¿La tumba de Talpiot es la de Jesús de Nazaret?

E
¿La tumba de Talpiot es la de Jesús de Nazaret?
¿Es la tumba de Talpiot donde se enterró a Jesús de Nazaret?

La tumba de Talpiot o tumba de los diez osarios se descubrió en 1980 en el barrio del que toma su nombre al sudeste de Jerusalén.

En ella había una serie de osarios, uno de ellos con la inscripción Jesús, hijo de José del que los investigadores que la hallaron y la IAA (Autoridad de Antigüedades de Israel) dicen que albergaba los restos de Jesús de Nazareth.

La tumba quedó sepultada por un complejo de apartamentos y en 2007 el director James Cameron produjo el documental The Lost Tomb of Jesus para Discovery Channel, una película dirigida por Simcha Jacobovici que merece la pena.

El décimo osario que había en la tumba de Talpiot tenía una inscripción: “Santiago, hijo de José, hermano de Jesús”. 

Lo consiguió en 1976 de manera poco ortodoxa un coleccionista, Oded Golan, e intentó venderlo en el mercado ilegal de antigüedades.

Un nuevo análisis químico desvelado en un estudio vincula con rotundidad este osario con el resto de cuerpos enterrados allí.

¿La tumba de Talpiot es la de Jesús de Nazaret?

Esto son: Mariamne he Mara (Mariamne, la Señora), acaso María Magdalena, Yehudah Bar Yehshúah (Judas, hijo de Jesús), Yosh(e) (José-Josá), Mar(í)ah (María-Marah) y Matithyahu (Mateo).

Pero muchos historiadores han sido escépticos desde el primer momento sobre esta hipótesis. Argumentan que no todos los nombres coinciden con los de la familia de Jesús, que nació en Nazaret en el año 4 BC, e incluso la presencia de un hijo de Jesús llamado Judas no se encuentra en ninguna fuente histórica.

En este nuevo estudio realizado por el geólogo Aryeh Shimron se tomaron muestras por raspado de varias zonas del osario de Santiago y de los demás osarios de la tumba de Talpiot. Después se compararon los restos de compuestos hallados como aluminio, magnesio, hierro o potasio con más de 30 osarios aleatoriamente elegido por la IAA.

Shimron encontró que había una coincidencia de elementos químicos entre el osario de Santiago y los de Talpiot. La tumba fue sepultada a causa de un terremoto en el 363 AD y esa tierra y lodo también enterró a los osarios.

Si esto es cierto, se reforzaría la hipótesis de que la tumba de Talpiot es la que contiene los huesos de Jesús de Nazaret. La historia narra que José de Arimatea enterró a Jesús en una tumba vacía pero después su cuerpo pudo haber sido enterrado más tarde en la tumba familiar.

La demostración de que en realidad es la tumba de Jesús se fundamenta en estadísticas en cuanto a la serie de nombres que aparecen asociados en este enterramiento. Esto ya fue planteado en su día por Jacobovici.

Si se admite que este osario es el de Jesús, significa que en realidad no resucitó y sus huesos, una vez que pasó el tiempo correspondiente, fueron guardados en este receptáculo de piedra. La incógnita y el debate entre partidarios y detractores seguirá ahí.

La muerte de Jesús de Nazaret en la arqueología Jesús fue llevado ante Caifás, pero como el Sanedrín no poseía el ius gladii para dictar sentencias de muerte, tuvo que ser presentado ante Poncio Pilato En la entrada anterior seguimos arqueológicamente la peregrinación de Jesús a Jerusalén y analizamos el gesto hostil que tuvo hacia el Templo, una acción que le costó su arresto y su posterior ejecución en la cruz.

Los evangelios narran que, antes de su proceso de muerte, Jesús celebró una última cena con sus discípulos, realizó el gesto simbólico del pan y del vino de la eucaristía y se retiró a orar al huerto de Getsemaní, ubicado en el Valle del Cedrón al pie del Monte de los Olivos.

Allí, en conmemoración de este episodio, se localiza actualmente las iglesias de Getsemaní, Pater Noster y Dominus Flevit, y un huerto de olivos que ilustra la antigua escena. El nazareno fue apresado por los soldados del templo, en este mismo huerto, posiblemente por orden de Poncio Pilato. Los sumos sacerdotes y los escribas

no le perdonaron el incidente del templo y conspiraron contra él dos días antes de la Pascua. La guardia lo condujo a la casa del sumo sacerdote Caifás, que era el presidente del Sanedrín y el representante del pueblo de Israel ante Roma. ¿Hay pruebas arqueológicas de la existencia de Caifás?

En noviembre de 1990, al sur de la ciudad antigua de Jerusalén, los arqueólogos hallaron un enterramiento que permanecía sellado desde la guerra judía, sobre el año 70 d.C. Se trataba de un osario con los restos del sumo sacerdote Caifás, que contenía una tosca inscripción aramea que decía Yehosef bar Caiafa, nombre con el que lo mencionaba el historiador coetáneo Flavio Josefo en sus escritos.

El osario, que estaba ricamente decorado, era una arqueta de caliza blanda tallada destinada a guardar los huesos de los difuntos una vez que la carne se había descompuesto.

