Jack el Destripador ¿no existió?

Jack el Destripador
1888, Londres en plena II Revolución Industrial, las condiciones de vida en los barrios obreros seguían siendo muy precarias y miserables.

En ese contexto, de un proletariado pobre, que muchas veces se veía abocado a la delincuencia, la mendicidad y la prostitución se enmarca nuestro misterioso pasaje y personaje, al que iban a bautizar como Jack “el Destripador”.

Todo Londres contuvo el aliento y quedó marcado por las violentas muerte, en concreto, fueron 5 mujeres, las que perecieron de forma brutal a manos de Jack, en un barrio deprimido de obreros del Londres industrial, el barrio de East End.

Uno de los barrios que tenía peores condiciones de vida y donde reinaba el caos, la oscuridad, la insalubridad, la pobreza y la prostitución, en ese ambiente este asesino silencioso y brutal encontró el lugar ideal para perpetrar sus asesinatos, y nunca fue capturado, de modo que, el misterio acerca de su figura creció hasta la actualidad.

Un misterio que conmocionó Inglaterra, la nación más poderosa del Planeta en ese momento, y a su capital, la gran metrópoli de la segunda época industrial occidental, que encabezaba Inglaterra.

Londres era la ciudad de los tiempos modernos, de Music Hall, de los Bancos que controlaban todo el comercio internacional del vasto imperio inglés, del Parlamento y su monarquía parlamentaria personificada en la Reina Victoria, el palacio de Buckingham y las torres de Westmister.

Pero todo ese boato y desarrollo era una cortina de humo, nunca mejor dicho, no había más que pasear por Whitechapel, en el East End, uno de esos deprimidos barrios obreros donde la miseria humana alcazaba el cenit, todo era humo y miseria.

En 1890, según informó el Ejército de Salvación, en Londres había 30.000 se.xo servidoras, más de 160.000 personas acabaron en la cárcel por el alcohol, hubo 2.297 perdidas de vidas por mano propia y 2.157 muertes violentas.

Buena prueba de que Londres era la ciudad de la miseria, muchos vivían al borde de la inanición, y en ese ambiente tan lamentable el Destripador encontró el ambiente ideal para su macabro ritual.

Whitechapel era su epicentro de un barrio obrero con oscuras callejuelas por las que circulaba el hedor del Támesis, que Dickens, algo antes, definió a la perfección en sus Tiempos Difíciles “… había en ella un canal de aguas negras, y un río que corría púrpura y apestaba a tinte…”.

Entre esas emanaciones reinaban los bajos fondos humanos: el alcoholismo, la prostitución, el hacinamiento y las enfermedades en una barrio de unos 80.000 habitantes.

Parafraseando a Dickens habitado “por gentes también idénticas (...) haciendo el mismo ruido sobre las mismas aceras de camino al trabajo y para los cuales cada día era igual que el de ayer…”. Whitechapel en el East End, era la parte de Londres que no se veía desde fuera y que ni los londinenses querían ver, pero no les quedará más remedio que poner sus ojos sobre la inmundicia de Whitechapel, y el responsable es el Destripador y sus brutales crímenes.

El nombre de Jack “el Destripador” (Jack “The Ripper”), aún resuena en Europa e Inglaterra, y el motivo de tal fama es que sus asesinatos convulsionaron y difundieron el miedo en medio de la aparente opulencia y bienestar de la sociedad victoriana. Sacando a la luz una Inglaterra diferente, llena de pobreza y miseria humana, es una de las razones de que su leyenda se mantenga viva hoy en día.

El creció, en parte también, por no ser capturado, y que a día de hoy no se sepa su identidad, y como en 1888 poco a nada verosímil hay acerca de su figura. Aunque un diario aparecido y estudiado hace poco puede cambiar eso, o puede ser parte de la llamada “Ripperología”, que entre ciencia y especulación siempre está publicando noticias y estudios sobre el misterioso asesino.

Al no saberse su identidad la imaginación y leyendas disparatadas no han cesado, desde que el gran Lewis Carroll (creador de Alicia en el país de la maravillas) fuera uno de muchos sospechosos, hasta que se dijera que era un gorila del Zoo, pasando por el médico de la reina.

