La Luna y sus influencias

La Luna y sus influencias
El descubrimiento de los misterios de la Luna lleva a una conexión directa del hombre con la Diosa Luna, la Diosa del Amor. 

Ella, que en silencio nos observa y magnetiza a quienes desde abajo la admiramos, oculta un conocimiento tan profundo como enigmático. 

Conforme nos acercamos a los orígenes de este conocimiento encontramos un fascinante campo de investigación en los distintos aspectos de la cultura, de tal forma que, difícilmente, podremos apartarnos de él, ya que encontramos respuestas a muchos de los enigmas que encierra el hombre.

Dijo Jung: «…si se prestara más atención a restaurar la diosa en la vida individual a través de la experiencia psicológica, buscando el equivalente actual a la Iniciación de la Diosa Luna, se abriría ante nosotros la salida a nuestros problemas…»

En la creencia de nuestros antepasados la Luna simbolizaba a la mujer; para ellos constituía la auténtica esencia femenina, en oposición con la esencia del hombre. 

Por aquel entonces, el culto de la Luna era el más claro exponente del interés que existía por los poderes ocultos del espíritu, era el culto del Poder Creativo, ya que sobre todo se le reconocía la facultad de otorgar el don de la fertilidad y del crecimiento de los seres vivos.




No relacionaban la sexualidad con la concepción. 

Aunque todo esto resulta de una realidad subjetiva, debido sobre todo a que desde la perspectiva del pensamiento racional resulta incomprensible y carente de sentido, para el pensamiento primitivo la lógica no era imprescindible y por ello declaran que la mujer y la Luna eran de la misma naturaleza.

Ellos pretendían conocer a la perfección los efectos buenos y malos de la Luna. Por un lado creían que enloquecía al hombre y por otro era dispensadora de bienes. 

La idea de atribuir la locura a la Luna es, por lo tanto, muy antigua. Podríamos citar muchas anécdotas, basadas en leyendas y también respaldadas por personajes tan célebres como Hipócrates o Paracelso, que creían firmemente en la influencia psicológica de la Luna, incluso en investigaciones más cercanas a nuestros días se manifiesta esa posibilidad. 

Citaremos como breve ejemplo, el cuento de origen escandinavo «El Espejo Mágico», que nos cuenta la historia de un Rey que una vez al mes se convertía en animal salvaje… por la influencia de la Luna llena.

En el aspecto de la fertilidad, también es frecuente la atribución lunar que favorece o no la gestación. 

Como dijimos antes, la Luna es dispensadora de bienes, hace que la naturaleza ofrezca su máxima potencia, esto ocurre siempre que la Luna se encuentre en fase creciente. 

Por el contrario, en la fase menguante, muestra su fuerza devastadora. Todo está tocado por ella, la agricultura, la pesca, los nacimientos, las enfermedades… su poder es ilimitado.

Es fácil imaginar que todas estas creencias dieron origen a un culto en el que la Luna es portadora de un fluido de energía que pasa por varias fases o ciclos, cada uno de ellos representativo de manifestaciones religiosas, espirituales, culturales y sociales distintas.

El papel representado por la Luna en la religión es tan antiguo como el hombre y la idea más primaria que se tiene de ello, está relacionada con su efecto fertilizante. 

Conforme las estructuras psicológicas se fueron organizando, se transformó o se identificó con la imagen de una persona a la que se le daba una realidad física. 

Primero fue un hombre, luego un Dios o Gran Hombre. Se pensaba que era un Gran Rey que allí vivía y gobernaba sobre la tierra. Algunos reyes antiguos llevaban un tocado de cuernos, se les consideraban encarnaciones del Hombre Luna. Reyes Celtas, egipcios… llevaban en sus ceremonias tocados similares indicando su procedencia divina.

Los mitos originados alrededor de la Luna se fueron consolidando paulatinamente; las transformaciones que en ella se producían debido a sus continuos cambios de fase eran el causante de todo lo que pasaba al hombre en la tierra, por ejemplo le dio la idea del tiempo y la forma de calcularlo, apareciendo el primer calendario.

Hoy día sabemos que el mito que crece sobre una entidad natural, es el símbolo de la percepción de una realidad interior, que el hombre percibe solo o también en el mundo exterior pero que de cualquier forma, esta realidad está tan dentro como fuera de el. Nuestros antepasados no lo sabían… la vida interior era invisible para ellos. 

Por lo tanto, la energía o actividad que se le atribuía a la Luna, no era reconocida como algo que formaba parte de la estructura psíquica.

