Extinción por cuestión de dientes

Extinción por cuestión de dientes

Foto por Steve Starer, CC-BY
Huevos, dientes y la extinción de los dinosaurios.

Se sabe hoy que ningún animal de peso superior a los 25 kg sobrevivió a la colisión.

Es bien conocido que la extinción de los dinosauros se debió, al menos en parte, a la colisión de un asteroide con la Tierra hace unos 66 millones de años. 

Si bien este cataclismo ayuda a explicar la extinción de esos fabulosos animales, no lo explica todo, puesto que no todos los animales se extinguieron y, en particular, no lo hicieron las aves, que evolucionaron a partir de los dinosaurios y se consideran hoy dinosaurios vivientes.

Lo anterior implica que los verdaderos dinosaurios debieron sufrir ciertas desventajas que impidieron su supervivencia en el nuevo entorno ecológico generado tras la cataclísmica colisión, y que solo las especies que pudieron superarlas y evolucionar hacia otras formas de vida, como son las aves, sobrevivieron.

Entre estas desventajas, parece razonable incluir la talla corporal. 

La enorme talla de algunas especies de dinosaurios hizo imposible para ellas conseguir los alimentos necesarios para mantenerse con vida en el entorno de rápido cambio climático generado por la colisión. 

Se cree que esta generó un largo “invierno” debido al polvo, cenizas y otros materiales expulsados a la atmósfera, los cuales bloquearon la llegada de la luz solar a la superficie del planeta, con el consiguiente brutal descenso de las temperaturas.

De hecho, se sabe hoy que ningún animal de peso superior a los 25 kg sobrevivió a la colisión. 

La Tierra quedó poblada por enanos.

Sin embargo, una gran talla no solo pudo suponer una desventaja en la edad adulta, sino también durante el desarrollo embrionario en el interior del huevo. Un largo periodo de incubación de los huevos puede suponer un mayor riesgo de que estos se pierdan, se dañen, o sean utilizados como desayuno por algún predador. 

Los periodos de incubación de los huevos de las aves son cortos en comparación con los de los reptiles. La mayoría de los reptiles poseen dos oviductos y los huevos son formados y puestos al mismo tiempo, normalmente en elevadas cantidades. 

Las aves poseen un solo oviducto y los huevos son puestos en menor número, aunque son más grandes que los de los reptiles. 

Curiosamente, a pesar de este mayor tamaño, los huevos de las aves eclosionan en mucho menor tiempo que los de los reptiles. Las aves consiguen acortar al máximo el tiempo de desarrollo embrionario gracias a mantener en su interior una temperatura elevada mediante la incubación, además de que las cáscaras de sus huevos permiten una mejor conducción de oxígeno a su través, lo que posibilita a su vez una mayor tasa metabólica y de crecimiento. 

Cuestión de dientes 

Obviamente, aves y reptiles actuales provienen de un ancestro común, el cual, o tenía un largo periodo de incubación de sus huevos, en cuyo caso las aves habrían evolucionado hasta conseguirlo más corto, incrementando los cuidados paternos a los huevos mediante su incubación activa, o tenía un periodo de incubación corto, en cuyo caso serían los reptiles actuales los que habrían evolucionado alargándolo, eximiendo así los cuidados paternos. 

¿Qué periodo de incubación tenían los huevos de los dinosauros de los que derivan las aves? Esta cuestión se ha considerado hasta hace poco imposible de responder. Solo se ha podido realizar una estimación a partir de los periodos de incubación de aves de diferentes tamaños, desde el colibrí al avestruz. Considerando que los huevos de dinosaurio fosilizados que se han recuperado varían de 0,42 a 5,63 kilogramos de peso, se ha estimado que su periodo de incubación variaba de 45 a 80 días, según las especies de estos reptiles. 


Sin embargo, recientemente se ha descubierto un método alternativo para calcular el periodo de incubación, o de embarazo, de cualquier animal que nazca con dientes.

Se trata de contar el número de las llamadas líneas de Ebner en los dientes del embrión en desarrollo. 

Las líneas de Ebner reflejan los cambios diarios en el proceso de mineralización que tiene lugar durante el desarrollo del diente, y su número, por tanto, indica la cantidad de días que el diente lleva creciendo.

En el caso de los dinosaurios, los embriones ya desarrollaban dientes antes de salir del cascarón, por lo cual, la determinación del número de estas líneas en embriones fósiles puede dar una idea de los periodos de incubación. 

Investigadores de las universidades de Florida (USA) y de Cálgari (Canadá), estudian los embriones fósiles de dos especies de dinosaurios: Protoceratops andrewsi, un dinosaurio de un tamaño similar al de un león o un tigre, e Hypacrosaurus stebingeri, un dinosaurio de tres metros de alto y nueve de largo. 

Los huevos de P. andrewsi eran de los más pequeños de entre las especies de dinosauros, mientras que los de H. stebingeri se encontraban entre los más grandes.

De este modo, los investigadores esperaban que los datos que encontraran podrían reflejar el rango de periodos de incubación para todos los dinosaurios.

Tras el análisis de los dientes de varios embriones fósiles, los investigadores encuentran que el periodo de incubación de P. andrewsiera de 83 días, mientras que el de H. stebingeri era de unos 171 días, es decir, de casi seis meses. 

Los investigadores concluyen que los ancestrales dinosaurios necesitaban tiempos de incubación similares a los de los reptiles modernos, y que son las aves las que han evolucionado hacia tiempos de incubación más cortos. 

Curiosamente, este acortamiento ha sido conseguido gracias a la pérdida de los dientes, que suponen un cuello de botella para el desarrollo embrionario, ya que su crecimiento es lento. 

Así pues, la pérdida de los dientes y el desarrollo del pico parece haber sido una estrategia de supervivencia que ha permitido que los huevos de las aves corran menos riesgos que los de sus hermanos los dinosaurios.

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