Los tomates ya no saben a nada

Los tomates ya no saben a nada
Un estudio analiza por qué los tomates ya no saben a nada.

La pérdida de sabor tiene que ver con la menor cantidad de azúcares y ácidos que tienen las variedades comerciales.

¿Por qué los tomates ya no saben a tomate? Un estudio con participación española revela que las variedades modernas contienen menos cantidades de los compuestos químicos que hacían sabrosos a los tomates tradicionales. 

Además, al identificar los genes relacionados con sus niveles de azúcares, ácidos y otras sustancias, los investigadores podrán recuperar el sabor de esta hortaliza. 

El estudio ha analizado 400 variedades.

Científicos de varios países han analizado en un estudio publicado por Science las variedades de tomate que se comercializan actualmente para descubrir por qué esta hortaliza ya no sabe como antes, y, sobre todo, para intentar recuperar un sabor que se ha perdido por la reducción de sus componentes químicos con la comercialización masiva.

El objetivo de los investigadores era descubrir por qué en los últimos años el sabor del tomate comercial moderno no tiene nada que ver con el de las variedades tradicionales, y para ello, han realizado un estudio exhaustivo de la química y la genética de su sabor, es decir, "de la suma de las interacciones entre el gusto y el olfato", explica Antonio Granell, coautor del estudio.


Menos azúcares y menos ácidos

Los azúcares y ácidos del tomate son los encargados de activar los receptores del gusto, mientras que un conjunto de compuestos volátiles se encarga de activar los receptores olfativos, y es "precisamente la cantidad y proporción relativa de estos compuestos volátiles lo que es esencial para un buen sabor", precisa Granell. La conclusión es que la cantidad de ambos componentes en las variedades modernas son "significativamente más bajas", de ahí que pierdan sabor.

Para comprender y corregir la falta de sabor del tomate, los investigadores han analizado los compuestos químicos de 398 variedades de tomate tradicionales, modernas y silvestres.


Descubren cómo devolverle al tomate su verdadero sabor

Los tomates ya no saben a nada

Un estudio químico y genético sobre el tomate explica los pasos necesarios para recuperar su sabor típico, que ha desaparecido en la mayoría de las variedades comerciales. 

El trabajo, publicado en la revista Science, ha sido desarrollado por un equipo internacional con participación de investigadores del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Politècnica de València.

El profesor de investigación del CSIC Antonio Granell explica: “Para abordar el problema del sabor del tomate, hemos realizado un estudio exhaustivo de la química y la genética de su sabor. El sabor de cualquier alimento es la suma de las interacciones entre el gusto y el olfato.

En el tomate, los azúcares y los ácidos activan los receptores gustativos, mientras que un conjunto diverso de compuestos volátiles activan los receptores olfativos. Es precisamente la cantidad y proporción relativa de estos compuestos volátiles lo que resulta esencial para un buen sabor”.

Han medido el sabor de los compuestos químicos de 398 variedades de tomates tradicionales, modernas y silvestres

Los investigadores han cuantificado el sabor de los compuestos químicos de 398 variedades de tomates tradicionales, modernas y silvestres. Después han evaluado un subconjunto de estas variedades en paneles de consumidores para identificar los compuestos químicos que más contribuían al sabor y al gusto de los tomates.

“Nuestro estudio nos ha permitido descubrir que las variedades comerciales modernas del tomate contienen cantidades significativamente menores de muchos de los compuestos químicos relacionados con el sabor que otras variedades más antiguas”, dice el científico.

La resecuenciación del genoma de esas 398 variedades les sirvió para identificar marcadores genéticos que afectan a la mayoría de los compuestos químicos relacionados con el sabor del tomate, incluyendo azúcares, ácidos y compuestos volátiles.

Predecir el sabor por sus genes

“En algunos casos, incluso podemos predecir cuál es la versión de los genes responsable de la alteración en los niveles de determinados compuestos volátiles y cómo eso afecta al sabor”, añade Granell.

El tomate es la hortaliza de mayor valor cultivada en el mundo y constituye una importante fuente de micronutrientes en la dieta humana.

El deterioro en la calidad del sabor del tomate comercial moderno en relación con las variedades tradicionales es una de las principales causas de queja de los consumidores.

Los resultados del trabajo, en el que también han participado la Chinese Academy of Agricultural Sciences, la Universidad de Florida y la Universidad de Jerusalem, permiten comprender las bases moleculares y genéticas de la falta de sabor en las variedades comerciales modernas del tomate.


Tomates ‘ecológicos’, más ricos en azúcares y vitamina C.
Algunas frutas y verduras contienen ciertos compuestos químicos (fitoquímicos), como los fenoles, que se creen relacionados con la síntesis de antioxidantes. 

Con vistas a conseguir vegetales más ricos en fenoles, con interés nutricional, varios estudios científicos han propuesto someter la planta a estrés oxidativo, para que acumulen estas sustancias como mecanismo de defensa.

tomates ya no saben a nada

Ahora, investigadores de la Universidad Federal de Ceará (Brasil) han llegado a la conclusión de que los métodos agrícolas que provocan estrés en las plantas, como los utilizados en la agricultura ecológica, provocan que sus frutos sean más ricos en azúcares, fenoles y vitamina C. El estudio se publica esta semana en PLOS ONE.

La hipótesis de que el estrés oxidativo aumenta las concentraciones de estos compuestos no había sido muy estudiada previamente. Por eso, los investigadores midieron, por un lado, la concentración de fitoquímicos en tomates orgánicos y convencionales; y por otro, la concentración de enzimas relacionadas con el estrés oxidativo.

Las conclusiones mostraron que los frutos procedentes de agricultura orgánica presentan un nivel de estrés mayor, que, unido a la limitación de nitrógeno disponible en el suelo, hace que los frutos sean un 40% más pequeños. Por el contrario, las concentraciones de vitamina C y fenoles fueron un 55% y 139% superiores respecto a los tomates convencionales.

La novedad de este estudio es que parece confirmar la relación entre el metabolismo fenólico y el estrés oxidativo. Los científicos sugieren que los agricultores deberían aceptar un pequeño nivel de estrés en sus frutas y verduras, tal y como ocurre con la agricultura llamada ‘ecológica’, para así mejorar ciertos aspectos nutricionales. 

Respecto a si las frutas serían más pequeñas, a pesar de tener una mejor calidad nutricional, Laurent Urban, coautor del estudio, declara a SINC: "Creemos que la cantidad justa de estrés al final del crecimiento mejoraría la calidad sin afectar a la cosecha, y actualmente estamos trabajando en este tema".


No obstante, una mayor calidad nutricional no tiene por qué implicar una mejora en la salud. “Es un estudio de contenido nutricional, no de efectos para la salud”, aclara a SINC el profesor de biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia J.M. Mulet. “No han estudiado el efecto de alimentar a diferentes poblaciones con uno y con otro, ni considera factores como la biodisponibilidad o la asimilación”, explica.

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