La Mona Lisa está feliz

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La Mona Lisa está feliz
La Mona Lisa está inequívocamente feliz.

El debate lleva abierto más de cinco siglos: ¿realmente sonríe La Gioconda?

Un reciente estudio concluye que sí, que el gesto que exhibe la Mona Lisa es una sonrisa.

Sus responsables (investigadores del Centro Médico y el Instituto de Psicología de la Universidad de Friburgo y del Instituto de Áreas Fronterizas de Psicología y Salud Mental de la misma ciudad alemana) llegaron a esa conclusión tras una serie de pruebas en las que participaron 12 personas.

A todas ellas se les mostró una reproducción de la pintura original de Leonardo así como ocho versiones más de la misma. En cada una de ellas, la curvatura de las comisuras de los labios de la Gioconda se retocó ligeramente para lograr un rictus más alegre o más triste.

El resultado asombró a los propios investigadores: «Para nuestra gran sorpresa, el gesto correspondiente a la pintura original de Da Vinci fue percibido casi siempre como inequívocamente feliz», recoge Nature.

Tanto la imagen original como las cuatro versiones en las que la sonrisa era más evidente fueron percibidas como gestos «positivos» casi al 100% por los participantes.

Estos, además, identificaron las caras alegres con mayor rapidez y con mayor grado de certidumbre que las tristes. 

La Mona Lisa está feliz
«Parece que nuestro cerebro es más propenso a reconocer las expresiones faciales positivas», comentaba, Emanuela Liaci, una de las responsables del estudio, en ScienceDaily.

El estudio, que forma parte de un proyecto más amplio sobre los procesos de percepción, «pone en duda la apreciación más común entre los historiadores del arte», afirmaba el Dr. Jürgen Kornmeier, máximo responsable de la investigación, en referencia a la ambigüedad que tradicionalmente se ha atribuido al gesto de la protagonista de la pintura.

Algunas de las más recientes investigaciones sugerían que Leonardo Da Vinci consiguió tal efecto gracias a su destreza con el sfumato.

Según Alessandro Soranzo y Michelle Newberry, de la Universidad Sheffield Hallam, el uso de dicha técnica permitió al genio renacentista conseguir ese gesto indeterminado, al que en el estudio denominan «sonrisa inalcanzable» («la sonrisa desaparece en el momento en el que el espectador trata de atraparla»), que también logró en otro de sus cuadros, La Bella Principessa.

La conclusión se llegó al exponer ambas obras a varios voluntarios. 

Al mirar únicamente la boca de las protagonistas, la mayoría consideró que las dos figuras sonreían.

En cambio, al taparles los labios y fijarse sólo en los ojos, los participantes respondieron que los rostros les transmitían una sensación de seriedad.

Para otros investigadores, la sonrisa de la Mona Lisa es consecuencia de los amplios conocimientos de anatomía humana que poseía su autor.

Es el caso del estudio llevado a cabo por Luís Martínez Otero, del Instituto de Neurociencias de Alicante. 

Según sus pesquisas, el hecho de que en algunas ocasiones percibamos sonriente a la Gioconda y en otras no depende de las células que captan las imágenes en la retina y del canal del cerebro por el que se transmiten.

«Algunas veces un canal se impone a los demás y vemos la sonrisa; en ocasiones ganan otros y no la vemos», explicaba en un artículo publicado en New Scientist y recogido posteriormente por Muy Interesante. 

Uno de los experimentos llevados a cabo por el investigador consistió en mostrar a varios voluntarios una pantalla blanca o negra durante treinta segundos antes de proyectar sobre ella la pintura de Leonardo. 

El resultado: la sonrisa se percibía con más frecuencia tras la proyección de la pantalla oscura.

Otra de las más recientes teorías al respecto es la de Jonathan Jones. Para el crítico de arte en The Guardian, la supuesta sonrisa de la Gioconda esconde, en realidad, un problema de salud: la mujer del cuadro sufría de sífilis. 

Jones se basa en el libro de contabilidad de un convento florentino que registró la compra de un frasco de baba de caracol en su botica por parte de Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo, y modelo del cuadro más famoso del mundo.

Entre sus muchas propiedades, el ungüento era utilizado en la época para tratar ese tipo de enfermedad de transmisión sexual. 

A partir de ahí, el crítico de The Guardian especula con la posibilidad de que aquella media sonrisa no sea más que reflejo de la melancolía.

Incluso insinúa que algunas de sus características físicas podrían derivarse de un deficiente estado de salud: 

«Las sombras alrededor de sus ojos fácilmente podrían parecer insalubres. La extraña luz verdosa que la baña podría ser un miasma de enfermedad».

A lo largo de la historia, pocos enigmas han dado cancha a tantas teorías como el de la sonrisa de la Gioconda. Y las que nos quedan.

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