Disfrutar del riesgo

Disfrutar del riesgo
¿Por qué unas personas disfrutan del riesgo mientras que otras lo odian?

Recordad la última vez que viajasteis a un parque de atracciones.

En este tipo de lugares todos tenemos dos tipos de amigos: los que se vuelven locos por probar hasta la última de las atracciones y los que prefieren quedarse sujetando las mochilas y haciendo fotos mientras los demás se suben a montañas rusas y caídas libres.

Éste es un claro ejemplo de cómo los seres humanos nos dividimos en mayor o menor medida entre los que disfrutan las conductas de riesgo y los que prefieren evitarlas, por miedo a pasarlo mal en el proceso.

No se aplica sólo a las atracciones, sino que también se puede observar en la afición por los deportes extremos o incluso en el consumo de drogas y otras sustancias que pudiesen ser perjudiciales para la salud. 

Hay quién alega que esta diferencia tan clara entre unas personas y otras se debe a causas genéticas, mientras que otros opinan que más bien tiene que ver con la educación y el ambiente.

Hoy vamos a conocer la opinión de Valerie Voon, una profesora del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Cambridge que ha publicado en The Conversation un artículo sobre lo que dice la ciencia respecto a este tema.

Disfrutar del riesgo y de la novedad, dos conceptos muy unidos

Según se ha demostrado en un gran número de estudios científicos sobre este tema, las tendencias a disfrutar del riesgo y de la novedad están muy unidas por causas que pueden resultar obvias; ya que, lógicamente, por norma general los seres humanos solemos buscar nuestra seguridad, por lo que las conductas arriesgadas siempre se asumen como algo nuevo.

De hecho, el propio equipo de la doctora Voon llevó a cabo un estudio en el que se mostraba a un grupo de voluntarios una serie de fotos con caras que podían ser conocidas o desconocidas para ellos, preguntándoles con cuáles estarían dispuestos a asumir riesgos. 

Como cabía esperar, muchos de ellos optaron por los desconocidos, demostrando también por qué la gente prefiere desarrollar este tipo de conductas cuando se encuentran de vacaciones (véase los turistas que se lanzan desde los balcones de los hoteles en Mallorca).

Por otro lado, las personas también se pueden diferenciar en las que asumen riesgos con el fin de obtener recompensas o las que lo hacen para evitar la pérdida, considerándose esta normalmente como la muerte o pérdida de la vida. 

 Esto es lo que diferencia a las personas que prefieren asumir riesgos como el parapente, dónde se podría perder la vida, de las que optan por otras opciones como un gasto desmesurado de dinero para ganar un poco probable premio en la lotería. 


La dopamina, la principal culpable de la tendencia a disfrutar del riesgo

Como cabía esperar, la dopamina, conocida por estar directamente implicada en la sensación de placer producida en conductas como el sexo, el consumo de drogas o la comida, también es la responsable de la afición al riesgo, pues activa los sistemas de recompensa cerebrales y, como consecuencia, una sensación de bienestar que nos engancha.

De hecho, se ha comprobado que los pacientes con Parkinson tratados con estimulantes de la dopamina, tienen una mayor tendencia a asumir conductas de riesgo, como la adicción a los juegos de azar o al sexo.

¿Pero por qué no nos causa el mismo efecto a todas las personas? Como suele pasar en estas ocasiones, la respuesta está en los genes, pues se ha comprobado que una variante de un gen de receptor de dopamina causa en quiénes la tienen una mayor respuesta a recompensas inesperadas, generando por lo tanto mucha más emoción. 


Otros factores que influyen en la tendencia disfrutar del riesgo

La genética nos convierte en quiénes somos, pero también influyen otros factores, como la aceptación del grupo, muy importante en especies como la humana, que suele vivir en sociedad.

Éste es el motivo por el que los adolescentes, que además tienen el cerebro aún inmaduro, tienden a asumir más riesgos, con el objetivo de “quedar bien con los demás“. Eso es así, el que no le haya dado una calada a un cigarro o haya bebido sin apetecerle por parecer más “guay” durante su adolescencia que tire la primera piedra.

Una vez pasada esta etapa, no todas las personas tienen la misma necesidad de aceptación, por lo que también tendrán una tendencia distinta a asumir riesgos y disfrutar de ellos.

Sea como sea, conociendo estos factores se puede actuar en cierto modo sobre la tendencia de cada uno a disfrutar del riesgo; pues, a menudo, aquellos que asumen estas conductas en busca de recompensa, sin tener en cuenta la posibilidad de pérdida, cambian su punto de vista cuándo se les ponen las consecuencias delante de ellos. 

En ratas, por ejemplo, se ha comprobado proporcionándoles estímulos dolorosos en el momento de acceder a las sustancias a las que previamente se habían hecho adictas y, en el caso de los humanos, se puede comprobar cada fin de semana en las salas de espera de los centros de urgencias hospitalarias, cuando algunos jóvenes, y no tan jóvenes, acuden aquejados por los síntomas de haber tomado unas cuantas copas de más.

¿Vosotros de qué grupo sois? ¿De los que disfrutan del riesgo o de los que huyen de él?

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