Embalsamamiento egipcio

Embalsamamiento egipcio
El embalsamamiento en el antiguo egipto.

¿Cómo lo hacían?

El embalsamamiento alcanzó en la cultura egipcia un nivel nunca visto hasta entonces, sus más grandes faraones gozaron de la esperanza de “la vida eterna”

Gracias a un conjunto de exquisitas y secretas técnicas conjugadas con una serie de ritos capaces de dotar de una afortunada longevidad tanto a sus espíritus en la Duat, como a esos cuerpos momificados y deshidratados donde el espectro de sus rostros, ha llegado hasta nosotros para llenarnos de intrigas y fascinación.

¿Te gustaría conocer las fascinantes técnicas de embalsamamiento de la cultura egipcia?

Toma nota, los ingredientes son indispensables para que la inmortalidad de tu espíritu pueda alcanzar la vida futura en el ansiado más allá.

Magia y medicina

La propia palabra “embalsamamiento”, ya nos deja deducir que los bálsamos van a estar íntimamente presentes en este delicado proceso característico de la alta casta sacerdotal.

Cuando fallecía un personaje de alta cuna, toda la familia iniciaba una serie de costumbres ancestrales donde los ritos estaban íntimamente relacionados con su cultura: las mujeres desempeñaban el papel de gemidoras al igual que lo fueron Isis y Neftis en las antiguas leyendas, se sacrificaban una serie de animales, los hijos se purificaban y, cómo no, se llamaba a los embalsamadores, un oficio reputado que se transmitía de padres a hijos.

El primer paso era entregar el cadáver a la “Cabaña de Dios o la Casa de la Vitalidad”, donde los encargados de realizar el embalsamamiento debían hacerlo en presencia del gran hacedor de este proceso sagrado: Anubis, el oscuro y fascinante dios de la Ciudad de los Muertos y el encargado de guiar el espíritu de los muertos al otro mundo: la Duat.

Embalsamamiento
Proceso de embalsamamiento

Se empezaba perfumando el cuerpo, para después, realizar una incisión en el lado izquierdo del cuerpo para extraer las vísceras. Esto era indispensable para evitar la corrupción del cuerpo, es por ello que también se les extraía el cerebro mediante unas varillas especiales que introducían por la nariz, no sin antes haber introducido unos líquidos especiales mediante los cuales se hacía más sencilla esta compleja extracción.

Los encargados de extraer las vísceras era los Parachistas, indispensables en los procesos de embalsamamiento. Mientras se realizaba esta peliaguda tarea, se recitaban una serie de invocaciones a cada órgano, así por ejemplo la dedicada al corazón decía lo siguiente: “¡Oh corazón mío, corazón que tengo de mi madre, corazón que necesito para mis transformaciones, no te levantes contra mí!”.

Las cavidades abdominales y torácicas una vez vaciadas se llenaban de aceites y resinas de mimosa y alóes, de jugos especiales, de mirra, cinamomo, ceras fundidas y especias variadas. Todo un conglomerado de exquisiteces naturales con las que eliminar cualquier impureza del cuerpo del fallecido, un proceso delicado donde el embalsamamiento se basaba esencialmente en eliminar cualquier resto que pudiera provocara la descomposición del cuerpo. 

Tras esto, se culminaba el proceso con la introducción del natrón, una especie de carbonato, o sulfato que desecaba completamente el cadáver. A ello había que sumarle las características del propio clima egipcio, donde ese viento seco favorecía perfectamente la desecación de los cuerpos, de hecho a veces bastaba con dejar los cuerpos un tiempo en el desierto para que este proceso se sucediera por sí solo.

El tiempo en que el cuerpo se dejaba en reposo tras la embalsamación era de 70 días (el mismo en que la estrella Sirio estaba oculta en el horizonte egipcio), un periodo en el que el cuerpo permanecía envuelto en una delicada fibra de lino donde se incrustaban pequeños protectores como los escarabajos, símbolos de la nueva vida.

Las vísceras, por su parte, eran lavadas con vino de palmera y especias, para después, depositarlas en los llamados vasos canopos, preciosos recipientes elaborados con alabastro, diorita o tierra cocida que simbolizaban a los dioses funerarios:

Hapi: con cabeza de mono recibía los pulmones.

Amset: tenía cabeza humana y recibía el hígado, este vaso canopo en la embalsamación estaba relacionado con Isis y con el Polo Sur.

Duamufet: con cabeza de chacal y representando a la diosa Neith, contenía el estómago.

Quebsenuf: Representaba a la diosa Selkit, tenía cabeza de halcón y en su interior custodiaba los intestinos.

Para concluir te indicaremos que el embalsamamiento no era exclusivo únicamente de los seres humanos, de las grandes y distinguidas personalidades. También era habitual hacer este proceso con los animales, con toros, cocodrilos, gatos, ibis… criaturas que también se consideraban protectoras dentro de la cultura egipcia.

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