre epigenética han revelado la importancia que tienen los factores ambientales sobre este problema de salud. 

La dieta, el ejercicio físico, el estrés, las horas de sueño e incluso la alimentación materna durante el embarazo pueden encender o apagar los “interruptores” epigenéticos que modulan la expresión de nuestros genes.

Se ha visto, por ejemplo, que dos personas que presenten el gen FTO pueden ser o no obesos en función de su nivel socioeconómico y educativo, que condicionan que mantengamos o no un estilo de vida saludable. Esto debería hacernos reflexionar sobre la extraordinaria complejidad de la obesidad.

¿La grasa influye?

Antonio Vidal-Puig, científico de la Universidad de Cambridge y experto en metabolismo, explicó que la grasa corporal influye en la aparición de la obesidad. 

Sin embargo, contrariamente a lo que podríamos esperar, el factor determinante no es tanto la cantidad de grasa sino su localización.

La grasa en exceso no puede acumularse en el tejido adiposo, por lo que se deposita en otras zonas del organismo, tales como el cerebro, el hígado o los músculos, provocando la aparición del síndrome metabólico. 

Actualmente los investigadores trabajan para quemar el exceso de grasa (especialmente mediante ejercicio físico), pero también transformar la grasa mala en grasa menos tóxica que haga menos daño al organismo.


¿El papel del cerebro?

Los expertos consultados señalaron que “la obesidad está en el cerebro”, es decir, que el trastorno puede ser comparado con una especie de adicción como la del tabaco o el alcohol. La diferencia, sin embargo, es sustancial: uno puede elegir no fumar o no consumir bebidas alcohólicas, pero no puede evitar comer.

Además, la aparición de la obesidad también provoca un importante trastorno emocional, por lo que los investigadores piden “no estigmatizar” este trastorno. 

La obesidad es un problema de salud realmente complejo, cuya prevención y tratamiento están todavía en fases iniciales. 

En los próximos años, la ciencia seguirá trabajando para descubrir los mecanismos cerebrales que condicionan que comamos más o menos y así tratar de evitar esta “adicción”.

¿Se puede predecir?

De acuerdo a las conclusiones del simposio celebrado en Madrid, en la actualidad solo es posible predecir entre el 5 y el 20% de los casos. 

Este bajo porcentaje se debe a la complejidad de un trastorno que, como hemos visto, no tiene únicamente un origen genético.

Mejorar la dieta y aumentar nuestra actividad física son factores clave para controlar el peso y mantener una buena salud. 

Pero las conclusiones de este congreso no dejan lugar a dudas: la obesidad sigue siendo un problema global de difícil solución al que la investigación trata de poner freno.

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