Armas medievales en la Primera Guerra Mundial

Armas medievales en la Primera Guerra Mundial
Armas medievales en la Primera Guerra Mundial.

La cronología histórica es algo artificial que hemos establecido para poder estudiar el pasado de una forma metódica.

Por eso se hacen agrupaciones de edades amplias pero imprecisas (Antigua, Media, Moderna, Contemporánea) y los siglos se establecen por unidades de cien años que empiezan los cero. 

Ni en un caso ni en el otro se pueden tomar las cosas al pie de la letra (o del número).

Así, hay cierto consenso en admitir que, pese a que el comienzo del siglo XX se sitúa oficialmente en 1900 (aunque en sentido estricto debería ser 1901), en la práctica no lo hizo hasta 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, quedando esa primera década larga como simple epílogo decimonónico.

A partir de aquel 28 de julio, el mundo se transformó política, económica, social, geográfica y tecnológicamente, entrándose en otra época.

Sin embargo, quien eche un vistazo a las fotografías adjuntas seguramente se llevará una sorpresa.

Y ojo, que no se trata de bromas ni montajes.

A pesar de todos los avances armamentísticos alumbrados durante el conflicto, con la aparición de la aviación, la guerra química, los carros de combate y la generalización de los submarinos como principales novedades, aún se mantuvieron viejas costumbres.

Unas no nos resultaban desconocidas, como el hecho de que siguieran realizándose cargas de caballería; pero otras son casi desconcertantes, como el uso de armas típicamente medievales y otros artilugios que muy bien podrían pasar por tales, como máscaras antigás de tosco diseño, chalecos de hierro antibalas, guanteletes afilados, caretas de cuero para los tanquistas e incluso dardos que se lanzaban desde los aviones contra las formaciones de jinetes.

Asombro especial merecen los abanicos con que se intentaba disipar el gas mostaza.

Vean, si no, las fotos (y las del enlace al Imperial War Museum de Londres). ¿No es curioso ver soldados vistiendo armaduras, cotas de malla y escudos? ¿Pelotones empuñando hachas o mazas de estrella? 

¿Unidades enteras sustituyendo los cañones por catapultas y grandes ballestas para lanzar granadas?

Parece como si alguien hubiera sido capaz de viajar en el tiempo hasta la época de las Cruzadas con un daguerrotipo y nos ilustrase con lo que vio allí. Pero lo cierto es que son imágenes correspondientes a los cuatro años que duró el primer gran conflicto del siglo XX, entre 1914 y 1918.

Cuatro años que dejaron diez millones de muertos e innumerables heridos y, durante los cuales, buena parte de las operaciones se limitaron a una guerra de posiciones bastante estática, con los combatientes consumiéndose en líneas de trincheras casi inamovibles que delimitaban frentes de resonancias tan siniestras como el Marne o el Somme y que se intentaban tomar al asalto, en lucha cuerpo a cuerpo, y defenderse por el mismo sistema; disparando, a punta de bayoneta o, como vemos, con armas de otra época.

Ambos bandos las usaron. Lo paradójico del caso es que hoy, cuando la tecnología ha alcanzado cotas de virtuosismo y se puede acabar con un ratón desde un satélite, los soldados vuelven a equiparse con protecciones acorazadas para sus cuerpos -de materiales más ligeros, eso sí- y a usar eventualmente armas blancas que, a veces, recogen en su diseño la efectividad de las medievales. 

Por no hablar de los escudos que usa la policía en las algaradas callejeras. La Historia se recicla constantemente.

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