Lo cierto es que hubo unos asesinatos, se habla de los crímenes de Whitechapel, que fueron 11, y ni siquiera sabemos si 5 fueron obra de Jack o más, seguramente fue uno más.

La investigación seria habla de 5 víctimas del Destripador: Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly, todas mujeres de ese Londres industrial y denigrante, asumidas en el alcohol y que fueron fácil presa para su asesino, que, tristemente, es más famoso que ellas, que no son recordadas. Todas ellas fueron asesinadas entre finales de agosto y mediados de noviembre de 1888, actúo con impunidad por las calles de Whitechapel durante unos 70 días, las víctimas vivían todas en pocos metros, eran de la misma y baja clase social y además fueron asesinadas de idéntica y brutal manera.

La brutalidad de las muertes, es parte de su leyenda, y del temor que se extendió por el Londres victoriano, en palabras de uno de los médicos que se encargó de las autopsias, no le bastaba con matarlas “tenía que hacer daño gratuito al cádaver”.

El 31 de agosto al caer la noche, y cerrar los bares de Whitechapel, Mary Ann Nichols deambulaba por las callejuelas presa del alcohol, y se encuentra con el Destripador, que la mata con una puñalada en la zona genital entre las 2:00 y las 3:40 horas, y, lo que es muy curioso, en mi opinión, no la destripa ni la degolló como a las posteriores, siempre soy partidario de la explicación más lógica, y me decanto por la falta de tiempo, algo pasó que le impidió ejecutar su plan.

El 8 de septiembre, entre las 5:30 y las 6:00, asesinó a Annie Chapman, a la que encuentran degollada y destripada. Iniciando con ella su macabro Modus operandi que pasaba por: cortar el cuello de lado a lado, para luego abrir su cavidad abdominal, y extirpar sus miembros e, incluso, llevarse algunos órganos, a modo de fetiche macabro, en concreto se llevó un riñón y un corazón.

Según descripciones forenses de la época “las vísceras se hallaron en diversas partes: el útero y riñones bajo la cabeza, el otro pecho junto al pie derecho, el hígado junto a los pies, y los intestinos junto al costado derecho…”.

Mientras escribo, yo me sobrecojo, pues imaginad que sois un londinense de finales del XIX, es lógico el miedo que su nombre difundía entre las gentes de Londres, azuzado por ese miedo innato del ser humano a lo desconocido e incomprensible.

Además, nunca hubo ningún atisbo de ver un presunto sospechoso esas noches en compañía de las muchachas, sólo en el caso de Annie, que una mujer aseguró haberla visto en compañía de un hombre extranjero de piel morena y mediana estatura, que llevaba una capa oscura y una gorra como la de Sherlock Holmes, pero cuando fue asesinada, nadie oyó ni un grito ni de socorro ni de dolor.

Y esto se repite con todas las víctimas, algo que alimenta más el mito, nadie veía ni oía nada cuando el Destripador actuaba, ni peticiones de socorro ni gritos, en un barrio donde la gente vivía hacinada.

La extrañeza es aún mayor al no encontrarse en las víctimas ni una huella de marcas por resistencia a un ataque, las drogaba o maniataba por sorpresa de alguna manera, parece tan evidente como pavoroso.

El Destripador, no se sabe el motivo, se toma un descanso hasta el 30 de septiembre, cuando, entre las 12:45 y las 1:07 horas, mató a Elisabeth Stride, pero pasó algo, fue interrumpido en su metódico proceso, por una persona, algo muy lógico en un barrio atestado de gente, y la dejo sin destripar.

Por lo que, no queda satisfecho su voracidad homicida, al interrumpir su ritual, y decide matar de nuevo, unos minutos después, entre la 1:30 y la 1:45, destripó a Catherine Eddowes, ya sin molestas interrupciones, la abrió del esternón a los genitales, y le desfiguró la cara, en un crimen de una crueldad extrema, nuestra de la aberración humana llevaba al extremo.

La siguiente, y última víctima, fue Mary Jane Kelly, asesinada por el Destripador el 9 de Noviembre, se toma otro largo descanso, entre las 2:00 y las 3:00, y fue atrozmente mutilada en su habitación del Miller´s Court, y el asesino se llevo como trofeo su corazón.

