5 alimentos temidos injustamente

5 alimentos temidos injustamente
5 alimentos que son temidos injustamente.

A menudo, en nuestra dieta nos encontramos con un gran número de alimentos temidos injustamente por sus supuestos efectos perjudiciales sobre nuestro organismo.

Esto puede ser así en caso de abusar indebidamente o de que exista algún problema de salud previo, pero en muchos casos no sólo no son perjudiciales, sino que un consumo moderado de ellos nos puede aportar muchos de los beneficios que tratamos de buscar ciegamente en otros ingredientes.

Por eso, hoy os vamos a hablar de algunos de estos alimentos temidos injustamente, para que podáis comerlos con conocimiento de causa, sin miedo a que os hagan daño.

Y no, lamento decirlos que ese muffin de chocolate que merendasteis ayer no está en la lista. Pero bueno, un placer culpable de vez en cuando tampoco es algo malo.

Alimentos temidos a los que deberías dar una oportunidad 


1.Los huevos y el temido colesterol

¿Quién no ha escuchado alguna vez eso de que se deben contar los huevos que se comen a la semana porque consumir más de dos o tres puede llegar a desembocar en enfermedades asociadas al colesterol?

Eso es así, los huevos son el coco de la gastronomía y si acaso se salva la clara; pero, ¿la yema? La yema está enviada a la tierra por el mismísimo Satán, para que nos volvamos locos por comerla y mojar pan en ella, pero suframos un terrible castigo si no somos capaces de controlarnos.

¡Pues no! Ya está bien de temer al pobre huevo e incluso al colesterol, que al fin y al cabo es una molécula estructural esencial para nuestro organismo y que, por lo tanto, sirve como soporte de las membranas celulares y como materia prima para la síntesis de un gran número de hormonas.

Además, existen algunos estudios que demuestran que el consumo de huevos aumenta los niveles del conocido como “colesterol bueno“, indispensable para nuestra salud, mientras que no parece afectar al malo.

Y, por último, no debemos olvidar que este alimento contiene otras sustancia muy beneficiosas, como los antioxidantes, la colina (muy útil para el cerebro) o las proteínas de origen animal, necesarias para la creación de músculo y tejido óseo. 


2.El café y los problemas de corazón 

El café es otro de esos alimentos con mala fama, debido a su supuesta relación con los trastornos cardiovasculares.

Sin embargo, según un estudio llevado a cabo a principio de este año, los amantes de esta deliciosa bebida no tienen nada que temer, ya que no sólo no altera el ritmo del corazón como se pensaba, sino que además podría actuar como protector frente a una muerte prematura.

Según los responsables del estudio, que analizaron las contracciones ventriculares y auriculares prematuras de un grupo de más de 1.000 individuos de 72 años, los estudios antiguos no supieron interpretar correctamente los efectos del café porque no disponían de los medios adecuados, por lo que simplemente se limitaban a tomar datos de personas que ya estaban previamente enfermas del corazón, relacionándolos con el café por ser un hábito común.

Por lo tanto, no hay excusas para disfrutar de una taza de este exquisito manjar, que además también resulta beneficioso frente a otra enfermedades como la diabetes, el Parkinson o la esclerosis múltiple.

Eso sí, sin pasarse. Como ya os hemos contado en otras ocasiones, hasta el agua puede ser perjudicial si nos colamos con la dosis. 


3.La lactosa y los problemas intestinales

Esta creencia es una consecuencia de la publicidad de los productos sin lactosa que han llegado pisando fuerte a nuestros supermercados en los últimos años.

La creación de este tipo de alimentos, que van desde la simple leche hasta otros lácteos como el queso o el yogur, es muy necesaria, ya que existen personas con una enfermedad, conocida como intolerancia a la lactosa; que, debido a la ausencia de la enzima lactasa, no pueden digerir correctamente este azúcar natural de la leche, por lo que si consumen estos productos pueden tener problemas digestivos bastante molestos.

Sin embargo, el boom de todo tipo de eslóganes haciendo apología a la ligereza de alimentos sin lactosa ha llevado a que muchas personas piensen que ésta es una sustancia perjudicial y que, por lo tanto, debe evitarse tomarla.

Pues bien, por si vosotros sois de esas personas que han caído en las redes publicitarias de estas marcas de leche, es importante que tengáis en cuenta dos cosas.

