Macacos que lavan camotes

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Macacos que lavan camotes
Los macacos que lavaban camotes.

Todos conocemos la batata o camote, ¿no?

También todos conocemos los macacos, ¿no?

Bien. Así como con otras especies, los naturalistas se fijaron en los macacos del Japón, y comenzaron a estudiarlos.

En las décadas de 1960 y 1970, los estudios sobre su comportamiento fueron bastante intensos. 

Y entonces sucedió el famoso experimento en que los macacos aprendieron a lavar sus tubérculos. Camotes, en este caso.

En realidad el camote es originario de Sudamérica, aunque se encuentra también en la Polinesia. 

Es decir, no es un tubérculo nativo de Japón, o que los japoneses conocieran, hasta donde llegan las investigaciones de General Gato vuestro seguro servidor. 

De manera inicial, la idea no era explorar qué harían los macacos con ellos, sino simplemente sacarlos a terreno abierto: los macacos solían esconderse en los bosques, y allí era complicado estudiarlos.

De manera que, para observarlos mejor, se limitaron a arrojar camotes a lo largo de toda la playa. Los macacos salieron y comenzaron a engullirlos con fruición.

Entonces fue cuando una joven hembra de un año y medio de edad llamada Imo, descubrió algo significativo. 

Todos los monos limpiaban los tubérculos simplemente con las manos. Imo por su parte descubrió que los tubérculos en cuestión quedaban más limpios si se sumergían en las aguas de un río.

Al principio, la novedad fue acogida por sus hermanos, y luego por su madre. Andando el tiempo, toda la manada comenzó a lavar los camotes en el río. 

Sólo los más viejos y cenizos, celosos de su rango y posición, se negaron a acceder a la novedad, y siguieron quitando la tierra con las manos.

Y cuando los más viejos se murieron y dejaron de estorbar a las nuevas generaciones, la costumbre entre los macacos se hizo universal.

Y no se detuvo ahí. Imo descubrió también el placer de echarle sal a los camotes.

La estrategia era simple: agarrar el camote y morderlo. Luego, bañarlo en agua de mar para que la sal se impregnara. 

Y luego, seguir comiendo. Porque por lo visto, ser un macaco no está reñido con ser un gourmet...

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