Mary debía el alquiler de dicho y sórdido hostal y fue un enviado de su casero el que la encontró.

Nadie sabe el motivo por el que Jack detiene su macabro y sangriento ritual, pero dejó de matar desde ese momento, y las hipótesis, leyenda y sospechas se multiplicaron.

Callejon de Whitechapel en la actualidad, ideal para el Destripador
Pero muchos sostienen que los asesinatos continuaron, el caso más posible es el asesinato de Alice MacKenzie el 16 de julio de 1889, asesinada con el modus operandi del Destripador, degollada y mutilada por el abdomen.

La autopsia fue realizada por doctor Thomas Bond, celebre por su acertada valoración de la personalidad de Jack, y que estuvo presente en la autopsia de la ultima víctima oficial, Mary jane Kelly, y aseguró que Alice era otra víctima del Destripador de Whitechapel.

Londres era presa del temor y la rumorología, hasta la Reina Victoria, ya en los últimos años de su reinado, tenía sus teorías y posibles sospechosos. Las clases sociales de Londres tenía sus presuntos culpables y volcaba en el mito del Destripador sus obsesiones.

Los posibles sospechosos fueron muchos, las clases altas y la aristocracia, al igual que la Reina Victoria, pensaban que ningún inglés podía haber cometido esas atrocidades. Las clases bajas eran de la idea que solo un noble inglés opulento y cruel podía haber hecho algo así, incluso alguien cercano a la Reina, de su familia.

Y luego, como siempre, desde la Edad Media, están los clásicos chivos expiatorios, los poderosos y ricos judíos, los antisemitas vieron la ocasión para acusar de los crímenes a un cruel judío.

También las élites intelectuales tomaron parte del debate, y su teoría, bastante plausible, aunque no justifica la crueldad del asesino, es que los crímenes eran una denuncia de las condiciones de vida y desigualdades sociales en los barrios obreros, como el East End.

La investigación policial oficial tampoco se ponía de acuerdo, se interrogó a cientos de sospechosos.

Se pensó que podía ser un médico, con grandes conocimientos de anatomía, luego se dijo que un carnicero, con excepcionales conocimientos anatómicos humanos.

También que fuera un marinero o estibador, por la cercanía de Whitechapel con el puerto de Londres, nada de ello tomaba sentido, y la confusión fue creciendo, incluso se alimentó con pruebas falsas.

Dos son muy célebres: la inscripción con tiza al lado del cadáver de Catherine Eddowes, con clara intención de culpar a los hebreos que rezaba “los judíos son los hombres que no serán culpados por nada”, un lema que fue borrado con celeridad, para evitar ataques violentos contra los judíos de Londres.

La otra pista falsa es aún más curiosa, una carta dirigida a Scotland Yard en octubre de 1888 cuyo remitente era un tal From Hell (Desde el Infierno, que inspiró la gran novela gráfica de Alan Moore).

Dicha carta adjuntaba un trozo de riñón humano, de las miles de cartas que recibió la policía de Londres esta es la más intrigante y, según los investigadores, la que tiene más visos de poder ser real.

Su forma de redacción habla de hombre formado pero demente, con buena ortografía y expresión.

Y lo que es más perturbador, el fragmento de riñón tenía claras muestras de ser de una persona alcohólica, como las mujeres que mataba el Destripador. Y, curiosamente, como otras pruebas desapareció del archivo de Scotland Yard y rezaba así:

“Desde el infierno / Mr Lusk / Señor / Le envío la mitad del riñón que tomé de una mujer la preservé para vosotros. La otra pieza a freí y la comí, fue muy agradable / Quizá os envíe el ensangrentado cuchillo que lo sacó si sólo aguardáis un poco más / Firmado / Atrapadme cuando podáis / Señor Lusk.”.

Es muy intrigante si era una prueba falsa, es extraño por las molestias de buscar un rincón afectado por el alcohol, y si es real, y Mr. Lusk, es el Destripador, pues ya nunca los sabremos.

