La bestia de Gévaudan

La bestia de Gévaudan
El misterio de la bestia de Gévaudan.

Fue en el siglo XVIII y a lo largo de tres años, desde 1764 hasta 1768.

Lo ocurrido en la pequeña región francesa de Gévaudan tiene a día de hoy varias explicaciones, pero ninguna clara.

¿Qué extraña criatura quitó la vida a cerca de 120 personas de modo tan salvaje?

El propio rey Luis XV organizó batidas e investigaciones, desplegando a cientos de hombres para dar fin y explicación a aquel hecho que, en poco tiempo, se convirtió en un asunto de estado.

La salvaje criatura de Gévaudan

El primer ataque fue cerca de Langogne en 1764. En esa ocasión una muchacha, una vaquera, fue quien declaró haber sido atacada por una bestia gigante, una criatura espantosa que solo llegó a desgarrarle las ropas y que no le hizo más daño gracias a los bueyes con los que iba, que la defendieron. 

La tragedia llegó el 30 de junio de ese mismo año. 

Se llamaba Jeanne Boulet, tenía 14 años y apareció en el campo completamente destrozada y, lo más impresionante, con enormes mordeduras.

En agosto, apareció la segunda víctima. También una mujer. El verano de aquel año terminó con una cifra realmente trágica: dos niños, dos niñas y una mujer de 32 años.

Algo estaba ocurriendo…




Para dar un ejemplo del impacto que estos hechos suscitaron entre el pueblo francés, basta con indicar las descripciones que los testigos hacían sobre los cuerpos encontrados: la bestia era capaz de arrancar la cabeza de sus víctimas de un solo bocado. 

Tal vez en sí este dato sea algo exagerado, pero con él las personas de la época ya se hacían a la idea de cuál era la fuerza de la mandíbula de la bestia de Gévaudan.

Al terminar el año, ya eran 54 los muertos. Algo que puso en alerta de inmediato al rey y a todo el estado.

Entrada a Gévaudan, actualmente corresponde al departamento de Lozère

La cacería de la bestia de Gévaudan

El monarca alarmado por el terror de su pueblo y las pérdidas humanas, que no dejaban de sucederse en la pequeña región de Gévaudan, no tardó en enviar a sus”dragones”. 

Era así como se conocía a la élite del ejército real. Cuatro tropas de caballería que realizaron batidas día y noche para cazar a la bestia, acompañados siempre por vecinos de pueblo, voluntarios, soldados de las ciudades cercanas y también caza recompensas. 

Personas ávidas por la cuantiosa recompensa puesta por la cabeza de la bestia, razón por la que solían “poner pistas falsas” a los Dragones para despistarlos y llevarlos por caminos equivocados.

¿Encontraron a la salvaje criatura? Tuvieron varios encuentros. Según los textos de la época, el jefe de una de las tropas de los “Dragones” quedó asombrado por uno de esos encuentros cara a cara. 

La bestia era grande como un caballo, pero era ágil. Increíblemente ágil. Y lo que era más asombroso: las balas no lograban herirlo.

Otras personas, en cambio, hablaban de él como un enorme lobo con el lomo rayado.

Un animal de pelaje pardo, que tenía una línea negra que le recorría desde el cuello hasta la cola. Ésta era muy larga, sus fauces desproporcionadas y disponía de una gran agilidad.


¿Qué era en realidad la bestia de Gévaudan?

Lo que fuera la bestia de Gévaudan, aún no ha quedado claro. Hay diversas teorías y todas disponen de su lógica. 

Unas apuntan a una familia como responsable de toda la serie de asesinatos originados en Gévaudan.

Los Chastel participaron en numerosas ocasiones en esas partidas de caza, instantes en los que siempre sucedía algo fuera de lo normal. 

El tiempo en que esta familia de hermanos estaba en la cárcel, los ataques siempre cesaban.

Se contaba, que habían criado una criatura semejante a un tigre y que, más tarde, construyeron para ella una especie de armadura para hacerla más fiera, pero nunca quedó demostrado.

La bestia fue abatida finalmente un 19 de junio de 1768 por Jean Chasel (se dice que utilizó una bala de plata). 

Era un animal de grandes dimensiones, un ser a medio camino entre un lobo gigantesco y un cruce de otro animal, una especie de híbrido que alguien tal vez había llevado a cabo experimentando con nuevas especies.

 Nunca quedó claro. 

En su interior se encontraron restos de carne humana y, aunque se intentó conservar aquella criatura disecándola, un incendio acabó con ella, haciendo desaparecer la única prueba con la que tal vez hubierámos podido llegara comprender lo sucedido en Gévaudan.

¿Realidad o una leyenda urbana de un pueblo francés? Nunca lo sabremos.

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