Polvo de diamantes

polvo de diamantes
El curioso fenómeno atmosférico “polvo de diamantes”.

Imagina un día despejado de invierno.

Cuando hace mucho, mucho frío.

De pronto, ves caer sobre ti una especie de polvo blanco tan brillante, que te ciega la mirada.

Parecen diamantes, el sol deslumbra a través de estos pequeños cristales llenos de vida y de luz, llenos de fantasía invernal.

Es lo que los meteorólogos conocen como “polvo de diamantes”. Te invitamos a descubrirlos con nosotros.

Cuando el cielo se cubre de “polvo de diamantes”

Según dicen los entendidos en materia de fenómenos naturales, el polvo de diamantes, es uno de los más bellos que podemos ver.

Aparece de la nada, en especial cuando el día está muy despejado y las temperaturas son muy bajas.

Alzas la mirada hacia la inmensidad del cielo y ves cómo de pronto, desciende hasta ti algo semejante a polvo de luz.

Como si una entidad superior deseara bautizarnos con pequeños fragmentos de estrellas.



Es mágico. 

Las condiciones climáticas deben ser muy extremas, todo hay que decirlo, de ahí que sólo aparezca en los países que están muy cerca de los círculos polares de la Tierra.

Pero, ¿qué es realmente el “polvo de diamantes”?

Polvo de diamantes

¿Son copos de nieve?

 ¿Una nube que se ha congelado y que desciende hasta nosotros desfragmentada?

En absoluto. 

No son copos de nieve tal y como los conocemos, es hielo, hielo en su esencia más pura, sencilla y bella: si pudiéramos coger cada una de esos elementos y verlos bajo el microscopio, descubriríamos exquisitos cristales de forma hexagonal, formas bellísimas que te enseñamos en la imagen inferior.

Polvo de diamantes

El polvo de diamantes surge únicamente cuando el frío es muy acusado, cuando el día está especialmente despejado y cuando además, se une otro factor: la humedad de la atmósfera.

No hace falta que sea muy elevada dicha humedad, el aire frío es el que se encarga de modelar el vapor de agua en estos singulares cristales de formas exquisitas. 

Y lo hace en un visto y no visto, a los pocos segundos y sin que nos demos cuenta, estos cristalitos de hielo empiezan a descender como en un baile silencioso de luz y delicadeza absoluta.

¿Y por qué se le llama “polvo de diamante”?

Un nombre tal poético tiene su origen precisamente en el hecho de que suele aparecer cuando luce el sol en estas latitudes, un sol frío pero lo bastante intenso para que atraviese las caras de estos prismas y refleje su luz a modo de espejos. 

Diminutos espejos que simulan una lluvia de diamantes.

Verlos caer es todo un espectáculo. Y durante unos pocos minutos, también relucirán en el suelo.

Pero durante un breve instante de tiempo, solo un suspiro de perfecta belleza que merece la pena contemplar aunque sea una sola vez en la vida.

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