Evolución indolora (Segunda parte)

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Evolución indolora (Segunda parte)
Este pequeño roedor se alimenta, sobre todo, a base de escorpiones corteza (Centruroides sculpturatus), muy abundantes en su nicho ecológico, a los que da caza.

El escorpión corteza, por supuesto, está armado de un agudo aguijón venenoso que utiliza para defenderse.

El veneno de este animal aparentemente no es tan tóxico como causante de un intenso dolor que intenta “convencer” a sus atacantes de dejarlo tranquilo.

Los investigadores, en primer lugar, confirmaron en el laboratorio las observaciones de campo que indicaban que los ratones saltamontes eran casi insensibles al efecto del veneno del escorpión.

Para ello, inyectaron una pequeña cantidad de veneno en las patas de ratones de laboratorio normales y de ratones saltamontes.

Los ratones normales se lamieron el lugar de la inyección repetidas veces durante un largo tiempo, pero los ratones saltamontes apenas lo lamieron unas pocas veces, lo que indicaba que este animal no sentía tanto dolor como su primo, el ratón casero.

Genes analgésicos

A continuación, los investigadores inyectaron a los ratones otra sustancia dolorosa: la formalina.

En este caso, ambos ratones mostraron sentir dolor de intensidad similar, lo que demostró que los ratones saltamontes no eran insensibles al dolor, en general.

Sin embargo, si se inyectaba a la vez formalina y veneno de escorpión, los ratones normales mostraban intensos signos de dolor, pero los ratones saltamontes no lo hacían.

Era como si el veneno de escorpión, en lugar de espolear el dolor en los ratones saltamontes, actuara de analgésico en estos animales.

Los investigadores eran conocedores de que son necesarios al menos dos genes para permitir la percepción y transmisión nerviosa del dolor: los genes Nav 1.7 y Nav 1.8. Estos dos genes producen proteínas que se sitúan en la membrana celular de las neuronas receptoras del dolor y dejan pasar a su través iones sodio, lo que posibilita la transmisión de la señal nerviosa.

Estudios realizados con neuronas aisladas a partir de ambos tipos de ratones revelaron que, sorprendentemente, las toxinas del veneno del escorpión inhibían la actividad de Nav 1.8 en el caso del ratón saltamontes, pero la activaban en el ratón normal.

El análisis de la secuencia de ADN de este gen identificó mutaciones en el gen Nav 1.8 del ratón saltamontes, las cuales eran las responsables de que las toxinas del veneno causaran una inhibición de la actividad de su proteína, en lugar de la activación que debería ser el resultado normal de la acción el veneno.

Una vez Nav 1.8 era inhibido por las toxinas del veneno, la transmisión dolorosa resultaba bloqueada, razón por la que los ratones saltamontes tampoco sentían dolor al ser inyectados a la vez con formalina y veneno.

Así pues, estos ratones, cuya supervivencia es muy dependiente de la caza y consumo de escorpiones , han evolucionado de manera que se han convertido en insensibles al dolor causado por la picadura de su presa, pero solo a ella.

Un ejemplo más de la maravillosa adaptación de los seres vivos a su entorno, la cual, en este caso, puede sernos de utilidad, además, para diseñar nuevas estrategias analgésicas.


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Publicado por : Jorge Laborda En quilo de ciencia
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