Movimiento Rosa-Cruz

Movimiento Rosa-Cruz
El Movimiento Rosa-Cruz.

Pasaron cosas extrañas al comienzo del siglo XVII.

Algunas son conocidas, tan conocidas que puede ser que cieguen la vista: Kepler descubre las leyes del movimiento de los planetas; Galileo ve por primera vez los satélites de Júpiter y las montañas de la Luna, funda la dinámica midiendo la caída de los cuerpos;

Descartes percibe como en una visión los principios del método científico y de la física teórica.

¡Tantos advenimientos extraordinarios en tan poco tiempo!

Para encontrar una tal explosión de proezas intelectuales, habría que remontarse al tiempo de Tales de Mileto, al nacimiento de la ciencia griega.

Sin embargo, desde hace algunos años, los eruditos sumergidos en los vestigios del siglo XVII, esa época que dio a luz la racionalidad moderna, exhuman un paisaje bien diferente que el de la clara razón.

Hombres todavía impregnados de magia salen de la sombra: los neoplatónicos, los hermetistas.


Giordano Bruno que fue quemado sobre su hoguera romana el primer año de ese siglo por haber enseñado la prioridad de la religión egipcia y la infinita pluralidad de los mundos.

El tema de la Rosa-Cruz aparece con todas sus letras por la primera vez en dos breves panfletos anónimos publicados en Cassel en 1614 y 1615. Estos dos textos excitaron en el acto la imaginación europea.

Ellos se presentaban en efecto como el manifiesto de una sociedad de sabios trabajando desde largo tiempo en secreto conforme a los principios recibidos de un sabio hasta entonces desconocido, el Hermano C. R., o Christian Rosenkreutz, o Rosa-Cruz.

La vida que se le suponía a este sabio, elaborada según el modelo de grandes sabios de la antigüedad, como Pitágoras o Tales de Mileto, incluía el inevitable viaje hacia los maestros inspirados del Oriente: Arabes de Jerusalem, de Fez, y los Africanos.

Con ellos había aprendido matemáticas, física, magia. Se leía en la segunda página de la Fama (el primero de estos panfletos):

“Cada año, los Arabes y los Africanos se reunen para interrogarse sobre las diferentes artes, para saber si han sido realizados mejores descubrimientos y si la experiencia ha refutado las hipótesis “.

He aquí entonces, en 1615, expuesto claramente el principio de la ciencia experimental moderna.

Los Hermanos de la Rosa-Cruz, sin descubrirse, invitaban a todos los sabios de Europa a ponerse en comunicación con ellos para (como se dice ahora) construir el mundo de mañana. Pero, ¿ponerse en comunicación cómo? Ellos no lo decían.

Hasta aquí los eruditos han repetido en todos sus libros que los dos manifiestos La Fama y La Confessio revelando al mundo la existencia de los Hermanos de la Rosa-Cruz eran en realidad la obra de un cierto Johann Valentín Andreae, autor confesado de una tercera publicación aparecida en 1616 (un año después del segundo escrito rosacruciano), titulado Las Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz.

La vida de Andreae nos es conocida por su autobiografía, donde é1 describe las Bodas Químicas como una farsa sin importancia, un ludibrium. Una farsa, entonces, inspirada por los Manifiestos.

Comparando los datos y la identidad del héroe podía pensarse que el autor era el mismo, y si Las Bodas Químicas se confesaban como una parodia, era por una habilidad suplementaria de Andreae. El se desligaba de los Manifiestos por la burla, por lo tanto, no era el autor, y los misteriosos e hipotéticos Hermanos Rosa-cruz adquirían una posible realidad.

Pero aun si Andreae fuese el autor de los Manifiestos, él no habría inventado a los Rosacruces, pues la orden de la Rosa-Cruz estaba ya inscrita bajo otro nombre – Confederación de la Milicia Evangélica – en un libro publicado en 1604 por un tal Simón Studion llamado La Naometría , y en 1604 Andreae no tenía más que dieciocho años.

La Naometría era una especie de profecía apocalíptica bastante oscura, anunciando en lenguaje simbólico el triunfo de una Liga de príncipes reformados de la Europa del Norte bajo la conducción del rey de Francia, Enrique IV, quien fue asesinado seis años después.

Lo curioso es que aparece allí un diseño representando una cruz con una rosa en su centro, y que la simbología utilizada es una numerología basada sobre las proporciones del Templo de Salomón. Estos dos hechos nos han llegado a ser familiares a través de la simbología masónica.

Henos aquí entonces remontados a 1604. ¿Se podría retroceder más lejos con relativa certidumbre en busca de los orígenes de la Rosa-Cruz? Sí. El Manifiesto de 1615 (La Confessio) va acompañado de una especie de apéndice titulado: “Breve consideración de la Filosofía más secreta” .

¿De qué filosofía más secreta se trata? Por una parte, es la misma de los Manifiestos, por otra, una gran parte de este texto es tomada palabra por palabra de un libro del famoso astrónomo, matemático y ocultista inglés, John Dee, la Monas Hieroglífica publicado en 1564.

John Dee, el más eminente sabio inglés de ese siglo, no era sólo un sabio y un ocultista versado en todas las artes secretas: cábala, astrología, alquimia, etc., sino que además desempeñaba un rol político importante en las intrigas que trataban de arrancar la Bohemia del Imperio austríaco.

