Sello de Salomón

El Sello del rey Salomón
“Ponme como un sello sobre tu corazón”
(El Cantar de los Cantares de Salomón, 8,6)
El Sello del rey Salomón

Sello de Salomón, piedra, siglo III-IV. Sinagoga de Jirbet Shura, Galilea

El rey Salomón, hijo del rey David, hizo de Jerusalén la ciudad de la justicia y de la paz.

Su nombre refleja el nombre original de la ciudad, Salem.

Se dice que a Salomón le fueron otorgados sabiduría y conocimiento, lo que normalmente significa un buen gobierno, la facultad de distinguir moralmente entre el bien y el mal, y una comprensión total del universo. 

He aquí que he hecho conforme a tu palabra, dándote un corazón sabio y comprensivo de modo que nadie hubo como tú antes que tú, ni habrá otro como tú después de ti (Reyes I, 3:12).

La leyenda del maravillosos sello anular que Salomón recibió del cielo, es común al judaísmo, al cristianismo y al Islam. 

El Sello de Salomón, que tiene su base en el suelo y cuyo ápice llega al cielo, simboliza la armonía de los elementos opuestos; su significado es a un tiempo múltiple y pluricultural. 

Refleja el orden cósmico, los cielos, el movimiento de las estrellas en sus esferas propias, y el flujo perpetuo que se establece entre el cielo y la tierra, entre los elementos aire y fuego.




El Sello, por lo tanto, simboliza la sabiduría sobrehumana y el gobierno por gracia divina.

En 1536, el sultán Solimán el Magnífico ordenó efectuar amplios trabajos de remodelación en el Monte del Templo y convirtió en mezquita la iglesia que se había construido en el Monte Sión en tiempos de la conquista de los cruzados. 

Al erigir la mezquita, Solimán se establecía un vínculo con Salomón el hijo de David así como con el Mesías de la dinastía davídica que, según los cristianos, es Jesús. 

El Sello del rey Salomón
Cuenco médico con propiedades “mágicas”, Irán, siglos XVII-XIX

La conciencia mesiánica del sultán Solimán lo llevó a desarrollar este vínculo de conexión con el rey Salomón. 

En las murallas que construyó en torno a Jerusalén, hay piedras decoradas con dos triángulos entrelazados, es decir, Estrellas de David que entre los musulmanes se conocen con el nombre de Khatam Suleimán y, entre los judíos, como Jatam Shlomó, el Sello del rey Salomón. Su función era proteger la ciudad. 

El símbolo del hexagrama o figura en forma de estrella formada por dos triángulos, tiene múltiples connotaciones, sobre todo cuando está inscrito en un círculo; en muchas partes del mundo se le han atribuido poderes sobrenaturales desde épocas antiguas. 

Aparte de las asociaciones nacionalistas judías que se le adjudicaron en los últimos siglos, el elemento abstracto de la figura (que está conectado con las estrellas celestiales) y su integridad geométrica, hacen de él un símbolo universal. Junto con la estrella de cinco puntas o pentagrama, que es de origen mucho más antiguo, el hexagrama representa el desarrollo de las matemáticas y la geometría por parte de los griegos y sus sucesores en toda la zona mediterránea.

El Sello del rey Salomón

Sello de Salomón de Anam Sharif, libro de oraciones y extractos del Corán, Imperio Otomano, 1761-2

Por medio de la geometría, en la que Pitágoras y sus seguidores veían un simbolismo cósmico, el hexagrama y el pentagrama se convirtieron en expresión del cielo y su reflejo en la tierra, de lo divino y su reflejo en la creación, así como de la conexión entre el cielo y la tierra, el macrocosmos y el microcosmos, el espíritu y la materia.

El Sello del rey Salomón
Sello de Salomón en el reverso de un espejo, Mesopotamia, siglo XII

La civilización islámica constituyó una vibrante encrucijada de culturas por cuyo intermedio los logros del mundo antiguo pasaron a la Europa moderna; por ella se transmitió información de Oriente a Occidente y viceversa, y en sus seno convivieron diferentes grupos étnicos con idiomas y religiones distintos que contribuyeron al avance de la cultura.