El hecho de que la Luna dejase de estar identificada con un hombre, para adoptar la imagen de un dios, marcó un avance importante en la evolución de la función de la consciencia humana, ya que los dioses pertenecen al mundo espiritual y en cierto modo, también al terreno psicológico, ya que ello era una motivación para intentar discernir entre lo subjetivo y lo objetivo. 

Con todo ello, no solamente se desarrollaba la conciencia del hombre, sino que apareció en escena el inconsciente como una realidad oculta, cuyas características habían sido atribuídas a un dios lejano y misterioso.

Entre los dioses de la Luna, podemos citar aquellos cuya trascendencia nos parece más importante a lo largo de la historia, por ejemplo, HUR entre los caldeos, SINN dios lunar en Babilonia, su culto duró muchos siglos, se le llamaba «El Padre de los Dioses», entre sus hijos figura ISHTAR, la diosa lunar que surgió mucho después, MEN o MENE (del latín mens = mes), era el dios lunar de los Friguios, y OSIRIS, el dios egipcio de la Luna, cuya tradición y culto merecen una mención aparte.

Todos ellos son exponentes de la inmortalidad, de la muerte y resurrección de los dioses. Sus vidas cíclicas les llevan desde la luz a las tinieblas y así sucesivamente.

En las culturas más avanzadas, se les consideraba como el verdadero marido de la mujer, siendo esto la base de muchos ritos y celebraciones religiosas relacionadas con la fertilidad, por ejemplo el Carnaval de Primavera, tiene sus raíces en estos rituales, y que se celebra antes de la Cuaresma y de la Pascua, estando ambas fiestas relacionadas con la Luna, Vida, Muerte y Resurrección (dioses de la Luna o hijos de la Madre Luna).

El dios lunar es en realidad el dios de las mujeres, a las que protege y cuida, es de naturaleza femenina y en algunos pueblos su sexualidad es andrógina.

Efectivamente, acaba convirtiéndose en diosa y esto es posiblemente provocado por la aparición del dios Sol y de los cultos solares. En Babilonia el dios Sol, llamado Shamash, dio una gran importancia a estos cultos.

En sus muchas representaciones, la diosa, conserva algunas cualidades masculinas siendo también andrógina en su sexualidad. Por ejemplo Ishtar, es invocada «Oh mi Dios, Oh mi Diosa». Recordemos a Plutarco: «llaman a la Luna, Madre del Universo Cósmico, teniendo ambas naturalezas, madre y hembra».

La forma más común de representarla es como una diosa y su hijo, que es el quién ha conservado en esencia las características de su padre (dios‑Luna) muerto. El es quién nace, muere y resucita. Ella, la Madre es inmortal, es el eterno femenino, es la Madre de todos, la Madre de Dios… es el Poder Oculto de Dios.

La madre del dios Luna, también es su esposa, ella da a luz al hijo y es a la vez fecundada por él, apareciendo de nuevo su naturaleza andrógina, capaz de reproducirse por sí misma. La naturaleza del inconsciente es masculina y femenina al mismo tiempo.

A veces, según las distintas culturas, la Madre Luna es la Madre Naturaleza o la Madre Tierra, conceptos que permanecen ligados entre sí, representando la misma fuerza o energía cósmica. Los hindúes, griegos, caldeos, chinos… hablan de su diosa madre, refiriendose a ella como lunar o como tierra indiferentemente, como si ambas tuvieran el mismo origen cósmico. 

La Gran Madre era adorada, como hemos dicho antes, en Babilonia, Egipto, Roma, África, América, India… y es interesante observar como en civilizaciones tan alejadas unas de otras, han dado origen a cultos y leyendas tan similares.

Existe una causa posible y es que su procedencia representa una realidad psicológica, captada por estos pueblos, emergiendo de su incosnciente hacia la superficie física y materializada como un Dios, algo misterioso y con poder sobre el hombre.

Jung fue muy claro en este sentido, para el los dioses constituían fuerzas independientes de la consciencia del individuo, ante las que él mismo se doblega, pero cuya realidad sigue estando dentro del individuo y por lo tanto el mismo puede tener dominio sobre ellas.

El mito de la Diosa‑Luna oculta la verdad interior de la psicología femenina, es el alma del cuerpo femenino. La Luna simboliza las representaciones inconscientes del hombre, el principio femenino que actúa tanto en hombres como en mujeres. 

En ellas es dominante en la formación de su psique, en ellos es algo misterioso que se mueve en las aguas invisibles de su inconsciente.

Nox – Revista Investigación Nº 5
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