Ser menos susceptible, para ser más feliz

Si eres menos susceptible, serás más feliz
Si eres menos susceptible, serás más feliz.

El mundo está lleno de impresentables. De personas ofensivas, sin filtro, maleducadas y hasta malvadas. De eso no hay duda. Tampoco es discutible que esa gente tiene por costumbre proferir comentarios ofensivos y de mal gusto.

Sin embargo, en ocasiones es el propio receptor el que ve ofensas donde no las hay, dobles lecturas en mensajes inocuos y ataques personales donde solo hay opiniones. Es la susceptibilidad. 

Ser capaz de controlar un sentimiento tan humano como ese hará que seas más feliz, que tu entorno te lo agradezca y que dejes de retroalimentar a los trols con tus enfados.

Según los psicólogos, la susceptibilidad es una hipersensibilidad narcisista. Lo más curioso de todo es que, lejos de fundarse en la soberbia o en la autosatisfacción, ese narcisismo extremo es fruto de la falta de autoestima.

Las personas que no se valoran lo suficiente necesitan que sean los demás los que reconozcan las virtudes de su persona y sus actos. Esa es la razón que provoca que, cuando el sujeto tiene la sospecha de que de su entorno no lo valora lo suficiente, salten chispas.

Por eso, no es mala idea mantener la susceptibilidad a raya. Como la tarea puede no resultar sencilla, aquí tienes unos consejos que te ayudarán.

Reconoce el problema y normalízalo

Antes de seguir adelante, debes tener una cosa clara: todo el mundo es susceptible. El problema es que, como en todos los ámbitos de la vida, existen diferentes grados e intensidades. Si ese sentimiento tan humano te genera problemas emocionales, reconócelo y ponte manos a la obra para solucionarlo.

Relativiza

No hay que darle la misma importancia a todos los comentarios que recibas. Debes aprender a valorar qué opiniones son verdaderamente importantes, cuáles no y de dónde procede cada uno de ellos. No es lo mismo que te critique un extraño que te encuentras de forma accidental por la calle, que tu jefe, que tu padre o que tu suegro.

Un puro es solo un puro

Decía Sigmund Freud que un puro podía ser un símbolo fálico.

Sin embargo, el sabio vienés también advertía que, en ocasiones, un puro es solo un puro. Haz caso al padre del psicoanálisis y piensa que no todos los comentarios que recibes tienen una segunda intención o dobles lecturas.

Comunícate

Antes de enfadarte y montar el pollo, no está de más que expliques a los demás cuáles son los comentarios que te ha molestado y por qué. De esta forma, tu entorno sabrá qué cosas te molestan para no repetirlas o para tener la oportunidad de explicarte que has sido tú quien ha magnificado la situación.

No eres perfecto

Puede que no lo supieras, pero es así. A pesar de tu innegable valor como sujeto y tu talento, no todo lo haces bien. Por eso, acepta las críticas y aprende que ellas. No son una forma de agresión, sino una ayuda para que seas mejor persona, o profesional, o padre, o hijo, o lo que quiera que seas.

Ríete de ti mismo

Los errores se pueden gestionar de varias maneras. Una de ellas es hacer de todo un drama. Otra es tomándotelo con humor. Si optas por la segunda, además tendrás un arma eficaz en aquellas ocasiones en las que sí que se te ha querido ofender. Mientras que responder a una ofensa con otra es un double win! para el ofensor (porque le confirmas que su acción te ha molestado), emplear el humor lo desarmará.

Quiérete

Como se ha dicho más arriba, la susceptibilidad es un problema de autoestima. Por eso, y aunque aparezca en último lugar, este es el consejo más importante. Si lo llevas a cabo, puede que los otros no te hagan ni falta.

Publicado por / Fuente : http://www.yorokobu.es
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