Cuando los médicos temieron al ferrocarril

Tren de vapor en 1915
Tren de vapor en 1915
Cuando los médicos temieron al ferrocarril.

Si tuviéramos que elegir el sistema de transporte más seguro y cómodo, además de barato, el tren sería uno de nuestros principales candidatos.

Cada día miles de personas en España se montan en estos vehículos acoplados a raíles metálicos sin más preocupación de si llegarán puntuales a sus citas o tendrán espacio en el vagón para meter sus abultadas maletas.

Y, así, el viaje transcurre sin traumas y con tranquilidad junto con el leve traqueteo del Talgo.

Casi resulta imposible creer, dada la aceptación actual de la sociedad a los trenes, que la aparición del ferrocarril levantó muchas ampollas. 

El miedo y la ignorancia a lo desconocido, a lo nuevo, hizo que muchas personas temieran a esta enorme máquina metálica y estuvieran especialmente deseosas de prohibirla.

En general, las preocupaciones se basan en tres pilares: Peligros ambientales (las únicas razones medianamente justificadas), sociales y médicos.

Los mitos en torno al ferrocarril, que hoy podrían parecernos caricaturescos y absurdos, se propagaron con fuerza entre las sociedades industriales del siglo XIX que adoptaron el ferrocarril como medio de transporte. 

De hecho, conforme más se extendía el uso del ferrocarril más miedos aparecían en torno a la población.

Entre las muchas cosas que se dijeron de él encontramos afirmaciones como que era algo antinatural, que corrompía la moral de las comunidades tradicionales y que el humo que expulsaba el ferrocarril asolaría los campos de maíz y mataría a los pájaros.




El primer pensamiento que podría venirnos a la mente ante tales muestras de ignorancia por parte de la población general del siglo XIX es que los sectores más cultos e ilustrados no compartían esta visión… ¿O quizás sí?

Desafortunadamente, los médicos no se quedaron, ni mucho menos, atrás en esa histeria colectiva en contra del ferrocarril. El fenómeno no se limitaba a que tan sólo unos cuantos médicos opinaran sobre la existencia de gravísimos riesgos para la salud por el hecho de montar en este medio de transporte, es que múltiples revistas médicas y academias de medicina de la época publicaron artículos sobre los peligros del ferrocarril.

Unos peligros que, como veremos a continuación, se limitaban a existir exclusivamente en la imaginación de muchos galenos.

Estas son algunas de las afirmaciones que expusieron los médicos del siglo XIX alertando de los riesgos para la salud que ofrecía el ferrocarril:

–La gente podría morir asfixiada si viajaba a velocidades superiores a 32 kilómetros por hora.

-El ser humano no estaba físicamente preparado para soportar las velocidades del ferrocarril, pues sufría un trauma físico por la aceleración y deceleración causado por este medio de transporte.

-Importantes médicos como Freud, Oppenheim y Charcot describieron que algún aspecto del ferrocarril (la velocidad, el riesgo de accidente, la vibración, etc…) dañaba la salud mental al observar a personas que desarrollan fobia o ansiedad a este transporte.

-En 1835, la Academia de Medicina de Lyon se pronunció categóricamente sobre el ferrocarril:

El paso excesivamente rápido de un clima a otro producirá un efecto mortal sobre las vías respiratorias. El movimiento de trepidación suscitará enfermedades nerviosas, mientras que la rápida sucesión de imágenes provocará inflamaciones de retina.

El polvo y el humo ocasionarán bronquitis. Además, el temor a los peligros mantendrá a los viajeros del ferrocarril en una ansiedad perpetua que será el origen de enfermedades cerebrales. Para una mujer embarazada , el viaje puede probocar un aborto prematuro.

-En 1862 la revista Lancet publicó una serie de artículos con el título “La influencia del viaje en ferrocarril en la salud pública”. Afirmaban que las vibraciones del ferrocarril, junto con una amplia variedad de factores, causaban un agotamiento físico y mental del pasajero.

Fue la demostración de la seguridad del ferrocarril a lo largo de las décadas la que fue apagando, poco a poco, las críticas injustificadas y el miedo a su uso. Hasta llegar a la actualidad y poder reírnos sobre lo que se decía en aquel entonces.

Ah, si por casualidades de la vida, ustedes piensan que la histeria colectiva que ocurrió con la aparición del ferrocarril es un hecho aislado, están muy equivocados. 

Sucedió lo mismo con la aplicación de la electricidad en las casas, de la bombilla y, ahora, con los móviles.

Somos una especie de costumbres, al fin y al cabo, aunque se repitan cada siglo. Y no hay mayor costumbre humana que soltar chorradas sobre aquello que se desconoce.

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