Lo que si es real es que la prensa y el amarillismo inglés utilizó los asesinatos para vender. Los periódicos del Londres victoriano vieron que la figura y crímenes de Jack el destripador eran una inagotable fuente de ingresos y de ventas.

Tanto se aprovecharon, que incluso se planteó la posibilidad que fuera un periodista, ávido de dinero, y en busca de noticias que fueran super ventas. Las especulaciones y bulos no cesaban, pero ni el amarillismo culpaba a un lord o gentleman inglés, eso era imposible.

Eran, por ejemplo, los de extranjeros de Europa de Este que hacían misas negras con velas hechas con órganos humanos.

También hubo estudios serios de criminólogos ilustres, como el doctor Thomas Bond, que definía con brillantez la posible personalidad del Destripador, pero no respondía a lo más relevante, su identidad. El Dr. Bond decía “El asesino debe haber sido un hombre con buena fortaleza física, moderadamente calculador aunque también audaz y temerario.

No hay evidencia alguna de que tuviera un cómplice. En mi opinión, debe ser un hombre sujeto a ataques periódicos de manía homicida mezclada con erotismo. El carácter de las mutilaciones indican que el hombre puede estar en una condición sexual similar a la satiriasis.

Por supuesto, es posible que el impulso homicida pueda haberse desarrollado a partir de un empuje de venganza o de depresión, o incluso de manía religiosa, que puede haber sido el desequilibrio original durante la niñez o la adolescencia, aunque no creo que ello sea la hipótesis más probable.

El asesino en su apariencia externa y cotidiana, puede que sea un hombre de aspecto inofensivo y tranquilo, probablemente de mediana edad y con vestimenta respetable y normal.

Creo que debe tener el hábito de usar una capa o abrigo largo, o difícilmente podría haber pasado desapercibido en las calles si la sangre en sus manos o ropas eran visibles”.

Pero pasó desapercibido, por su gran conocimiento del East End y las callejuelas apestosas de Whitechapel.

Y entre la prensa, las especulaciones y Scotland Yard, hubo cientos de posibles sospechosos. Los primeros tres sospechosos fueron señalados por sir Melville Macnaghten, que se dirigió a la policía londinense, y dijo que los asesinatos de Jack eran solo 5, las mujeres que ya hemos mencionado.

Y, lo que es más importante, señaló a tres presuntos culpables de los terribles hechos: Michael Ostrong, el pobre John M. Druitt, un abogado que Melville calificó como “un enfermo sexual”, y que se tiró al Támesis, poco después del asesinato de Mary Jane. Era homosexual, y el propio inspector del caso Destripador, Frederick Abberline, dijo que no había ninguna prueba contra él, pudo suicidarse por la presión popular, tremendo.

Y Aaron Kosminski (su nombre nos dice que era judío) un barbero hebreo polaco, que para Melville era un loco.

Un sospecho que ha estado de nuevo en la prensa en el año 2014, al hacerse unas pruebas de ADN en el supuesto chal de Catherine Eddowes, y se han encontrado coincidencias en el ADN mitocondrial, pero ni siquiera se sabe que perteneciera a Catherine.

Los sospechosos no cesaban, algunos muy célebres en la época, como el pintor impresionista británico Walter Sickert, que fue acusado por la escritora Patricia Cronwell después de interesarse mucho por el caso y pintar el célebre óleo El Dormitorio de Jack el Destripador.

Era una caza de brujas y las acusaciones eran totalmente infundadas, cualquier londinense podía ser el Destripador. Otro acusado fue un zapatero judío, apodado por llevar un delantal de cuero de su oficio como Leather apron (delantal de cuero).

Fue detenido, simplemente, por llevar ese delantal por la calle después del crimen de la segunda mujer, Annie Chapman, incluso se aseguraba que había blandido un cuchillo contra ella, pero según la policía tenía y debía tener buenas coartadas para las noches de los dos asesinatos, hasta ese momento.

Otro ilustre acusado fue el ginecólogo de la princesa Beatriz, del que se decía que atacaba mujeres pobres para investigar las causas de la infertilidad de la mujer.