Se trataba, según Reed y otros, del panteón familiar del sumo sacerdote mencionado directamente en los evangelios de Mateo y Juan. Jesús fue llevado ante Caifás, pero como el Sanedrín no poseía el ius gladii para dictar sentencias de muerte, ya que estaba reservado a Roma, tuvo que ser presentado ante Poncio Pilato, el prefecto de Judea.

Pero ¿cómo prueba la arqueología la existencia de Poncio Pilato y su cargo en estas tierras? En el teatro de Cesarea del Mar, en el año 1962, unos arqueólogos italianos detectaron una inscripción que llevaba el nombre de Poncio Pilato. Se trataba de una lápida de piedra reutilizada en las obras que se le practicaron al teatro en el siglo IV d.C., que resolvía las dudas que los especialistas tenían sobre Pilatos y sobre el título exacto que ostentaba.

En el epígrafe se le nombraba como prefecto de Judea, que era un cargo superior al que se le atribuía de procurador. El texto era fragmentario, estaba escrito en latín y decía así: “el templo de Tiberio Poncio Pilato, prefecto de Judea, [hizo o erigió]”. Poncio Pilato, al igual que otros gobernadores de la época, abusaba de su poder y ejecutaba impunemente a quienes consideraba peligrosos para el orden público.

Él mismo fue quién, con toda probabilidad, dictó la sentencia de muerte y ordenó la crucifixión de Jesús, aunque instigado por las autoridades del templo y los miembros de las poderosas familias de la capital. Así, realmente, el proceso de Jesús que se muestra en los evangelios, en el que se lava las manos ante este asunto tan espinoso, pudo ser una composición cristiana posterior, con poco valor histórico. Jesús sufrió el ritual de castigo que se inició con la flagelación y que terminó con la cruz.

Se le ejecutó por ser un peligro para el templo y, por lo tanto, para la estabilidad de Roma en Palestina. Los evangelistas citaron al Gólgota, el “lugar de la Calavera”, como el sitio de la crucifixión.

Este lugar existió. Se trataba de una antigua cantera, ubicada en un pequeño montículo de unos diez o doce metros de altura, cuyas cavidades rocosas sirvieron como tumbas.

Asimismo, al estar el Gólgota enclavado cerca de uno de los caminos más transitados de Jerusalén, en las cercanías de la puerta de Efraín, las cruces que sobresalían del montículo servían para aleccionar a la población. Se cree que el Gólgota estaba en el lugar que ocupa actualmente una roca en la Iglesia del Santo Sepulcro, según se extrae del estudio del trazo de las murallas de Jerusalén, aunque no hay un acuerdo unánime entre todos los especialistas. Jesús fue ejecutado y clavado desnudo en la cruz. Seguramente, aunque no se pueden precisar muchos detalles, no fue atado por los brazos al travesaño, sino que se emplearon clavos en las muñecas y en los pies, tal y como presenta la Sábana Santa, sea o no auténtica.

En junio de 1968 Vassilio Tzaferis, de la Dirección de Antigüedades de Israel, excavó algunas tumbas en unas cuevas del nordeste de Jerusalén, en un lugar llamado Givat Hamivtar. En la necrópolis descubrió una tumba familiar abierta en la roca, en el siglo I d.C., en la que se encontraba cinco arquetasosarios. Una de ellas contenía, entre otros restos, los huesos del talón derecho de un hombre, de aproximadamente 1,63 metros de estatura y de unos veinticinco años de edad, que habían sido traspasados por un clavo de unos 12,5 cm.

Llamaba la atención que en la parte exterior del pie se había clavado una pequeña tabla de madera para que el crucificado no pudiera liberarlo del clavo, aun a costa de desgarrárselo, y que el clavo se había despuntado al chocar con la dura madera de olivo de la cruz.

Ni el clavo ni la madera pudieron ser arrancados del cuerpo, de modo que cuando el cadáver fue retirado de la cruz siguieron adheridos al pie. Del mismo modo, llama la tención que los brazos de la víctima no habían sido clavados con clavos, sino que fueron atados a la viga transversal de la cruz, y que las piernas no estaban partidas como era lo habitual.

De forma excepcional, en este caso, se permitió retirar al cadáver de la cruz para darle un enterramiento digno en la tumba familiar. Lo común era dejar que el cuerpo inerte fuera descarnado por las alimañas en la zona del castigo.

En el osario constaba el nombre del difunto, Yeochanan. ¿Pudo haberse hecho una excepción así también con Jesús y dejar que fuera enterrado en un sepulcro? Hay ciertas cuestiones que la arqueología no puede resolver y menos aún si tenemos en cuenta que nos separan dos milenios de Jesús.

Sin embargo, los hallazgos arqueológicos que hemos analizado en esta serie de “Arqueología de Jesús de Nazaret” nos aclaran ciertos aspectos de su paso por la Palestina del siglo I.

Autor| José Antonio Cabezas Vigara
Publicado por / Fuente : http://www.labrujulaverde.com
Link a http://vidacotidianitica.blogspot.com Creative Commons