Curiosidades de Julio César

Curiosidades de Julio César
Curiosidades de Cayo Julio César.

Solo con pronunciar su nombre vienen hasta nosotros un sinfín de imágenes propiciadas no solo por el cine, sino también por esas obras shakesperianas donde su figura siempre estuvo envuelta por un halo de romanticismo y tragedia, un líder militar y político de la era tardo republicana, que, a pesar de pertenecer a una familia sin excesivos recursos, pudo ascender gracias a sus méritos y al apoyo de algunos parientes de renombre.

Gran estratega, excelente escritor, amante y orador, ejerció su cargo como sucesor de Lucio Cornelio Sila con mano dura y presteza, y aunque bajo su dictadura el gobierno de la República experimentó un periodo de esplendor, fueron muchos los que veían en el enérgico César a un tirano que a largo plazo acabaría instaurando la temible monarquía, algo que no beneficiaba a los intereses de los nobles romanos.

De ahí que sus hombres de confianza urdieran un plan para terminar con su vida.

Los idus de marzo marcaron ese temible día que quedó por siempre en nuestros libros de historia, narrativa y poesía, para relatarnos ese crimen en el mismo senado donde Bruto, Casio, Trebonio y Décimo Bruto empuñaron sus dagas, su rabia y su miedo para acabar con la poderosa estela del gran Julio César. Un final trágico para un hombre de vida realmente épica.
  • Cuando Julio César era muy joven, era un muchacho excepcionalmente atractivo: atlético, ojos negros, piel pálida, rasgos femeninos… tanto era así que el rey de Bitania se enamoró perdidamente de él: lo convirtió en su amante, vistiéndolo y maquillándolo como una mujer.
  • Julio César era tan engreído como orgulloso, tanto es así que gustaba de engrandecer sus humildes orígenes, diciendo incluso que descendía de reyes y de dioses, nada más y nada menos. Según él, los Julios descendían de la diosa Venus, de ahí su belleza y su valentía.
Curiosidades de Julio César
  • Su juventud estuvo habitada por grandes conquistas y amoríos, pero llegada la madurez a Julio César le llegó lo mismo que a casi todos los hombres de su edad: la calvicie. Algo realmente trágico para una personalidad como la suya ¿Cómo soportar esa pérdida de pelo? Tras ser rechazado en numerosas ocasiones por el jefe galo Vercingétorix, un hombre del que se había enamorado, no lo dudó un segundo: ordenó que lo estrangularan. y aún más…que le elaboraran una peluca con el rubio cabello del muchacho.
  • Su poder y su ansias nunca parecían encontrar límite, siendo cónsul junto con otra persona, Bíbulo, se encargó de ser él quien tuviera todo el dominio del Estado, de él partía la soberanía y la autoridad. Tanto es así que entre la ciudad se hacían circular los siguientes versos: “Nada es de Bíbulo, todo es de César, porque nadie recuerda lo que aquel cónsul ha hecho.”
  • Tenía la fuerza y la resistencia de mil hombres, nadie se lo explicaba. Precedía siempre a su ejército, le gustaba ir a pie atravesando grandes distancias. Era un excelente nadador e increíblemente hábil en las armas.
  • Julio César era además un excelente escritor, de hecho su obra lo coloca hoy en día como uno de los referentes de lengua latina gracias a “De bello Gallico” y “De bello civili”, donde habla de sus campañas en la Galia y de la guerra civil.
  • Admiraba profundamente a Alejandro Magno, aunque más que admiración era profunda envidia. Siempre lamentó no haber logrado sus mismos éxitos a la misma edad que el joven héroe macedonio.
  • Julio César llegó a cambiar el calendario, adaptándolo el año solar, de ese modo se estableció en los presentes 365 días, alternándolo cada cuatro años un día. Pero eso sí, para que todo le encajase el famoso dictador llegó a intercalar dos meses, entre noviembre y diciembre.
  • En la guerra de Alejandría, Julio César demostró una gran proeza: hubo de saltar al mar para salvar su vida nadando durante casi una hora hasta llegar a su embarcación, pero eso sí, lo hizo con la mano derecha fuera del agua para proteger unos documentos muy importantes.
Julio César era, aparte de un destacado militar y un político más o menos eficiente, un increíble hombre de relaciones públicas, especialmente de sí mismo.

Gran parte de su fama deviene también de los escritos que él mismo legó a la posteridad, además de varios gestos hechos para la pose y la retórica. 

No es raro entonces que, a la par de realizar actos grandiosos con los cuales realizarsu eterna y llorada ambición de compararse con Alejandro Magno, también se le ocurriera decir frases que lo hicieran pasar como inmortal a la Historia.

En el año 49 a.C., el Senado de Roma, con Pompeyo a la cabeza, estaba enormemente celoso de las victorias obtenidas por César en la Galia, que le hacían muy popular.

Hay que tener en cuenta que César era del "partido popular", y Pompeyo y los senadores del "partido aristocrático". Por lo que le llamaron a Roma como simple ciudadano, o sea, después de darle la orden de licenciarse a sus tropas. 

Lo que le esperaba era que sus enemigos políticos intentasen llevarle a juicio (político, claro), con o sin motivos jurídicos para ello.

Con tal orden, Julio César podría caminar con tropas hasta el Río Rubicón sin problemas, porque era el límite de su jurisdicción, pero cruzarlo implicaba violentar la autoridad del Senado, y desatar la guerra civil.

Según el historiador romano Suetonio, César hizo avanzar sus tropas hasta el mismísimo Rubicón, pero en secreto, mientras él se demoraba en planes para espectáculos de gladiadores. Luego, en la noche, emprendió el viaje hasta el Rubicón, siempre en secreto, para reunirse con sus tropas. Allí habría dicho, siempre según Suetonio: 

"Todavía podemos retroceder, pero si cruzamos este puentecillo, todo habrán de decidirlo las armas".

Palabras llenas de retórica hueca, si se piensa bien, porque si Julio César no hubiera estado decidido, difícilmente hubiera dado la orden a sus tropas de que le esperaran en el Rubicón.

Dice Suetonio entonces que un pastor se puso a tocar la flauta, y al ver la trompeta de un soldado, se la arrebató y, tocándola de manera vibrante, cruzó el Rubicón.

Esto, César se lo tomó como un prodigio (o al menos fingió, para tranquilizar a sus tropas), y dijo entonces sus famosas palabras: 

"Marchemos hacia donde nos llaman los signos de los dioses y la iniquidad de los enemigos. Jacta alea est" ("la suerte está echada").

Lo que siguió fueron cuatro años de cruenta guerra civil, la dictadura de César, su asesinato, y más guerras civiles hasta la imposición del Imperio, dieciocho años después, por Octavio Augusto, sobrino de César.

Por cierto, el dichoso Rubicón es en realidad un minúsculo esterillo que se seca casi por completo en verano, bien poco apto para frontera militar entre dos jurisdicciones de importancia...

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