La rumorología llegó a mencionar hasta al Primer Ministro, William Gladstone, y salpicó hasta la casa real Británica, en 1976 se publicó la polémica obra del escritor Spethen Kgnith llamada Jack el Destripador, La solución Final (Jack The Ripper, The Final Solution) en la que sostenía, de forma novelesca, que los crímenes de Whitechapel fueron diseñados para tapar un escándalo en la familia real.

En su obra concluyó que las víctimas habían sido eliminadas para encubrir un matrimonio secreto entre el heredero al trono, el príncipe Alberto, nieto de la Reina Victoria, con Annie Elizabeth Crook, una muchacha católica de clase obrera, con la que posible habría tenido un hijo.

Las amigas de Annie estaban haciendo chantaje a la casa real y para que no se hiciera público se acabó con ellas y se creó el personaje de Jack, una ficticia cortina de humo creada por el astuto médico de la reina, sir William Gull.

Estos hecho son ficción, la mayoría de investigadores serios han descartado totalmente esta teoría, hay muchos hechos que contradicen lo expuestos por Spethen. Pero la teoría, como pasa con muchas novelas, tiene una gran fama entre el pueblo inglés.

La llamada Ripperología llegó a meter al celebre Rasputin en el juego de los rumores, se hablaba de un manuscrito secreto de Rasputin, como agente secreto de la policía rusa en Londres, que mencionaba a un tal Alexander Pedachenko como autor de los crímenes, para desacreditar la reputación de Scotland Yard, la imaginación no tiene limites, y es curiosa a la par.

Lo que si es muy real es que fuera quien fuera Jack dejo en evidencia a la policía londinense, que tardó en reaccionar y que no conocía bien el barrio de la miseria industrial de Londres. La prueba de que Scotland Yard quedó tocado por no resolver el caso, es que los archivos han permanecido ocultos durante muchos años.

Y, curiosamente, en este 2017 ha vuelto saltar el nombre de Jack el Destripador a la palestra de la actualidad gracias a la publicación de un articulo de varios investigadores, liderados por Bruce Robinson, sobre un diario descubierto hace 25 años por un anticuario llamadoMike Barret.

El grupo de investigadores británicos cree haber desvelado la verdadera identidad de Jack el Destripador gracias a un diario de la época descubierto hace 25 años.

Las memorias pertenecen a un mercader de algodón de Liverpool llamado James Maybrick, que confiesa en 9.000 palabras el fallecimiento de cinco mujeres en Whitechapel y de una mas en Manchester.

El texto, que corresponde al año 1888, termina con la siguiente declaración: “Doy el nombre por el que todos me conocen, para que la historia pueda saber lo que el amor hace con un caballero.

Verdaderamente, Jack el Destripador”.Y ahora han encontrado pruebas convincentes que confirmarían que el texto es real y fue escrito por James.

No obstante, según explica el escritor de The Telegraph ”… De ahí se deduce que James Maybrick es su autor. Ahora tiene que ser el sospechoso principal, pero los esclarecimientos sobre la identidad de Jack el Destripador pueden durar un siglo por lo menos”, y yo no puedo estar más de acuerdo con esa afirmación.

Jack The Ripper es parte del mito de Londres, como el primer gran criminal de la gran urbe del momento.

Y es evidente que los brutales homicidios sacan a la luz la verdadera Londres industrializada y el hacinamiento miserable del East End, haciendo llegar el tema de la miseria al Parlamento inglés.

Las insalubres calles de Whichapel compartieron la culpa de los crímenes y fue como si esa miseria humana de la clases bajas de Londres hubiera tenido un papel en los delitos.

La brutalidad de los hechos fue un elemento esclarecedor de que la gran Inglaterra victoriana tenía detrás, de su fachada de primera potencia económica y mundial, la miseria de las deleznables condiciones de los barrios y bajos fondos obreros, en los que reinaba la delincuencia, la mendicidad, el analfabetismo y el alcohol.

Y donde el Destripador encontró a sus víctimas, objetivos muy sencillos por desheredados e indefensos, tras salir de los bares de ahogar sus penas en alcohol.

Y, en definitiva, todo eso hace del enigmático Jack “el Destripador” un personaje que ilustra una época, además su mito seguirá presente.