El Sello de Salomón combina la fuerza y la belleza, el simbolismo y la cualidad ilustrativa; todo ello en una figura geométrica, el motivo característico más importante del arte islámico. 

El amor del artista musulmán por la geometría, permite expresar la verdadera esencia del Sello de Salomón como símbolo de conexión entre ambos mundos; en este contexto, simboliza la relación que hay entre la ciencia, la belleza y la metafísica, con elementos de medicina y magia, astronomía y astrología, el arte del regadío y su influencia en el jardín, y la conexión simbólica entre los jardines de recreo y el Jardín del Edén, entre el cielo y las cúpulas arquitectónicas y entre la cosmología tradicional y su nexo con la religión.

El Sello del rey Salomón

Sello de Salomón, piedra, siglo III-IV. Sinagoga de Jirbet Shura, Galilea

Hoy en día, al hexagrama es conocido con el nombre de Estrella de David y considerado un símbolo definido del judaísmo; el término se utiliza incluso en los países islámicos. 

Hay cierta confusión en torno a sus orígenes, nombre y asociaciones. En Europa, al pentagrama se lo conoce normalmente como Sello de Salomón, mientras que al hexagrama se le llama Estrella de David; muchas veces, se da por supuesto que siempre fue así. 

Sin embargo, hay evidencias de una evolución gradual del hexagrama de símbolo cosmológico romano a símbolo religioso y mágico no ligado a una religión o a un pueblo específicos. 

La investigación parece probar que ambos motivos fueron utilizados por religiones diferentes y que el significado más claro del hexagrama se encuentra asociado con técnicas mágicas para protegerse de las fuerzas del mal. 

El profesor Gershom Scholem, notable estudioso de la Cábala (escritos místicos judíos), estudió la función protectora del hexagrama y su entrada en las tradiciones judía e islámica. En una serie de artículos sobre la Estrella de David y su historia, Scholem mantuvo lo siguiente:

En primer lugar, el hexagrama es un símbolo universal cuyas asociaciones judías se desarrollaron gradualmente. Empezó siendo un símbolo de la comunidad judía en Praga, probablemente en el siglo XIV, aunque puede también que no lo fuera hasta el siglo XVII. En el siglo XIX, se convirtió en símbolo de los judíos en general.

Además, hay reproducciones judías y cristianas del hexagrama u otros motivos decorativos desde épocas antiguas, y, más tarde, en el arte islámico. En el siglo XIII, el motivo pasó, de copias de la Biblia efectuadas en países islámicos, a manuscritos hebreos en Alemania y España. En este último país, hasta el siglo XIII los judíos conocían el hexagrama con el nombre de Sello del rey Salomón; del XIII al XV, se utilizaron ambos nombres indistintamente. Sólo en un momento posterior, se impuso en las comunidades askenazitas el término Estrella de David, mientras que el Sello del rey Salomón quedó identificado con el pentagrama.
El Sello del rey Salomón

Sello sobre una losa de mármol de una iglesia bizantina, Jirbet Sufa, norte del Néguev

Por último, el hexagrama y el pentagrama aparecen por primera vez en mezuzot (rollos con pasajes bíblicos que los judíos ponen en las jambas de las puertas) mágicas y, posteriormente, en distintos talismanes. 

Los dibujos mágicos del hexagrama y del pentagrama se conocen como sellos, de acuerdo a la idea de que la persona se sella a sí misma con estos signos para protegerse de los espíritus dañinos. Este término está ligado a la leyenda que refiere que el rey Salomón controlaba a los demonios por medio de un sello anular especial en el que estaba grabado el Tetragrama. El sello no tenía más que un poder: el de proteger de las fuerzas malévolas.

Es posible que el hexagrama sirviera de símbolo del Templo en un estadio temprano de su desarrollo. Un dibujo judío del siglo X constituye el ejemplo más temprano de la conexión que hay entre ambos símbolos; no sabemos si sus orígenes en la tradición judía son anteriores, o si reflejan una influencia del arte islámico. 

En España, a partir del siglo XIII, encontramos libros judíos religiosos decorados con Estrellas de David que a veces sirven de colofón en libros escritos en micrografía. El hexagrama había surgido antes como elemento decorativo que se utilizaba para rellenar espacios o para marcar la división entre capítulos en manuscritos hebreos y arameos. 

