Basura ,un problema real

Basura ,un problema real
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¿Cuánto tiempo necesita la naturaleza para degradar nuestra basura?

Cada año se genera en todo el mundo más de 8.000 millones de toneladas de residuos urbanos, según algunas estimaciones.

Todo apunta a que esta cifra podría incrementarse en los próximos años debido al aumento de población.

El mayor ecosistema en un planeta cubierto en sus 3/4 partes por agua, no es el terrestre sino el marino, como nunca podemos ver más allá de nuestros ombligos, ignoramos, que la mayor parte del oxigeno, minerales, vida y demás cosas de este planeta se encuentran y dependes de nuestros océanos, en ellos esta la solución a todos los problemas.

Pero como no lo tomamos en cuenta en vez de ayudarlo vivimos arrojando a el de todo, como si solo fuese un vertedero, tiramos desde lo que ya no sirve, pasando por nuestras heces, desechos industriales a la basura que de una forma u otra ya sea volando o por acción directa termina en el mar.

El incremento desmesurado del volumen de residuos que generamos diariamente, sumado a la ineficacia de las alternativas planteadas para disponerlos, se ha convertido en un grave problema ambiental para la mayor parte de las ciudades.

Pero el problema crece en aquellos lugares del mundo donde se amontona clandestinamente todo lo que se desecha sin tener en cuenta las posibles consecuencias que puedan ocasionar tanto para el medio ambiente como para la salud de las personas que allí viven.

¿Cómo gestionar la basura? ¿Cuánto tarda la naturaleza en degradar la basura que generamos?




Desde el principio de los tiempos, la naturaleza ha sabido degradar con relativa facilidad los compuestos naturales generados. 

Pero con la revolución industrial, en Occidente se inició una era de confianza en la capacidad creadora y transformadora del hombre que evolucionó hacia una sociedad urbana, industrial y diversificada.

Con el progreso llegó también una nueva generación de desechos y materiales para descomponer, y los microorganismos empezaron a tener serias dificultades para poder degradar la basura generada por la mano del hombre.

En la actualidad, el incremento del volumen de basura y la diversificación de los desechos generados, ha derivado en una situación de insostenibilidad donde los ciclos de descomposición son cada vez más complejos y prolongados en el tiempo.

La generación de basura es alarmante y gran parte de ella acaba acumulándose sin control en vertederos o en el fondo de los océanos. 

¿Dónde meter tanta basura?

Esta cuestión lleva años sin tener una respuesta concreta que ayude a paliar esta situación , por eso los expertos apelan a la educación medioambiental de la sociedad para que consuma de forma responsable y deseche de forma selectiva los residuos generados para su reciclaje.

De la basura que desechamos a diario, quizá la menos problemática de todas sea el papel. Compuesto básicamente de celulosa, apenas requiere 1 año para degradarse.

Sin embargo, se apela a su consumo responsable y su reciclaje para reducir el impacto generado por la tala indiscriminada de nuevos árboles para fabricar papel.

El problema lo encontramos en envases como las latas de refresco o cerveza. 10 años es lo que tarda la naturaleza en transformar en óxido de hierro los 210 micrones de espesor de acero del envase, recubierto de barniz y estaño.

Los envases desechables de polipropileno, los vasos de plástico comunes, también tardan una media de 10 años en quedar reducidos a moléculas sintéticas por la acción de la naturaleza.

Pero la cosa empeora en el caso de los denominados tetra-bricks, que a pesar de no ser tan tóxicos como los envases de polipropileno o el poliestireno empleado para fabricar las cajas de huevos, necesita hasta 30 años para degradarse gracias en parte a su contenido en aluminio. 

En este grupo incluimos las chapas metálicas de las botellas, que a pesar de su insignificante espesor, requieren una oxidación previa para su degradación que puede prolongarse hasta en 30 años.

Los botes de laca y espuma son otro hueso duro de roer para la naturaleza, y además por partida doble. 

Por un lado tenemos el inconveniente de los aerosoles, por su contenido en clorofluorocarbonos, y por otro lado, tenemos la estructura metálica del envase, cuyo paso previo a la degradación es la oxidación.

Unos 30 años como mínimo.

El plástico es otro de los grandes desafíos de la naturaleza por su contenido en tereftalato de polietileno, también conocido como envases PET.

Expuestas a la intemperie y a la acción directa del sol pierden tonicidad, se agrietan y tras 50 años empiezan a separarse y dispersarse. 