Pasarán los años y seguiremos hablando del bandido brutal, paradigma de la aberración humana, que puso en evidencia a Scotland Yard y que destapó los bajos fondos y el desamparo de las clases bajas de la Inglaterra Victoriana a finales del siglo XIX.


Nueva teoría sobre Jack el Destripador ¡no existió!

Si preguntásemos el nombre de un famoso criminal, uno de los primeros nombres que nos vendría a la mente ,a una inmensa mayoría seria Jack el Destripador.

Cosa curiosa si se tiene en cuenta que jamás se pudo desvelar su identidad, a pesar de que teorías no faltan.

La lista es casi inagotable porque Jack fue el primer verdugo mediático de la historia y, en consecuencia, su repercusión popular alcanzó tal nivel que se han publicado cientos de libros y docenas de películas que intentan desvelar quién fue, unos con más rigor que otros pero todos sin pruebas concluyentes.

Así, en aquel siniestro 1888 ya surgieron propuestas que acusaban al duque de Clarence (nieto de la reina Victoria), al dr. William Gull (médico de la soberana), al pintor Walter Sickert, a un sioux que formaba parte del tour europeo del espectáculo de Búfalo Bill, a un abogado homosexual llamado Montague Druitt, etc.

Luego se fueron añadiendo otros muchos, a cual más descabellado, implicando a colectivos (masones), apareciendo falsos diarios…

Jack el Destripador, ¡ no existió !?

Da la impresión de que no hay londinense que no tenga un antepasado sospechoso.

Todo se enredó aún más al saberse que el autor de la carta enviada a la policía firmada como Jack el Destripador no era en realidad sino un periodista alcohólico y sin escrúpulos llamado Thomas Bulling.

Y cada nuevo descubrimiento, cada nueva teoría, añadía un arabesco más al asunto de manera que se fueron creando multitud de ramificaciones y deformaciones, unas apoyadas en otras de manera que si cayera una lo harían las demás, como una hilera de fichas de dominó.

Algo así es lo que sugiere la última teoría, según la cual “Jack el Destripador simplemente no existió como tal”.

Su autor es un exdetective de la policía de Bedfordshire llamado Trevor Marriott, que ha pasado once años estudiando los expedientes originales de los casos, tamizándolos con las modernas técnicas criminalísticas y forenses para llegar a la conclusión de que todo “ha sido totalmente distorsionado con el paso de los años”.

Y recuerda que fue Thomas Bulling quien puso de actualidad otros casos tremebundos ya olvidados antes de 1888. De hecho, parece ser que le pagaba el propio Scotland Yard para que los publicara, con vistas a que se apoyara la prevista apertura de una central de policia en Whitechapel.

Marriott es de los que no cree en un solo asesino sino en varios, a los que achaca hasta diecisiete crímenes en Inglaterra, EEUU y Alemania en lugar de los comúnmente cinco aceptados de Jack y, además, a lo largo de un amplio período de tiempo, entre 1863 y 1894.

Y como ejemplo menciona el caso del pescadero germano Carl Feigebaum, detenido en Nueva York (y luego ejecutado) en 1896, en un escenario del crimen muy similar a los de Londres. Asimismo, cree que los destripamientos no fueron tales sino que los órganos internos de las víctimas se extrajeron en la morgue.

“El público en general ha sido completamente confundido por tantas publicaciones y autores” explica el exdetective- “Hay que preguntarse si Jack no será una leyenda urbana. 

Cerca del 80% de los libros que hay sobre él suelen representarlo acechando en una esquina, con larga capa y sombrero de copa. Eran ropas de la clase alta, de alguien distinguido, pero si volviéramos a 1888 y alguien paseara por Whitechapel de noche vistiendo así no hubiera durado ni cinco minutos”.

De todas formas hay que tener en cuenta que Marriott está haciendo un tour por Reino Unido titulado Jack the Ripper. A 21st Century Investigation, por lo que se puede decir que está vendiendo su producto, sea bueno o malo. Y esa seguridad a la hora de expresar sus afirmaciones no es nueva.

Cada cazador del Destripador, apelativo que se da a quienes investigan y elucubran sobre la identidad de Jack, presenta un convencimiento similar, a pesar de lo cual pasan los años y siguen brotando más y más teorías.

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