El triste destino de las momias incas

El triste destino de las momias incas
El triste destino de las momias de los incas.

Las culturas andinas anteriores a los españoles conocían y practicaban la momificación.

Y como no podía ser menos, los cuerpos de los reyes incas muertos también eran momificados.

Después de todo, el Inca era Hijo del Sol, y por lo tanto, no sólo un hombre sino un semidiós. 

La consabida arquitectura religiosa que levantan los sacerdotes para fabricarse ídolos de los cuales ser guardianes y entronizarse sobre la población pagana, hizo el resto. 

Los sacerdotes llegaban incluso a emplazar la momia de un inca fallecido en un sitio en donde pudiera ser consultado como un oráculo, cuya respuesta por supuesto era proporcionada por estos mismos sacerdotes. 

En el sistema político incaico, los descendientes de cada inca conformaban una panaca (salvo el inca sucesor mismo, cuyos hijos a su vez formarían una panaca aparte), y esta especie de clanes tenían presencia muy activa en la política cortesana.

Por supuesto que con la llegada de los españoles, todo esto cambió. Algunos sirvientes tomaron las momias de sus patronos incas, a quienes seguían considerando vivos... de alguna manera... y se los llevaron a algún escondrijo en la ciudad de Cuzco. 

En su escondite, dichas momias continuaban siendo veneradas y reverenciadas como los verdaderos señores del Imperio Inca, confirmando así que consideraban a los españoles no sólo como invasores, sino también como usurpadores.

Fuera por falta de capacidad o de interés en cazar a estas momias, y considerando que a la caída del Imperio Inca sobrevinieron casi dos décadas de guerra civil entre los propios españoles, las momias siguieron seguras en su escondite, hasta la llegada de Juan Polo de Ondegardo. 

Este personaje fue nombrado corregidor de Cuzco, y puso empeño especial en cazar las momias, lo que consiguió finalmente en 1559. 11 momias y varias reinas emprendieron entonces el viaje a Lima, en donde los españoles habían edificado su capital (y que, huelga decirlo, sigue siendo la capital del Perú). 

Los restos mortales de Huayna Cápac, Pachacútec, y otros grandes incas que supuestamente desafiaban a la inmortalidad con su momificación, fueron reducidos al estatus de mera curiosidad, exhibidos en el Hospital de San Andrés en Lima, para morbo y deleite de los pacientes que se atendían ahí, los cuales, quizás sobra decirlo, eran todos europeos (no indígenas, claro está). 

Eso duró hasta que el clima marino y salobre de Lima corrompió a las momias, por lo que las autoridades españolas decidieron al fin darles sepultura, en Lima eso sí, para que no se transformaran en fetiches nacionalistas por parte de los indígenas.

En el año 2001, una expedición arqueológica guiada por Brian Bauer, Teodoro Hampe Martínez y Antonio Coello Rodríguez, intentó dar con el paradero de las momias. Armados con la más novísima tecnología, incluyendo un radar de penetración terrestre, investigaron el edificio del Hospital San Andrés, que en el intertanto de los siglos funcionaba ahora como escuela para niñas. 

Encontraron una cripta subterránea abovedada, y con esto el corazón les dio un vuelco. Pero a esta felicidad, siguió la desilusión: la cripta estaba vacía. 

¿En dónde están las momias de los grandes monarcas incas? 

¿Fueron movidas por los trabajadores que remodelaron el edificio? 

¿O acaso fueron enterradas desde el comienzo en otra parte? La respuesta, a una década de la investigación de Bauer, Hampe y Coello, sigue siendo el más profundo y amargo de los misterios.

Bueno. Las momias de Chinchorro, en Arica, que se consideran las más antiguas del mundo, tampoco se hallan en buenas condiciones de conservación en el museo donde están hoy, al punto de que algunos ya han encendido las alarmas producto de su deterioro.


Los Incas: ritos funerarios 

A pesar de las desigualdades sociales, los fallecidos se trataban sin diferencia y con igual respeto La vida después de la muerte, "de una vida a otra", el tránsito de un lugar o espacio, formaba parte de las creencias de las culturas que denominamos comúnmente como antiguas o ancestrales.

Su estudio, a la par que interesante, resulta ser complementario para seguir las pautas de la evolución, aunque estas ya estén marcadas.