Enterradas, duran mucho más ya que los microorganismos no tienen mecanismos para atacarlos y pueden llegar a tardar de 100 a 1.000 años en desintegrarse.

Las polémicas bolsas de plástico, hechas de polietileno de baja densidad, pueden llegar a tardar hasta 150 años en desaparecer. 

En el caso de las zapatillas deportivas, compuestas por cuero, tela, goma y espumas sintéticas, la cosa no mejora y se toman hasta 200 años en desintegrarse por completo.

Lo mismo ocurre con objetos tan inofensivos como las muñecas de plástico, los rayos ultravioleta pueden llegar a desintegrar el material en moléculas más pequeñas, pero requieren hasta 300 años en desaparecer por completo. 

También tenemos las pilas desechables con más de 1.000 años, con independencia de su oxicidad por la presencia de mercurio. Pero el récord lo ostentan las botellas de vidrio, en cualquiera de sus formatos, con 4.000 años.

Podemos inventar nuevas tecnologías para acelerar el proceso de degradación de la basura, pero los expertos aseguran que la lucha más efectiva contra este grave problema ambiental es la apuesta por el reciclaje, la educación ambiental y el consumo responsable.

De la basura electrónica hablaremos otro día.


¿Cuánto huele la basura que generas?

El compostaje aprovecha los residuos orgánicos que se producen cada día para convertirlos en abono. 

Pero, aunque este proceso aporta numerosas ventajas ambientales, también se crean compuestos orgánicos volátiles que emiten una gran cantidad de olores ofensivos. 

Un equipo de la Universidad de Córdoba ha desarrollado un nuevo método para evaluar el impacto oloroso que supone el compostaje. 

Basura ,un problema real

Más de 8.000 millones de toneladas de residuos urbanos se generan cada año. / UCO

Uno de los procesos que trata de dar salida a parte esta cantidad ingente de basura es lo que se denomina compostaje, un proceso que aprovecha los residuos orgánicos para convertirlos en abono.

A pesar de sus numerosas ventajas medioambientales, como la recuperación y el reciclaje de recursos, durante el proceso de compostaje se generan compuestos orgánicos volátiles que emiten una gran cantidad de olores ofensivos. 

Dependiendo del tipo de residuo compostado se genera distinta marca o combinación de olores. 

Ese impacto oloroso ha facilitado la clasificación de las materias primas compostadas con el objetivo de minimizar las emisiones.

Idean un nuevo sistema para analizar el olor generado durante el compostaje que aúna dos técnicas diferentes

Científicos del departamento de Química Inorgánica e Ingeniería Química de la Universidad de Córdoba han ideado un nuevo sistema para analizar el olor generado durante el compostaje que aúna dos técnicas diferentes: la espectroscopia NIR y la quimiometría, una disciplina que aplica métodos matemáticos y estadísticos sobre datos químicos.

 “Hasta donde sabemos, estos dos métodos nunca se han utilizado juntos para evaluar el impacto oloroso”, apunta el principal autor de la investigación, Manuel Toledo.

Composición química de los desechos

Por un lado, la tecnología NIR utiliza la radiación procedente del infrarrojo cercano para revelar la composición química de los desechos orgánicos durante el compostaje, con la ventaja de que no es invasivo, es decir, no altera los elementos que analiza. 

Con esta información que revela el NIR, se crean modelos predictivos que estiman el olor sin la necesidad de muestrear.

Para ello, los investigadores evaluaron el proceso de compostaje en un dispositivo denominado respirómetro que determina el consumo de oxígeno de los microorganismos que degradan la materia orgánica, y han analizado algunas de las variables que entran en juego en todo este proceso: temperatura, concentración de olor, tasa de emisión odorífera a la atmósfera y caudal de aire que pasa por la materia.

Este nuevo método, que durante los próximos meses será estudiado a escala industrial, evalúa las tasas de emisión de olor de una forma más rápida y económica y podría contribuir a mitigar el impacto oloroso que genera el compostaje, un proceso que en la actualidad se antoja indispensable y que trata de dar una nueva vida a los millones de toneladas de materia orgánica que cada día genera el ser humano.

Referencia bibliográfica:
Toledo, M; Gutierrez, MC; Siles, JA; Garcia-Olmo, J; Martin, MA. "Chemometric analysis and NIR spectroscopy to evaluate odorous impact during the composting of different raw materials" Journal of Cleaner Production 167: 154-162 / 20 2017.

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