Por un lado, ni siquiera los intolerantes tienen por qué consumir un cien por cien de alimentos libres de lactosa, ya que, no sólo se ha demostrado que en cantidades pequeñas no es perjudicial, sino que también hay estudios que demuestran que la lactosa sin digerir favorece una mejor absorción del calcio en el organismo de los intolerantes.

Por otra parte, si toleráis la lactosa lo único que conseguiréis tomando este tipo de productos será un gasto económico bastante innecesario. Y con los tiempos que corren, si se puede evitar algo así, mejor.

4.El pulpo y el colesterol de los mariscos

A veces, si en una analítica nos sale el colesterol un poquito más alto de lo normal nos volvemos locos buscando qué alimentos podemos comer y cuáles no.

Para empezar eso de poder y no poder es bastante relativo; ya que, como os decía en el caso de los huevos, el colesterol es una sustancia muy necesaria para nuestro organismo y tampoco se trata de eliminarla completamente.

Pero bueno, el caso es que cuando nos informamos de cuáles son esos alimentos prohibidos para hipercolesterolémicos el marisco, moluscos incluidos, suele estar a la cabeza.

Especialmente en el caso de estos últimos se suele hacer referencia a los calamares, que sí que es cierto que tienen un elevado nivel de colesterol, pero por extensión al final acabamos eliminando de la dieta a algunos de sus familiares más saludables, como el pulpo.

De hecho, los calamares están a la altura de las gambas, con 200mg de colesterol por cada ración de 100 gramos, mientras que el pulpo sólo tiene 50 miligramos por 100 gramos.

Además, eso no es todo, ya que supone un gran aporte de vitaminas y sales minerales muy necesarios para nuestro organismo, convirtiéndolo en una magnífico componente para nuestra dieta.

Eso sí, también tiene algunas desventajas a tener en cuenta, ya que su alto contenido en sodio lo hace poco recomendable para los hipertensos y, por otro lado, su carne resulta difícil de digerir. 

Sin embargo, esto último es fácil de solucionar cocinándolo con sustancias como el pimentón. Si es que lo que no sepan de mar y cocina los gallegos… 


5. La terrible batalla contra el gluten

De nuevo nos encontramos con un ejemplo muy similar al de la lactosa, derivado igualmente de las campañas publicitarias de las marcas distribuidoras de productos diseñados para ser consumidos únicamente por un grupo muy concreto de personas, en este caso los celíacos.

Estas personas padecen un trastorno autoinmune caracterizado por una respuesta anormal de su sistema inmunológico ante la presencia del gluten, de modo que se da lugar a la producción de autoanticuerpos que pueden atacar a algunos componentes del propio organismo, generando con ello normalmente síntomas a nivel digestivo, aunque también se pueden afectar otros órganos.

El caso es que para rentabilizar las ventas de alimentos sin gluten no sólo se venden a un precio desmesurado, sino que además se publicitan como mucho más saludables que sus homólogos con gluten, llevando a que las personas tolerantes también empiecen a adquirirlos, temerosos del efecto perjudicial de esta sustancia sobre su salud.

Sin embargo, según un estudio publicado hace poco tiempo en PeerJ, estos alimentos no tienen ningún aporte nutricional extra que los convierta en una mejor opción que los convencionales, mientras que sí los convierten en una opción muchísimo más cara.

Lo que sí contienen es mayor cantidad de grasas y azúcares, que hacen que sea muy perjudicial su consumo por parte de personas tolerantes.

Por eso, si sois celíacos y no tenéis más remedio sí que debéis comer esos alimentos, pero cuidando siempre las cantidades y acompañando vuestra dieta de un aporte externo de nutrientes en caso de que fuese necesario. 

En cambio, si toleráis el gluten no tenéis ningún motivo para hacerlo, por lo que no deberíais seguir dejando que la publicidad engañosa se adueñe de vuestro bolsillo.

Como veis, a la hora de elegir qué debemos comer y qué no, lo importante es hacerlo con cabeza, teniendo claro si lo que nos venden como perjudicial lo es realmente. 

En la alimentación como en todo en esta vida no hay nada más importante que el conocimiento, la información y, sobre todo, pensar por nosotros mismos.

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