Los Incas: ritos funerarios

¿Existe un patrón? Si lo analizamos desde diversas perspectivas nos encontramos con puntos en común, un antes y un después, que sigue compartiendo algún que otro factor común y un ejemplo son los ritos funerarios. Para comprender, hay que retroceder en el tiempo, situarnos siglos atrás, en una sociedad muy distinta a la del concepto que tenemos de esta actualmente.

En aquel tiempo, sacrificios y ritos funerarios se fundían en una creencia difícil de entender por aquellos que no son capaces de ver, con los ojos y mentalidad de un pasado, que dista de ser lejano. Los Incas

La palabra Inca, traducida del quechua, significa "rey" o "príncipe", aunque ésta también hace referencia al resto de los individuos que formaban parte de la sociedad incaica. Ubicados en América del sur, su imperio abarcaba desde el norte de Chile hasta los territorios que hoy conocemos bajo los nombres de Colombia, Bolivia, Perú y Ecuador.

Todos ellos formaban parte del Tawantinsuyu ("Tierra de los cuatro cuarteles" o de las "cuatro partes"). Ritos funerarios Las culturas ancestrales se caracterizaban por sus creencias mágicoreligiosas, presentes habitualmente en la vida cotidiana de las comunidades antiguas.

La muerte y la vida eran una, no desaparecía el ser, sino que se producía un viaje a otra vida, al mundo de los huacas, donde el muerto formaría parte de un nuevo ayllu. Las pautas del rito consistían en proporcionar al muerto o muertos, un lugar adecuado para su nueva vida acompañado de un ajuar (objetos personales como su ropa, utensilios de trabajo, comida, etc.).

El fin era mantener al difunto apaciguado y confortable en su nueva morada para evitar su regreso.

A pesar de las desigualdades sociales, los fallecidos se trataban sin diferencia y con igual respeto. El cuerpo era sagrado y, como tal, había que cuidarlo y atenderlo.

El o los fallecidos eran depositados en cuevas o bóvedas, y no se enterraban ni se cremaban, ya que el cuerpo debía conservarse para facilitar el tránsito a su nueva vida. La momificación era un derecho reservado para aquellos que pertenecían a la nobleza o alto rango.

La momia del Inca quedaba al cuidado de la panaca, su responsabilidad perduraba ya que su deber era vitalicio. “El Inca no sólo habitaba su palacio principal en vida; también después de su muerte permanecía allí; pues los incas eran embalsamados, momificados. Individuos dedicados a esa tarea, les quitaban las entrañas –sobre todo los intestinos-y rellenaban sus cuerpos con elementos textiles de gran duración.

Pero para que el distinguido muerto pareciera lo más vivo posible, se le reemplazaban los ojos por otros nuevos y radiantes, confeccionados con finas placas de oro, el metal del sol...¿Cómo podía ser de otra manera en ese país?

Se vestía al muerto con sus mejores ropas y la elegante momia –llamada mallqui- era sentada en el trono de su residencia”, Miloslav Stingl, El imperio de los Incas. Glosario - Huacas: Huaca es el término quechua (que es el idioma ancestral unificador de la gente de los Andes – un idioma con muchos dialectos) para determinar un lugar sagrado.

Pero, en tiempos pre colombinos, no existían diferencias entre las autoridades administrativas y religiosas.

Por lo tanto, Huacas son todo el patrimonio monumental y arquitectónico precolombino: templos, centros administrativos, fortalezas, cementerios, etc. - Ayllus: La organización social Inca se basó en el Ayllu, que es el conjunto de individuos o de familias unidas por ciertos vínculos como un origen común (real o ficticio), que eran descendientes de un antepasado común mítico y vivían en un lugar determinado.

Entre las comunidades indígenas del Perú en general, el Ayllu es la unidad esencial donde se distribuye la riqueza y los cultivos, etc. - Panacas: Según los cronistas, la Panaca se formaba con los descendientes de ambos sexos de un Inca reinante, pero excluyendo al Inca en ejercicio del poder.

Además, cuando moría el Inca no terminaba su función, pues la Panaca tenía la obligación de cuidar la momia del Inca, recordar sus hazañas y pasear su momia en procesiones. Bibliografía María Rostworowski, Historia del Tawantinsuyu. Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1988. Virgilio Roel Pineda, Cultura Peruana e historia de los Incas. Fondo de Cultura Económica: Universidad Alas peruanas, Lima, 2001.

Autora| Teresa García González
Con permiso para reproducir, siempre y cuando se enlace adecuadamente con un link a http://vidacotidianitica.blogspot.com
Publicado por / Fuente : https://sigloscuriosos.blogspot.com
Creative Commons