Cabellera cortada

Cabellera cortada
Cabellera cortada.

Costumbres nativas apropiadas por europeos y posteriormente por estadounidenses y mexicanos.

Si nos preguntasen a la mayoría de nosotros sobre algún tipo de acto típico de los nativos norteamericanos seguro que la gran mayoría coincidiríamos en que cortaban las caballeras, como algo intrínseco de su propia cultura.

Pero ¿qué es cortar la cabellera?

Se trata de cortar no solo el pelo, si no arrancar el cuero cabelludo, lo que también se denomina escalpar.

Y no, al menos no se trata de un acto ni único ni propio de todas las culturas americanas, ya que los europeos también utilizaron esta técnica en su propio beneficio.

¿Para qué servía? Los europeos lo utilizaban como moneda de cambio ya que se incentivaba a través del propio gobierno que realizaran este tipo de prácticas.

Los nativos lo hacían para intimidar a sus oponentes y en parte apropiarse del alma del muerto.

Pensaban que les protegía si lo ponían en sus escudos. Para los nativos era impensable vender una de esas cabelleras.

En todo caso podrían regalarla como forma de demostrar su aprecio a la persona que se la ofrendaban.

No siempre a la persona que se le cortaba la cabellera tenía que estar precisamente muerta cuando se lo realizaban; hay constancia de gente que sobrevivió a este acto, como Robert McGee a manos del jefe sioux Little Turttle en 1864.

La probabilidad de sobrevivir a esto era bastante escasa con los medios de la época. Por lo general, la gente moría de la infección que les provocaba.

Actualmente se abre el debate de si es propio de los nativos escalpar a sus enemigos, ya que según comparten la mayoría de los investigadores posiblemente empezaron a ponerlo en práctica los propios franceses para no tener que ir cargando con las cabezas de sus enemigos y conseguir la consiguiente recompensa.

Por otro lado, hay constancia en el s. XVI de que en Quebec el explorador francés Jacques Cartier observó esta práctica cuando conoció al jefe Donnaconna. También se ha encontrado referencias de esta costumbre entre las tribus iroqueses, abenakis y hurones en el s. XVII.

Esta teoría es apoyada por el historiador James Axtell, que ha aportado pruebas pictóricas y arqueológicas para ello. En el s. XVII la muerte de John Oldham en Massachusetts, un comerciante inglés, a manos de indios pequot originó entre otras causas que los puritanos de su colonia y el gobernador de la zona premiasen que le trajesen estos trofeos, lo que generó que mucha gente buscase el dinero fácil a través de esta práctica.

Un ejemplo de esto último fue John Lovewell, que se paseaba por Boston con una peluca hecha de pelo de nativos americanos.

Por cada cabellera que conseguía le pagaban unas 100 libras. Aunque finalmente en una de sus “cacerías” fue víctima del propio negocio con el que él mismo se enriqueció.

El congreso de Chihuahua (1839) decretó las leyes llamadas Contratas de Sangre, las cuales pagaban el exterminio de los apaches y se pagaba cada cabellera masculina con 100 pesos, 50 por una femenina y 14 por la de un niño.

Tuvieron un gran éxito puesto, tal como se jactaba Porfirio Díaz, que casi exterminó a este pueblo y obligó a emigrar a los supervivientes a terreno estadounidense, entre ellos a Gerónimo.

En 1864 unos 675 soldados de la Caballería de Voluntarios de Colorado, liderados por John Chivington masacraron un pueblo cheyenne-arapahoe que residía en Sand Creek, porque creían que les habían robado parte de sus reses. Cerca de 160 nativos perdieron la vida, dos tercios de ellos eran mujeres y niños.

Los soldados mutilaron a sus víctimas cortándoles la cabellera, nariz o genitales.

Como resultado de todos estos actos podemos decir que, siendo un rito propio de algunos pueblos americanos, no todos lo practicaban.

Los europeos supieron aprovechar esta costumbre y utilizarla más aún que los propios nativos, puesto que los gobiernos locales y estatales les apoyaban y les recompensaba por cada cabellera que conseguían.

Ahora sólo falta que las películas de esta temática muestran no solo a los nativos cortando cabelleras.

Autora| Lucía Luengo Ramos
Publicado por / Fuente : http://www.antrophistoria.com
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