Las universidades medievales

Las universidades medievales
Especialización de las universidades medievales.

Las primeras surgieron en el siglo XII. Hubo luego una explosión de ellas en el siglo XIII, y esta tendencia alcanzó su apogeo en el siglo XIV.

Las universidades marcaron a fuego la vida intelectual de la segunda mitad de la Edad Media, y muchas de ellas siguen teniendo nombradía hasta el día de hoy: Oxford, Cambridge, La Sorbona, Salamanca...

A la distancia diera la impresión de que todas ellas eran parecidas, con orondos sacerdotes dictando cátedra desde púlpitos en donde afligidos alumnos armados con plumas de ganso escribían lo mismo siempre y en todas partes. 

Después de todo, no existía la profusión de carreras universitarias de hoy en día, ya que sólo se estudiaba Derecho, Filosofía, Teología y Medicina. 

Además, los viajes por Europa no eran cosa sencilla, por lo que parecería que la competencia entre universidades debería ser mínima. 

Pero las implacables leyes de la Economía valían incluso en aquellos tiempos precapitalistas, y así, las universidades europeas medievales debieron recurrir a la especialización para diferenciarse unas de otras y prosperar en el competitivo mercado de los estudiantes universitarios.

La Universidad de París era considerada como la más importante de Occidente porque ésta era el centro de novedades de las disciplinas más elevadas que existían, entendiendo por "elevadas" en un concepto medieval, claro está.

París era la campeona indiscutible de la Filosofía y la Teología, disciplinas que pretenden cubrir visiones totalizantes de la naturaleza, y que por tanto tenían enorme prestigio en la época de las catedrales. 

La Universidad de París era entonces literalmente donde se ordenaba el mundo del pensamiento medieval, la más acabada representación de la "universitas litteratum", la universalidad de las ciencias y el conocimiento. 

En París tuvo lugar por ejemplo la célebre pugna ideológica entre Bernardo de Claraval y Pedro Abelardo (siglo XII), sobre el problema de los Universales, y a París tuvo que ir a estudiar Tomás de Aquino, el más grande teólogo medieval, bajo las órdenes de Alberto Magno, el más importante teólogo de la generación inmediatamente anterior.

La Universidad de Bolonia era, por su parte, la campeona absoluta en materia de Derecho.

En dicha ciudad de Italia Central, sometida en su tiempo al poder bizantino, se habían conservado copias del "Corpus Iuris Civilis", la mayestática colección jurídica recopilada por orden del Emperador bizantino Justiniano. 

A finales del siglo XI, el monje Irnerio redescubrió dicho legado jurídico en Bolonia, y lo puso de moda otra vez en Europa. Como consecuencia lógica, la Universidad de Bolonia se transformó en la principal sede de estudios jurídicos europeos hasta por lo menos el siglo XVI.

Y si de Medicina se trataba, a la cabeza estaba la Escuela de Medicina de Salerno.

Ubicada en el sur de Italia, en la ciudad de Salerno confluyeron los manuscritos médicos recopilados por los sacerdotes, así como las tradiciones médicas de árabes y judíos (el Mediterráneo Occidental en la época era una vasta zona comercial en donde circulaban más o menos libremente ideas de todo tipo), mucho más empíricas y tolerantes que el pesado y a menudo abstruso dogmatismo de la enseñanza en la Europa cristiana. 

Los salernitanos tenían fama de ser médicos prácticos, y su escuela de Medicina marcó pauta hasta el siglo XIV (aún así, fue cerrada recién en el siglo XIX). 

Esta Escuela de Medicina no era una Universidad propiamente tal, en el sentido moderno del término (en el mejor de los casos se correspondería con la idea actual de "facultad"), pero aún así se la considera con justicia como una de las primeras universidades propiamente tales que surgió en la Edad Media de Occidente.

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