Evolución contra el cáncer ,Demonios de Tasmania

Demonios de Tasmania
Bendita evolución contra el cáncer.

Lo primero está más que claro, si tenemos en cuenta la cantidad de animales realmente curiosos que viven únicamente en las lejanas tierras australianas, pero lo segundo es más bien el resultado de un estudio reciente, que pone de manifiesto lo beneficiosa que puede ser la leche del Demonio de Tasmania de cara al tratamiento de infecciones causadas por bacterias resistentes a antibióticos. 

Esto se debe al efecto de una serie de péptidos lácteos con funciones antimicrobianas, que ayudan a las crías de estos animales a defenderse de las infecciones de un amplio rango de bacterias y hongos.

Debido a estos tumores la población de demonios de Tasmania ha disminuido significativamente.

Si algo sabemos del cáncer es que no es una enfermedad contagiosa.

Sin embargo, esto no es totalmente cierto. No se asuste. 

El cáncer no es contagioso en seres humanos, pero sí se han descubierto cánceres contagiosos en otras especies, como el perro, una especie de almeja de concha blanda y, sobre todo, en el demonio de Tasmania.

¿Cómo puede contagiarse el cáncer? Para entender esto, quizá ayude recordar que las células de un tumor pueden despegarse del mismo y emigrar a otros sitios distantes del organismo donde se establecen y forman metástasis. 

Si estas células que se despegan pudieran pasar a otro individuo y establecerse en él, el cáncer podría contagiarse. 

Demonios de Tasmania

Afortunadamente, esto es muy improbable que suceda.

Además, en el caso de que sucediera, lo más probable es que las células tumorales sean eliminadas por el sistema inmune de la persona contagiada, por los mismos mecanismos celulares y moleculares que originan el rechazo de un trasplante no compatible.

La única posibilidad de contagio más probable podría suceder tal vez entre hermanos gemelos idénticos, aunque en mi conocimiento tal contagio no se ha producido nunca.

Los rechazos se producen debido a diferencias en las moléculas que marcan la identidad celular de cada cual, las llamadas moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad, o MHC. 

Donantes y receptores de órganos con idénticas moléculas MHC son compatibles y muestran muchos menores problemas de rechazo (aunque siguen sufriendo de rechazo debido a otras razones).

Los mecanismos de rechazo actúan también para atacar a los tumores, ya que las mutaciones que han sufrido los marcan como si sus células fueran extrañas al organismo, por lo que deben ser rechazadas. 

Por esta razón, una de las maneras que los tumores utilizan para evitar ser eliminados es disminuir lo más posible la cantidad de moléculas MHC en la membrana de sus células. De esta manera pasan desapercibidas por el sistema inmune.

Esta situación aumenta las probabilidades de que una célula tumoral con bajos niveles de MHC pueda ser contagiosa. 

Además, si la especie en la que los tumores se producen posee baja diversidad genética, es decir, sus individuos están genéticamente relacionados, la probabilidad de contagio de tumores entre individuos aumenta, ya que muchos pueden ser compatibles entre sí. 


Tumores a mordiscos 

Aun así, es necesaria una manera por la que las células puedan pasar de unos individuos a otros.

Desgraciadamente, algunas especies muestran una elevada agresividad entre sus miembros, que se muerden entre sí con relativa frecuencia. Las mordeduras pueden facilitar el paso de células de unos miembros de la especie a otros. 

Una de estas especies es el demonio de Tasmania, un pequeño carnívoro marsupial que hoy solo se encuentra en la isla de Tasmania, al sureste de Australia.

Estos animales sufren de tumores faciales contagiosos, ya que las mordeduras entre ellos se producen sobre todo en el rostro.

En 1996, se detectó un primer tipo de tumor contagioso, derivado de una célula tumoral procedente de una hembra. En 2014, se descubrió un segundo tipo de tumor, muy similar al primero, aunque diferente ya que deriva de una célula tumoral procedente de un macho.

Tras el contagio de un tumor por la mordedura de otro animal afectado, los animales mueren a los pocos meses. 

Esta situación está aumentando el ya elevado riesgo de extinción de esta especie única de marsupial, ya que debido a estos tumores la población de demonios de Tasmania ha disminuido significativamente. 

Sin embargo, a lo largo de la evolución, otras especies han sufrido altos riesgos de incidencia de cáncer. 

Las ballenas y los elefantes, al irse convirtiendo en animales grandes y estar compuestos por tantas células, deberían hoy sufrir una elevada incidencia de cáncer. Sin embargo, esto no sucede. 

En estas especies, diversos genes se han ido seleccionando para disminuir la incidencia de aparición de tumores en la actualidad.

Por esta razón, una colaboración entre investigadores estadounidenses y australianos ha estudiado el genoma de los demonios de Tasmania en busca de signos de evolución hacia una mayor resistencia de contagio o de desarrollo tumoral en estos animales. 

Los investigadores analizan los genomas, a partir de muestras de sangre o tejidos corporales, de 294 animales. Algunas de estas muestras proceden de animales que vivieron en una fecha anterior a 1996, cuando aparecieron los primeros tumores contagiosos, pero otras muestras proceden de animales vivos en la actualidad.

La idea es comparar los genomas de unos y otros y analizar si, debido a la aparición de los tumores contagiosos, se ha producido algún cambio en la transmisión de genes de generación en generación. 

Los demonios de Tasmania viven solo unos cinco años, y los machos pueden engendrar hasta 16 camadas. Por tanto, en solo veinte años han trascurrido más de una decena de generaciones.

Los resultados de los análisis genómicos, realizados con tan solo un sexto del genoma total de estos animales, ya demuestran que, en tan solo veinte años, la frecuencia de transmisión de genes que pueden conferir resistencia al desarrollo del cáncer o facilitar su eliminación por el sistema inmune ha aumentado de manera clara.

Los investigadores se proponen ahora utilizar células en cultivo modificadas de manera que los genes identificados funcionen a mayor intensidad para demostrar que, en efecto, al menos alguno de estos genes afecta al crecimiento tumoral. 

Como sabéis, el demonio de Tasmania, además de ser un famoso personaje de los Looney Toones (con z de Tazmania), es un marsupial, característico de la isla australiana de Tasmania, que ya fue una noticia para la ciencia cuando se descubrió su capacidad para eludir a un tipo concreto de tumor, que estaba comenzando a mermar notablemente su población. 

En este caso, la buena nueva se centra en su leche; que, como la de otros marsupiales, posee un gran poder antimicrobiano para proteger a sus crías cuando se encuentran en desarrollo en el interior de la bolsa.

Tenemos aquí otro claro ejemplo de evolución frente a nuestros propios ojos desvelado por la ciencia. 

En un mundo en el que un candidato a vicepresidente de los EE.UU. en el siglo XXI todavía niega la existencia de la evolución de las especies por motivos religiosos, tal vez estos estudios le hagan reflexionar… si llega a comprenderlos.

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