¿Por qué gira el girasol?

¿Por qué gira el girasol?
¿Por qué gira el girasol?

Solo cuando los girasoles son jóvenes y están creciendo muestran su asombroso comportamiento de seguimiento del sol.

El aceite de girasol es uno de los más consumidos, y no es difícil ver terrenos plantados de girasoles, en particular cuando el verano ya declina.

Es una vista espectacular: la altura de estas plantas puede superar los dos metros.

Aunque el girasol parece una gran flor, esto es engañoso. En realidad, la flor del girasol está formada por cientos de pequeñas florecillas que se agrupan en el centro circular de la pretendida gran flor de pétalos amarillos.

Debidamente polinizada, cada florecilla acabará dando lugar a un fruto, la conocida pipa de girasol.

Aunque se cultiva solo una especie de girasol, la llamada Helianthus annuus, existen setenta y tres especies de girasoles.

Como es bien sabido, el nombre genérico con el que se ha bautizado a todas estas especies de plantas deriva de que son capaces de girar a medida que el sol se desplaza, siguiendo su trayectoria.

En este sentido los girasoles son extraordinarios, aunque solo cuando son jóvenes.

Sí, solo cuando los girasoles son jóvenes y están creciendo muestran su asombroso comportamiento de seguimiento del sol.

Incluso siguen a este por la noche, cambiando su orientación hacia el este en anticipación de su salida.

Una vez dejan de crecer, los girasoles ya no siguen al sol y quedan orientados siempre hacia el este.

Como ya no debería extrañar a nadie, los científicos son unos “giramisterios” y, sean jóvenes o mayores, orientan su inteligencia hacia los misterios, con la sana intención de hacerlos desaparecer.

Por supuesto, esto ha sucedido también con los misterios del girasol. ¿Por qué gira siguiendo al sol?

¿Por qué deja de hacerlo cuando ha crecido?

¿Cómo se produce este comportamiento en una planta que no tiene ni ojos para ver el sol, ni músculos para moverse?

Un grupo de científicos ha realizado una serie de interesantes experimentos para intentar desvelar estos secretos, los cuales han sido publicados en la revista Science. Vamos a describir algunos de ellos y a explicar qué es lo que han revelado.


Cuestión de hormonas

Los investigadores manipularon la exposición de los girasoles a la luz del sol o a luz artificial y estudiaron lo que sucedía.

En un experimento, los girasoles se expusieron a una luz artificial fija colocada encima de las plantas.

 Puesto que esta luz no se movía, el sentido común de los girasoles hubiera dictado que estos no giraran y que se quedaran con las flores en la misma posición, enfrentadas a la luz. No fue esto lo que sucedió, y los pobres girasoles siguieron girando por varios días.

Esto quiere decir que el comportamiento del girasol depende de ritmos circadianos que no obedecen exclusivamente al movimiento del sol.

En otros experimentos, los científicos descubrieron que el comportamiento de seguimiento del sol depende de ciertas hormonas de crecimiento. Como hemos dicho, este comportamiento solo se produce en plantas jóvenes.

Sin embargo, plantas jóvenes, con mutaciones en genes de las hormonas de crecimiento que impiden su correcto funcionamiento, no pueden seguir el movimiento del sol, lo que indica que no es la juventud, sino la capacidad de crecer la que es indispensable para que los girasoles giren. 

Curiosamente, la cantidad de hormonas de crecimiento es mayor siempre en la parte de la planta opuesta al sol.

Es esta parte la que, al estirarse por crecer un poco más que la otra parte, dobla a la planta de forma que la flor enfrente al sol.

Estos ciclos de aumento y disminución de hormonas del crecimiento en zonas de la planta orientadas al este o al oeste parecen ser por tanto fundamentales para que los girasoles sigan el movimiento del sol.

Los estudios también demuestran que los girasoles son más sensibles a la luz por la mañana que por la tarde, es decir, tienen una preferencia acerca de la dirección de donde proviene la luz.

Esta preferencia puede ser determinante para que cuando dejan de crecer queden siempre enfrentados hacia el este, por donde el sol suele salir, hasta nueva orden.

Muy bien, pero ¿qué ventaja obtiene el girasol orientando su flor hacia el sol? Para averiguarlo, los investigadores hicieron una pequeña faena a unos girasoles. En primer lugar, los plantaron en macetas.

Cuando ya habían desarrollado su flor, pero aún seguían creciendo, al amanecer (las faenas más crueles siempre se hacen al amanecer), dieron media vuelta a la mitad de las macetas y dejaron a la otra mitad sin girar.

De este modo, pudieron estudiar qué sucedía cuando los girasoles daban la “espalda” al sol, lo que nunca sucede en la Naturaleza.

Los científicos comprobaron que la temperatura de las flores que se enfrentaban al oeste era menor que la de las flores enfrentadas al este. 

Esta menor temperatura hacía menos atractivas a las flores para la visita de insectos polinizadores.

Esto implica que las flores enfrentadas al sol ven aumentada su probabilidad de reproducción y pueden generar más semillas que las no enfrentadas al astro rey, lo cual es una clara ventaja evolutiva.

Para comprobar que no era la luz, sino la temperatura la responsable de la mayor visita de insectos polinizadores, los científicos calentaron a las plantas enfrentadas al oeste con estufas especiales hasta que alcanzaron la misma temperatura que las plantas enfrentadas al este.

En estas condiciones, los insectos polinizadores visitaron ambas plantas en números similares.

Así pues, los girasoles, al girar, no buscan tanto la luz del sol como el calor que este proporciona.

Estos interesantes estudios desvelan nuevos y sorprendentes hechos sobre el extraordinario comportamiento de los girasoles, los cuales pueden darnos un tema en qué pensar este verano, mientas esperamos a que el “sol” salga por algún lado, se haga algo de luz y, finalmente, España constituya un gobierno, a ser posible que no gire cada día dependiendo de sus “hormonas”. 

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Referencia: Circadian regulation of sunflower heliotropism, floral orientation, and pollinator visits. Hagop S. Atamian, et al. 2016. 5 AUGUST 2016 • VOL 353 ISSUE 6299, pp 587.

Publicado por : http://jorlab.blogspot.com
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