La genética permitirá clonar animales extintos

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 pingüino extinto desde el siglo XIX
Este pingüino extinto desde el siglo XIX podrá volver gracias a la ciencia.

El cambio climático, el impacto climático y los desastres naturales está llevando a muchas de las especies animales que habitan el globo a su extinción.

Pero la genética nos podría permitir clonar animales extintos.

La velocidad a la que ciertas especies animales se reproducen y desarrollan está siendo amenazada por diferentes factores, entre los que sin duda el más notable es la actividad humana.

Desde cazarlos para obtener un bien preciado, a invadir su hábitat natural con la industrialización pasando por la caza deportiva; muchas especies animales están siendo duramente diezmadas.

Pero la ciencia no se quedó de brazos cruzados ante la inminente pérdida de biodiversidad. 

Se desarrollaron planes de protección de especies, medidas para recuperar los individuos o estimaciones para prevenir este problema.

Aun así, gran parte de la comunidad científica estiman que en 30 años el número de especies extintas aumentará drásticamente. ¿Qué nos queda por hacer?


La genética permitirá clonar animales extintos

Alrededor de 1785, un explorador inglés llamado Cartwright predijo la diezma de un pájaro con gran parecido a un pingüino casi un siglo antes de que esto ocurriese.

 pingüino extinto desde el siglo XIX

El animal en cuestión, llamado Alca gigante, vio disminuir su número al ser cazado por grupos de hombres que se asentaban en la isla para conseguir sus plumas.

Ahora solo nos quedan huesos, pinturas y referencias de esta especie. 

Sorprendentemente, puede que este no sea el destino del Alca. Así nos lo cuenta una organización americana de ingeniería biomolecular; Revive & Restore pretende repoblar al Alca Gigante usando técnicas de ingeniería genética. Se definen cómo colaboradores conservativos, usando “rescate genético”.

¿Cómo conseguirán traer de vuelta una especie extinta desde hace casi 200 años? Sería algo cómo Jurassic Park pero sin dinosaurios, brechas en la seguridad y escatimar en gastos.


No es magia negra, es edición genética

La idea de los investigadores de esta organización americana es la de extraer el ADN de los fósiles u órganos preservados, llevarlos a un ordenador dónde se podrá trabajar con la secuencia genética completa.

Posteriormente, se buscarían los genes más característicos del Alca Gigante, editarlos con las novedosas herramientas de edición genética cómo CRISPR-Cas9 en células vivas de un pariente cercano evolutivamente. 

Finalmente, los embriones fertilizados se introducirían en otra ave, cómo un ganso, que pondría el huevo de Alca Gigante.

Si consiguen esta tarea con éxito, revivir otras especies cómo los dinosaurios cada vez parecerá más lejos de la ciencia ficción. La cuestión es, ¿volveremos a cometer el error que cometimos en el pasado para llevar estas especies al borde de su desaparición?

El Pinguinus impennis, conocido como alca gigante, alca imperial o gran pingüino, fue la mayor de las especies de aves del grupo de las alcas. Un ave peculiar y de gran tamaño, al que la caza sin cuartel por parte del ser humano abocó a la desaparición.

Los adultos de alca gigante medían entre 75 y 85 centímetros de altura y pesaban unos cinco kilos.

Su plumaje era blanco en pecho y vientre, y negro en la espalda, las alas y la cabeza, donde destacaban dos características manchas blancas que dieron origen a su nombre común: pen gwyn significa "cabeza blanca" en gaélico. 

El nombre pasó luego al resto de especies de alcas, y posteriormente se aplicó también a los pingüinos del hemisferio sur que, aun siendo de un orden distinto, se les parecen morfológicamente. 

Su robusto pico, que le valió el nombre noruego de geirfugl o pájaro lanza, le servía para arponear a los peces de los que se alimentaba. 

El alca gigante era una excelente nadadora y buceadora, si bien a diferencia de otras alcas había perdido la capacidad de volar y en tierra era lenta y torpe, lo que unido a su naturaleza confiada la convertía en presa fácil para los depredadores y acabaría causando su extinción.

