Sedna, diosa inuit del mar

Sedna, diosa inuit del mar
La leyenda de Sedna, la diosa inuit del mar.

Es una triste leyenda inuit. Si nunca has oído hablar de la diosa Sedna te diremos que esta historia dispone de un halo de dulce tristeza.

En ella se perfila el alma de una mujer herida y llena de rencor, que ama a los animales y que reniega de esos hombres que un día le hicieron daño.

Sedna, es una bella mujer que reside en las profundidades oceánicas, en un lugar llamado Addiden donde llegan, según la creencia inuit, las almas de los muertos para ser enjuiciados.


Estamos seguros de que te encantará descubrir más cosas sobre este interesante mito marino…

Sedna, una leyenda del pueblo inuit

Inuit, es el nombre habitual que se les da a todos aquellos pueblos esquimales de las regiones árticas de América y Groenlandia. 

Lo forman diversas etnias y distintos grupos locales a los que se conoce con este sencillo término que significa, simplemente, “pueblo”. El término singular sería pues “inul”, es decir, “persona”.

Es posible que nos suene más la conocida palabra “esquimal“, pero en realidad está casi en desuso y en Canadá, por ejemplo, es más habitual conocerlos como inuit.

Aclarado esto nos podemos imaginar, más o menos, cómo son sus condiciones de vida. Son pueblos asociados al mar, al frío y a la caza. Hombres y mujeres valientes que han construido sus mundos y sus mitos alrededor del lecho marino, de sus grandezas y sus misterios. 

La leyenda de Sedna es, pues, una de sus historias más comunes y también de las más bellas.

Sedna, diosa inuit del mar
En ella se nos habla de Sedna. Una joven muchacha que vivía feliz con su padre en una isla remota de Canadá. 

No tenía madre, así que había crecido en soledad con su padre queriéndolo más que a nada en el mundo hasta que, obviamente, tuvo edad suficiente para empezar a fijarse en aquellos jóvenes navegantes o cazadores que, de vez en cuando, venían a la isla.

Durante un tiempo no se fijó en ninguno, hasta que un día surgió el irremediable flechazo, el amor ciego y desbocado. Era un galante capitán extranjero que llegó con su imponente barco. 

No hizo falta mucho, en pocos días la seducción del muchacho tuvo su resultado y se la llevó con él lejos de la isla, lejos de su padre y de todo lo que le era conocido. Pero no, no te confíes porque nuestro atractivo extranjero no era un hombre normal… era un chamán, un brujo e incluso en otras versiones del mito aparece como un pájaro o un perro.

Sea como sea, la joven fue engañada y arrastrada a las profundidades del océano. 

A ese averno acuático que, en cierto modo, nos recuerda al rapto de Perséfone por parte de Hades.


Sedna, la diosa de las focas y ballenas

Pasado un tiempo, el padre de Sedna empezó a intuir que algo ocurría. El mar siempre estaba nervioso, alzando coléricas olas que estallaban contra su humilde hogar. Y en cada golpe del océano, el viento le traía la voz de su hija, sus lamentos y sus lloros. Clamaba su perdón y su ayuda. ¿Qué podía hacer el viejo padre de Sedna? Evidentemente lo que todo progenitor haría por sus hijos, luchar por su salvación.

Así fue como el hombre cogió su kayac y empezó a navegar mar adentro en busca de Sedna. La encontró herida y maltratada, así que no lo dudó, la puso en su pequeña embarcación y huyó de aquel mundo de oscuridad. Pero el chamán, al ver la huida de Sedna, alzó su furia y sus poderes hacia el cielo, desencadenando una furiosa tempestad. 

El océano rugía colérico y lleno de rabia, instante en que el padre comprendió que su hija pertenecía ya al mar y no al mundo de los hombres.

Por eso, no lo dudó, la lanzó de nuevo al océano. No obstante, Sedna, desesperada, se aferró al kayak con fuerza, se negaba a irse, se oponía a ser abandonada a ese mundo marino. ¿Y qué hizo entonces su padre? Coger un hacha y cortar los dedos de su hija. Y después sus manos…

En ese instante, según la leyenda inuit, sus dedos se convirtieron en peces y focas pequeñas. Mientras que las manos de Edna, dieron paso a las bellas morsas, a las ballenas y a innumerables animales marinos. Fue así como esta muchacha se convirtió sin desearlo en la diosa del mar.

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