En 1583 estaba en Praga iniciando a Rodolfo II en sus artes secretas y enseñando una doctrina a la vez mística, científica y política. Viajó largo tiempo por Europa central, haciendo contacto con todos los intelectos esclarecidos.

Se puede considerar que el movimiento que sostiene las tres publicaciones rosicrucianas mencionadas, en último análisis ha salido de John Dee.

Ahora, saber si Dee aportó sus propias ideas o si las encontró en esa Praga frecuentada desde siempre por los espectros, donde existen corrientes subterráneas todavía por descubrir en siglos futuros, sería motivo de investigaciones posteriores. Un solo hecho es absolutamente seguro: el espíritu de la Rosa-Cruz estaba ya vivo en Inglaterra y Europa central a mitad del siglo XVI.

La Rosa-Cruz hizo su aparición en Francia en 1623, en diversos libros que la denuncian como maleficio diabólico.

Según el jesuita Garasse, quien publicó ese año su Doctrina curiosa de los nobles espíritus de este tiempo, los rosicrucianos han hecho pacto con el diablo y es preciso combatirlos por la tortura, la horca, la hoguera. Otro francés, Gabriel Naudé les atribuye al contrario los recientes progresos de la ciencia en dos libros aparecidos en 1623 y 1625.

Sucede que cuando la fiebre rosicruciana estaba en su apogeo en Alemania y en Bohemia, el joven Descartes recorría esos países como soldado del príncipe Mauricio de Nassau.

Se dice que su “iluminación”- de donde salió el Cogito ergo Sum – tuvo lugar en la noche del 9 al 10 de noviembre de 1619, en Neubourg , sobre el Danubio.

En junio de 1620 se encontró en Ulm con el matemático y ocultista Johann Faulhaber, autor en 1615 de un libro abiertamente dedicado a los Hermanos de la Rosa-Cruz. Descartes regresó a París en el momento mismo en que los Rosa-Cruz se manifestaban por la primera vez en 1623.

De ahí la pregunta tantas veces formulada: ¿fue Descartes uno de los Hermanos de la Rosa-Cruz.? El fue acusado de ello desde su retorno, y es posible que haya estado en peligro.

Refutó esta acusación con un silogismo incomparable: “Los Rosa-Cruz son invisibles, nadie jamás los ha encontrado. Yo estoy aquí. Entonces…” No se le preguntó si la invisibilidad de los Hermanos no significaba una adhesión clandestina, y para é1 todo quedó así. No se sabrá entonces jamás la verdad, salvo exhumación de algún libro mágico, lo que no está excluido.

Con Descartes, vemos por la primera vez al secreto rosicruciano cruzar el camino de la más alta ciencia.

Cinco años más tarde, los trágicos sucesos de la Europa central dispersan hacia Inglaterra refugiados de Polonia, Bohemia y del Palatinado. Entre ellos, hay sabios que fundan una escuela de la que se hace mención en documentos privados (publicados más tarde) donde se hallan las primeras alusiones a un “Colegio invisible”.

En una carta fechada en octubre de 1646, el joven Roberto Boyle pide a su anciano preceptor que le envíe libros “que os harán ser bienvenido en nuestro Colegio invisible” . Recordemos que Boyle descubrirá bien pronto el mecanismo de la combustión, que será el primero que distinguirá “mezcla” y “combinación” .

En síntesis, es uno de los fundadores de la ciencia moderna. En l647, é1 escribe todavía: “Las piedras angulares del Colegio invisible me honran siempre con su compañía”.

Estas “piedrasangulares”, dice él, “son hombres de espíritu tan competente y penetrante que la escuela filosófica no es más que el dominio inferior de su conocimiento”. En el siglo XVII, filosofía significaba ciencia.

¿Qué era aquello de lo que un hombre como Boyle podía hablar así con toda sinceridad, puesto que se trataba de cartas privadas? Los eruditos ingleses, de los que se reconoce la tenacidad, jamás han logrado saberlo.

En 1648, John Wilkins, capellán del Elector Palatino y uno de los fundadores de la Royal Society, describe en su Mathemathical Magick una lámpara para el uso subterráneo. Agrega que una tal lámpara “se dice que puede ser vista en el sepulcro de Francisco Rosacruz y que ella es, además, descrita en la Confessio de esta Fraternidad” .

Hay raros errores en esa frase: no es ,”Francisco” sino “Christian”, no es en la Confessio sino en la Fama que es descrita la 1ámpara.

Es posible que “Francisco” sea una interpretación errónea de “Fra” (subentendido Frater) ¿pero el otro error? Se tiene la impresión que Wilkins repite sin recordar exactamente algo que ha escuchado. ¿Escuchado dónde?

Así como un río subterráneo que aflora a veces, el secreto de la Rosa-Cruz se deja entrever (¿o es una ilusión?) al origen de la revolución espiritual de donde ha salido la humanidad moderna .

Después de la fundación de la Royal Society, desapareció definitivamente como si su tarea estuviera cumplida. ¿Lo está? ¿Es la francmasonería en sí misma una engañosa resurgencia, como el signo de un secreto perdido? Estas preguntas, y muchas otras, continúan pendientes.

Por Aimé Michel