Curiosidades del sueño animal

Curiosidades del sueño animal
7 curiosidades sobre el sueño de los animales que no te creerías.

Los humanos tenemos mil y un hábitos raros a la hora de dormir.

Los hay dormilones, madrugadores, sonámbulos o habladores y, en cuanto a las posturas, se podría hacer un reportaje completo sobre posturas raras de algunas personas mientras duermen, aunque eso no es competencia de la temática de esta página.

Por eso, en lo que nos vamos a centrar es en los hábitos curiosos de algunos animales, que ya sea en lo referente a posturas o a duración del sueño, nos convierten a nosotros en una especie de lo más normal. O quizás no.

¿Quién define lo que es normal?

1-La jirafa, demasiado ocupada para dormir 

A menudo, los animales terrestres herbívoros pasan tanto tiempo pastando y buscando alimento que no pueden dormir todo lo que deberían.

Este es el caso de la jirafa, que a pesar de lo propicio que es el calor de la sabana para echar buenas siestas no suele dormir más de dos horas repartidas en intervalos de pocos minutos e incluso tienen la capacidad de vivir con los ojitos como platos durante varias semanas.

En cuanto a la postura, aunque se han registrado casos que lo hacen de pie, normalmente lo hacen recostadas, con movimientos característicos del sueño profundo, como doblar el cuello hacia atrás para descansar la cabeza sobre los cuartos traseros.

En cuanto a las jirafas en cautiverio, al tener la comida asegurada aprovechar para dormir un poco más, pero no suelen pasar de las cuatro o cinco horas en total. A mí me da sueño sólo de imaginármelo.


2-Los delfines, siempre nadando 

Se conoce que algunos animales marinos, como los delfines y las ballenas, duermen con uno de sus hemisferios cerebrales activo, ya que si lo desconectaran del mismo modo que lo hacemos los humanos la inconsciencia les impediría nadar sin golpearse con los obstáculos. 

De hecho, se ha observado que los delfines nadan con un ojo abierto en todo momento.

También resulta curioso el vídeo recientemente captado por un equipo de Discovery, que gracias a un robot submarino consiguieron grabar el momento en el que un tiburón blanco nadaba mientras dormía apaciblemente, a una velocidad mucho menor de la habitual.


3-La apacible vida de la zarigüeya

Cuando nos preguntan en qué animal nos gustaría convertirnos si existiese la reencarnación y optamos por el águila, el guepardo o cualquiera de esos animales tan elegantes en el fondo estamos mintiendo, y lo sabéis. 

¿Quién va a querer volar o correr a toda velocidad pudiendo pasar el día durmiendo?

A la cabeza de los animales dormilones está el koala, que pasa 22 horas diarias durmiendo y dos horas desperezándose, pero si hay otro que además de dormir muchísimo tiempo en algunas ocasiones lo hace en una postura un poquitín incómoda, ésa es la zarigüeya.

Y es que este marsupial vive la vida con tranquilidad, sin agobios, por lo que pasa hasta 19 horas durmiendo. 

Gran parte de su rutina, que suele ser nocturna, tiene lugar sobre los árboles, ya que sus movimientos en el suelo son muy lentos y, teniendo en cuenta lo bien que se le da moverse entre las ramas, ¿para qué va a bajar a dormir?

Por ese motivo, aunque no lo hacen siempre, en ocasiones pueden llegar a dormir colgados boca abajo con la cola enrollada sobre las ramas. ¿Seguís queriendo ser águilas?

4-El pulpo, un animal soñador

Se ha observado que algunos moluscos, como el calamar y el pulpo, tienen sueños similares a los nuestros mientras duermen. ¿Y cómo se sabe eso? ¿ Nos lo han contado ellos?

Lógicamente no, pero mientras duermen registran movimientos oculares rápidos, siguiendo el mismo patrón característico de los seres humanos.

Resulta más complicado saber qué sueñan, aunque seguro que a Freud le daría para escribir toda una disertación. 


5-Los caballos: “no me he tumbado en todo el día”

Cuando nuestras madres afirman no haberse sentado en todo el día solemos pensar que son unas exageradas, aunque con todo el trabajo que tienen bien podría ser verdad.

Los que sí que pasan casi la totalidad de su jornada en pie son los caballos, que tienen la cualidad de bloquear una articulación que les permite dormir sin tumbarse y sin tener que sostener su peso con los músculos.

Sin embargo, si quieren alcanzar el sueño profundo sí que necesitan tumbarse.

Por eso, aunque pueden descansar de cuatro a quince horas al día, durante ese tiempo en ocasiones realizan pequeñas mini siestas tumbados. 

Eso sí, no creáis que necesitan lo mismo que nosotros para estar frescos, pues les basta con una o dos horas cada pocos días para alcanzar sus requerimientos de sueño profundo. 

El principal problema de estos animales es que no tienen una buena calidad de sueño cuando están solos, ya que evolutivamente tienden a hacer guardias con otros ejemplares de modo que siempre haya uno despierto. 

Por lo tanto, si queréis que vuestro caballo duerma bien, tratad de tenerlo en grupo. Los turnos ya los organizan ellos solos. 


6-Los hipopótamos, perezosos hasta para respirar

Otro de esos animales que a todos nos encantaría ser es el hipopótamo, un animal que pasa la mayor parte del día chapoteando en el agua. Y ni siquiera sale para dormir, aunque sí que intenta hacerlo en zonas poco profundas con la cabeza por fuera.

Pero si termina totalmente sumergido no tiene por qué preocuparse, ya que posee un reflejo que cada pocos minutos lo hace subir a la superficie para respirar sin ni siquiera despertarse.

¡Eso sí que es tranquilidad! 


7-¡Qué mal repartido está el mundo de las hormigas! 

Como sabéis, las hormigas, al igual que otros insectos, son animales muy jerarquizados, que establecen una especie de “clases sociales” que hacen que no todas tengan el mismo estilo de vida.

Esto ocurre también en el caso del sueño, según un estudio sobre las hormigas del fuego realizado por científicos de las Universidades de Florida y Texas.

Según estos investigadores, las obreras no pueden permitirse dormir durante mucho tiempo, pues descuidarían sus intensas tareas. 

Por eso, echan microsiestas de alrededor de un minuto, aproximadamente 250 veces al día, por lo que en total duermen poco más de cuatro horas.

 Por el contrario, las reinas duermen noventa veces al día, alcanzando unas nueve horas diarias, por lo que seguro que están más lozanas y descansadas. 

Y así debe ser, ya que las pobres obreras no suelen vivir más de seis meses, mientras que las reinas tienen una esperanza de vida de unos 9 años, que en algunas especies puede alargarse hasta los cuarenta y cinco. 

¿Qué os ha parecido la lista? ¿Añadiríais alguno más?

Sin duda existen otros muchos, pero lo que está claro es que los humanos en el fondo no somos tan raros a la hora de dormir.

Al menos no todos.

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