Amores tóxicos

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Amores tóxicos
Síndrome de Anna Karenina, el amor que destruye. ¿Lo has vivido?

Si bien el síndrome de Anna Karenina no está descrito en ningún manual de psiquiatría, sí que suele entrar dentro de los llamados “trastornos afectivos-compulsivos”, ahí donde la exaltación de los sentimientos suele derivar en ocasiones, en un tipo de obsesión en la cual la vida propia puede llegar a verse incapacitada, donde no vemos los límites y donde es muy posible derivar en una depresión.

Así pues, el síndrome de Anna Karerina es una expresión de la psicología popular que se utiliza muy frecuentemente para hablar de esas relaciones que, a pesar de vivirse con gran intensidad, con gran pasión, nunca acaban saliendo bien.

Es más, es muy posible que salgamos heridos casi para toda la vida.

¿Qué tal si hablamos hoy de este tipo de situaciones? Como siempre, recuerda que te animamos a que nos dejes tus comentarios, a que nos digas si has vivido alguna situación similar y si te sientes identificado.

Síndrome de Anna Karenina, cuando tu amor es peligroso para mi salud

Recordemos a ese personaje creado por León Tolstói en el siglo XIX. Nuestra dama, además de estar casada y de disponer de una buen situación dentro de la sociedad rusa de esta época, representaba los valores más clásicos de la mujer culta pero entregada a las apariencias, a las normas, a lo que se esperaba de una mujer de su posición, casada y con hijo.




No obstante, todo cambia cuando conoce al conde Vronsky. La pasión que viven ambos rompe sus moldes, sus alientos, sus cotidianidad e incluso sus valores. De pronto, toda su vida gira alrededor de ese amor que, de algún modo, está condenado también a tener un final. 

Anna lo deja todo por él, se convierte en ese objetivo de críticas por parte de toda la sociedad que la envuelve, es una víctima en todos los sentidos.

Hasta que llega la caída final y Anna Karenina no encuentra otra respuesta a su vida más que la del suicidio. Un escena mítica dentro de la historia de la literatura y que resulta difícil de olvidar.

Ahora bien, volviendo de nuevo al síndrome de Anna Karenina en la actualidad ¿De qué modo puede describir alguna de nuestras relaciones este trastorno?

Son relaciones llenas de una pasión tan intensa, que es muy comparable a un tipo de adicción, ahí donde no hay términos medios. 

Es un “todo o nada”.

Estas relaciones llenan todos nuestros pensamientos, hasta el punto de que nos es difícil hacer vida normal. 

Dejamos a un lado a amistades e incluso a familiares, nuestro universo tiene un único punto alrededor del cual girar: ese amor apasionado pero, en esencia, ciego.

Lo curioso de estas relaciones es que no dan una auténtica felicidad. Siempre hay angustia, sufrimiento… 

Miedo al pensar que podemos ser abandonados, a que la otra persona deje de querernos, a que nos engañe. Buscamos cada día pruebas de su amor y parece que nunca nos sentimos satisfechos.

El síndrome de Anna Karenina se caracteriza por frases como “sin ti no soy nada” o “mi vida sin ti no tiene sentido”. 

Son expresiones muy peligrosas que nos hacen perder la autoestima, el equilibrio personal e incluso nuestros valores.

Se produce una especie de “vaciamiento personal”. 

Nos quedamos vacíos del “yo” , ese que describe todo lo que somos, para llenarlo únicamente con aspectos de la otra persona. 

Una obsesión ciega que, en ocasiones, cuando se produce la ruptura nos dejan completamente “huecos”, con una herida que tarda mucho en curarse.

En conclusión, podríamos hablar claramente de amores tóxicos que pueden hacernos caer fácilmente en muchos problemas psicológicos, siendo la depresión uno de ellos. 

Así pues, es importante que recuerdes algo: nunca debes enamorarte “ciegamente”, ama con los ojos bien abiertos y de un modo maduro.

Sabemos que el amor apasionado es, posiblemente, lo más intenso que el ser humano puede experimentar.

No obstante, no pierdas jamás tu identidad, cuida de tus valores y de tu “salud emocional”.

Antes de ser pareja es importante que aprendamos a disfrutar también de nuestra individualidad, a ser felices con lo que somos.

Si centras todo tu ser en otra persona y al final esta relación no sale bien, quedarás “desmantelado”.

Ama con equilibrio, con madurez y de modo consciente. Esa es la auténtica felicidad, el amor que no hace daño, que se enriquece mutuamente.

¿Estás de acuerdo? Háblanos de este tipo de relaciones, ¿has vivido algún amor tóxico?

Publicado por / Fuente : https://supercurioso.com
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