Adolescencia, cambios psicológicos

Adolescencia

Adolescencia: ¿A qué se deben esos cambios psicológicos?

La adolescencia es un periodo crítico en la vida de cualquier persona. 

En ella se producen cambios fisiológicos y psicológicos que marcan la transición desde la niñez a la vida adulta. 

Esto se traduce en lo que podrían considerarse como desajustes cerebrales; desajustes que explican algunas conductas nocivas propias de esta etapa: el consumo de drogas, la conducción imprudente o la ejecución de acciones delictivas o vandálicas. 

La toma de decisiones en la adolescencia.

La adolescencia es una etapa difícil no solo en los seres humanos, también en muchos mamíferos evolucionados. 

La razón es que los individuos se preparan para dejar de depender de sus padres y desarrollan una serie de conductas y procesos cerebrales que les permitan sobrevivir lejos de ellos. 

Esto provoca, en primer lugar, un aumento de la importancia que el individuo le da a los grupos sociales semejantes, lo que se traduce en un aumento de la influencia de otros adolescentes con las mismas inquietudes, estilos de vida, etcétera. 

Este cambio en el comportamiento social le sirve al adolescente para desligarse de su vida familiar; sin embargo, puede acarrear el desarrollo de ciertas conductas antisociales

En segundo lugar, la adolescencia se relaciona con la toma de unas decisiones más arriesgadas, que sirven para vivir nuevas experiencias y aprender de ellas. 

Esto es reflejo de un desequilibrio entre dos vías cerebrales de toma de decisiones: una vía influida por las recompensas que se obtengan y la otra sujeta a un control cognitivo de la situación. 

La primera está recogida en el estriado ventral y el córtex orbitofrontal, estructuras cerebrales que sufren grandes modificaciones durante la adolescencia. 

El control cognitivo reside en el córtex lateral prefrontal y en el córtex del cíngulo anterior que, en cambio, van sufriendo una maduración progresiva a lo largo de toda la vida. 

Todo ello tiene como resultado una mayor sensibilidad a las decisiones que vengan acompañadas de recompensa, lo que se une a un control cognitivo de la toma de decisiones aún inmaduro. 

Recompensas que los adolescentes encuentran mayoritariamente en la aceptación e interacción con otros adolescentes. 

Los comportamientos arriesgados mejoran las conexiones cerebrales.

Estos cambios cerebrales y conductuales interesaron a un grupo de investigación de la Universidad de Turku, en Finlandia, que a mediados de año hizo público un estudio que trataba los distintos comportamientos del cerebro cuando los adolescentes tomaban decisiones de riesgo. 

Analizaron también la influencia de los amigos en la toma de decisiones.

Para ello, utilizaron un videojuego en el que los participantes debían recorrer un circuito urbano lo más rápidamente posible. 

En el juego, cada vez que el coche se acercaba a una intersección los semáforos se ponían en ámbar y el jugador debía elegir una de dos opciones: “Stop” o “Go”, decidiendo si preferían correr el riesgo de una colisión o no. 

Estas sesiones iban acompañadas de una monitorización de la actividad cerebral utilizando Imágenes por Resonancia Magnética Funcional (fMRI). 

Además, como paso previo los participantes respondían a un test de personalidad que le servía a los investigadores para dividirlos en dos grupos: los que no eran propensos a tomar decisiones de riesgos y aquellos que sí lo eran.

Los científicos admitieron esperar que aquellos adolescentes que pensaran antes de tomar la decisión tuvieran más desarrolladas las conexiones neuronales. 

El resultado del experimento fue totalmente distinto. 

Se demostró que los jóvenes impulsivos y que tomaban decisiones de riesgo tenían más cantidad de materia blanca en su cerebro, sobre todo en el córtex prefrontal. 

La materia blanca es la encargada de regular y establecer relaciones entre las distintas estructuras y funciones cerebrales. 

Los científicos achacan este fenómeno a una mayor predisposición de estos jóvenes a vivir experiencias nuevas, lo que se traduce en una mayor curiosidad. 

Por tanto, tendrían un cerebro más activo y propenso al aprendizaje.

Estos descubrimientos vienen a explicar por qué cambia nuestra conducta durante la adolescencia. Esta no es más que una etapa preparatoria para la vida adulta y los cambios psicológicos se orientan a ganar experiencia e independencia.

Así, la merma en la relación con los padres y las discusiones se explican porque el adolescente intenta desvincularse de ellos; asimismo, el consumo de drogas, la conducción peligrosa y un sinfín de acciones poco habituales en otras etapas de la vida no son más que métodos para vivir nuevas situaciones.

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