En algunos manuscritos hebreos procedentes de España, aparecen dibujadas Estrellas de David junto a los versículos que hablan de la nostalgia por retornar a Sión.


Las misteriosas “Clavículas de Salomón”. El mito de un grimorio mágico.

Una de las obras consideradas como de las más enigmáticas y confusas dentro de la literatura esotérica son las conocidas “Clavículas de Salomón” o Masteah Shalomoh, obra muy apreciada durante siglos por hechiceros, magos y nigromantes.

Un libro repleto de conjuros, invocaciones, rituales y todo lo concerniente a la magia ritual que harán las delicias de todo coleccionista o estudioso del ocultismo.

Sello de Salomón

Lamentablemente al ser un libro tremendamente codiciado muchas ediciones han sido objeto de descrédito, confusión y manipulación y, a día de hoy, no puede afirmarse con total certeza que exista una edición legítima al original.

En 1350, el papa Inocencio VI ordenó quemar un voluminoso manuscrito conocido como “Libro de Salomón” el cual se encontraba repleto de conjuros y diferentes rituales para la evocación de los demonios.

Existe en la Biblioteca Nacional de París una edición fechada en 1641 que ha sido objeto de varios estudios y ediciones, entre ellas la que pone al público la editorial Humanitas. Veamos su descripción:

“Todo el Universo ha sabido, hasta hoy, que, desde tiempo inmemorial, Salomón estaba en posesión de todas las ciencias infundidas a través de los sabios preceptos y de las enseñanzas de un ángel, al cual pareció estar tan sumiso y obediente que, además del don de sabiduría que le pidiera, obtuvo, y no sin admiración, toda otra suerte de virtudes. 

Todo lo cual hizo que, llegando Salomón al término de sus días, él mismo estableciese que su hijo Roboam, por sucesión, hiciérase cargo de un testa­mento que contenía todas las ciencias de las que él usare y disfrutare hasta el día de su muerte. 

Los Rabinos que, después de él, procuraron guardar celosamente este testamento, nombraron a éste último las Clavículas de Salomón, nombre con el cual hicieron grabar un libro hecho de cortezas de cedro, y en donde los pantáculos aparecían en caracteres hebreos y sobre planchas de cobre, a fin de poder ser conservados para la posteridad….”

No se puede afirmar que el autor de esta obra mágica sea realmente el Rey Salomón, pues no existen documentos fehacientes que puedan sustentar esta posibilidad, sin embargo la edición que he mencionado si se atribuye a este gran sabio y que algunos consideran un gran mago.

El profesor Marinus Gout, de la Universidad de Delft, Holanda, indica en un texto titulado “El Rey Salomón y su Templo” y traducido por Juan R. Cuadra que las excavaciones arqueológicas y los estudios sobre los textos que se escribieron en la época del Rey Salomón indican que no escribió ningún libro del Antiguo Testamento. 

El Libro de los Proverbios fue compuesto 500 años después de su muerte. Según Gout uno de los más conocidos libros apócrifos de la Biblia es el conocido como “Testamento del rey Salomón” y que fue escrito en el siglo I a.C. Mayor difusión tuvieron las “clavículas” que tras la invención de la imprenta el libro aumentó considerablemente hasta el siglo XVIII en el que se añadieron nuevos comentarios e ilustraciones. En la actualidad, continúa Gout, se ha demostrado que su texto fue escrito originalmente en el siglo I d.C.

Si retrocedemos en el tiempo, en la época de Vespasiano, siglo I de la era cristiana ya circulaba un libro cuyo contenido hablaba de la evocación de los diablos y que estaba atribuido a Salomón. 

Flavio Josefo cuenta que en aquella época un judío llamado Eleazar disponía de un ejemplar de este grimorio y que en presencia de Vespasiano exorcizaba a los endemoniados colocándoles en la nariz un anillo al que se le ataba una raíz que Salomón designaba para estos fines, mientras Eleazar recitaba unas palabras que Salomón también especificaba. Es muy probable que las verdaderas Clavículas fueran estas.

Traducción: Raquel Sperber
Fuente: Revista de Artes y Letras de Israel 106 – 07-09-1999
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