Santuario japonés para hemorroides

Santuario japonés de las hemorroides
Un santuario japonés donde se tratan las hemorroides.

Como decía aquel anuncio de la tele, se acabó el sufrir en silencio las hemorroides.

Los más desesperados, aquellos que estén hartos de probar con fármacos o no quieran someterse a cirugía, pueden renunciar a la ciencia y optar por la mano divina. 

Eso sí, antes tendrán que viajar a Japón y participar en un sorprendente ritual.

En el país del sol naciente no de andan con los remilgos que suele haber en el mundo occidental: el calendario nipón está lleno de festivales insólitos en los que son protagonistas determinadas partes de la anatomía, caso del Mamachichi Kannon (donde se glorifican los pechos femeninos) o del famoso Kanamara Matsuri (en el que se lleva en andas un gigantesco falo).

En realidad los propios japoneses son conscientes de lo estrambótico de esos eventos, por los que los llaman kisai, que significa algo así como fiestas raras.

Pues bien, uno de los kisai más peculiares tiene lugar en la prefectura de Tochigi, en el Santuario Kunigami.

Se trata de un antiguo templo cuya característica principal es estar dedicado a la curación de las hemorroides y hasta allá peregrinan decenas de personas afectadas de ese mal para intentar ponerle desesperado remedio durante un matsuri (festival) sintoista absolutamente alucinante.

La tradición, tan antigua que se han olvidado sus orígenes, dicta que el paciente tiene que bañarse completamente desnudo en un río cercano, considerado sagrado, lavando el trasero con atención especial. 

A continuación debe acudir al santuario y acercarse a un peculiar altar donde reposa de pie un enorme huevo de piedra. Ante él hay que agacharse (de espaldas, claro, mostrando la zona a tratar) mientras se recita una oración expresamente escrita para ello. 

El último paso es degustar una comida especial, a base de huevos pasados por agua, en otro templo cercano, el Karube.

Los sacerdotes explican que en el sintoísmo no existe la dualidad Bien-Mal y los kami (dioses) resultan bastante cercanos, con gran sentido del humor. Por eso muchos matsuris (festivales) parecen basar su desarrollo en el cachondeo, casi siempre en un tono de diversión, lejos de la solemnidad y la seriedad de los actos religiosos de otros cultos. En el caso que nos ocupa, las risas son generalizadas.

Asimismo, la desnudez durante el baño es aceptable porque resulta necesaria para mantener la esencia del ritual purificador, al igual que pasa en otros ceremoniales de Japón.

La gente que participa no tiene problemas y suele juntarse casi un centenar de personas, aumentando su número año tras año, lo que indica que la incidencia de las hemorroides es cada vez mayor.

De hecho, el templo había caído en desuso a finales de la década de los ochenta y hace un par de años, tras una reforma, ha reabierto sus puertas al público con éxito creciente. Es más, ni siquiera todos los que van sufren hemorroides; algunos lo hacen como medida preventiva.

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