Aunque sus principales áreas de cría estaban en el Atlántico norte, hasta tiempos históricos el alca gigante se distribuía por las costas atlánticas de Europa y Norteamérica, llegando hasta la península de Florida y la costa norteafricana, e incluso llegando ocasionalmente al Mediterráneo occidental. 

Desde la época prehistórica fue cazada por el ser humano, tal y como atestiguan huesos de alca encontrados en yacimientos neandertales de más de 100000 años de antigüedad y representaciones suyas en los yacimientos rupestres de El Pendo (Santander) y Cosquer (Francia). 

Su carne, aunque no era especialmente sabrosa, y sus huevos, que podían llegar a pesar 400 gramos, se convirtieron en una valiosa fuente de alimento, especialmente durante el invierno, tanto para los europeos como para los indígenas norteamericanos. 

A partir del siglo VIII, al aumentar la población europea, y con ello la presión depredadora, la especie, cuyo número se contaba por millones, comenzó a declinar.

alca giganteEn el siglo XVI el alca gigante, cazada no solo por su carne y huevos, sino también por sus plumas, muy cotizadas para la fabricación de almohadas, había prácticamente desaparecido de la Europa continental, mientras que en Norteamérica su distribución se había ido reduciendo a las regiones más al norte. 

Por esta época se convirtió en un recurso habitual para los buques que navegaban por el Atlántico, los cuales paraban en alguna de sus colonias cuando iban escasos de alimentos para aprovisionarse de carne y huevos.

En 1758, cuando Linneo clasificó por primera vez la especie como Alca impennis, se trataba ya de un ave muy poco corriente en Europa; en 1790 se capturó un ejemplar en Kiel, lo que fue toda una noticia por los muchos años que llevaban sin verse en el Báltico. 

Mientras, en Gran Bretaña, donde se habían tomado algunas medidas para su protección, también acabó por desaparecer a finales del siglo XVIII (el último ejemplar conocido se cazó en el islote escocés de Stac an Armin en 1840).

Igualmente, en torno a 1800 se extinguió su última colonia norteamericana, la de la isla canadiense de Funk, lo que dejaba a la especie prácticamente restringida a Islandia y las islas cercanas.

Las escasas colonias de alca gigante que sobrevivían seguían recibiendo la visita de barcos en busca de carne y huevos.

La principal colonia, la de la isla volcánica de Geirfuglasker, estaba relativamente protegida por los arrecifes que la rodeaban, y que impedían el acceso de barcos. 

Desgraciadamente, una erupción volcánica ocurrida en 1830 hizo desaparecer la isla. Las alcas supervivientes se dispersaron y se instalaron en otros lugares, como la cercana isla de Eldey, donde en 1835 fue descubierta una población de apenas cincuenta ejemplares.

Por si fueran pocas desgracias, al saberse de la súbita escasez del alca gigante, coleccionistas y museos de Europa y América comenzaron a ofrecer importantes sumas a cambio de ejemplares disecados, pieles o huevos para añadir a sus colecciones, lo que provocó que los pescadores islandeses acabaran con los últimos ejemplares. 

El 3 de julio de 1844, tres islandeses, Jón Brandsson, Sigurður Ísleifsson y Ketill Ketilsson, desembarcaron en Eldey tras oír que algunos coleccionistas llegaban a pagar 100 coronas por un ejemplar de alca, y hallaron un único nido, ocupado por una pareja que incubaba un huevo; mataron a las alcas (que luego vendieron a un naturalista danés llamado Carl Siemsen) y pisotearon el nido y el huevo. 

Esos fueron los últimos ejemplares conocidos del alca gigante (aunque se habló de un supuesto ejemplar visto en 1852 en el Banco de Terranova).

alca gigante

Piel, huevo y esqueleto de alca gigante en el Naturmuseum Senckenberg de Frankfurt.

En la actualidad, se conservan en distintos museos y colecciones de todo el mundo unas 75 pieles de alca gigante, una cantidad similar de huevos y 24 esqueletos completos, además de otros restos menores como huesos, plumas o picos.

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